La inteligencia artificial cruza la frontera de la intimidad: auge de los chatbots afectivos y alertas por dependencia emocional
El uso de la inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser exclusivo de la productividad o la gestión de datos para adentrarse en terrenos más personales: las emociones. El auge de los chatbots capaces de simular relaciones afectivas está generando tanto oportunidades de acompañamiento como preocupaciones entre psicólogos y expertos, quienes advierten sobre los riesgos de dependencia emocional y aislamiento social que pueden derivarse de estas interacciones.
Según datos de OpenAI, más de un millón de personas en el mundo utilizan semanalmente herramientas como ChatGPT para hablar sobre temas emocionales, incluyendo pensamientos suicidas. Este fenómeno plantea interrogantes profundos: ¿qué ocurre cuando los usuarios confían sus emociones a máquinas que no poseen empatía ni experiencia humana real?
El filósofo Daniel Innerarity, de la Universidad del País Vasco, advierte que “el problema aparece cuando alguien deposita su confianza en una máquina antes que en un ser humano”. Un trágico caso en Noruega ejemplifica esta preocupación: Stein-Erik Soelberg, de 56 años, mantuvo prolongadas conversaciones emocionales con un chatbot antes de asesinar a su madre y suicidarse. Las investigaciones concluyeron que su aislamiento digital agravó su deterioro psicológico.
Por su parte, la investigadora Karen Vergara, de la ONG Amaranta en Chile, señala que la expansión de la IA no afecta a todos por igual. “Existen espacios sociales donde la IA ni siquiera constituye una opción, y su omisión agranda desigualdades ya arraigadas”, subrayó.
Un informe del MIT Media Lab distingue tres tipos de usuarios de chatbots: los vulnerables por soledad, los emocionalmente dependientes y los usuarios casuales. Para los dos primeros grupos, advierten los expertos, la interacción con inteligencias no humanas puede acentuar la pérdida de vínculos reales y fomentar comportamientos obsesivos.
La catedrática Mercedes Siles comparó la interacción diaria con la IA con una “caja de papeles” similar a las galletas de la fortuna, en la que las respuestas pueden volverse indispensables para la rutina psicológica del usuario. “El riesgo está en atribuir autoridad a un sistema estadístico que no comprende lo que dice”, explicó.
Finalmente, Conchita Díaz, especialista en IA y Big Data de Google Cloud, recordó que, aunque los modelos generativos son cada vez más avanzados, la empatía genuina y el juicio ético siguen siendo atributos exclusivamente humanos. La experta enfatizó que en áreas como la salud, la educación o el liderazgo, la intervención humana es insustituible.
La expansión de los chatbots afectivos, si bien puede representar un avance en acompañamiento digital, reabre un debate crucial: hasta qué punto la tecnología debe participar en la esfera emocional y cuáles son los límites que deben trazarse para proteger la salud mental y la autenticidad de las relaciones humanas.
Fuentes varias
