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Elecciones de Segunda Vuelta: Peruanos entre la incertidumbre y la consolidación del poder. Análisis de ALONSO VELASQUEZ*

La próxima elección presidencial del 7 de junio en Perú, entre el izquierdista Roberto Sánchez y la conservadora Keiko Fujimori, parece ser una votación entre incertidumbrede la estabilidad presidencial o votar por una consolidación masiva de poder.

Sánchez, del partido izquierdista Juntos por el Perú, parece para muchos votantes una continuidad de Pedro Castillo, el ganador de la última elección en 2021, que solo duró 16 meses en el cargo. Perú ha tenido 8 presidentes en la última década.

Fujimori, quien perdió las últimas 3 elecciones por márgenes estrechos, lidera Fuerza Popular (FP), la maquinaria operativa política más grande del país. Su padre, el fallecido Alberto Fujimori, gobernó como un autoritario en los 1990s, y las acciones recientes de FP parecen sugerir que apoyarían un orden similar y liberal.

El Congreso de mayoría conservadora ha aprobado una serie de leyes en contra de la opinión popular, como traer de vuelta el Senado a pesar de un referéndum donde la población votó en contra, además de aumentar sus salarios pese a su baja popularidad.

El antifujimorismo ha sido descrito como el movimiento político más fuerte en Perú, uniendo un amplio espectro de ideologías, tanto liberales como conservadoras, para votar contra Fujimori. Mientras que elfallecido líder Alberto Fujimori fue visto como alguien que estabilizó la economía que sufría de hiperinflación y derrotó a insurgentes maoístas, pero abusó de los derechos humanos, encabezó una corrupción generalizada, así como la eliminación de límites de mandato, que lo hicieron extremadamente polarizante.

La destitución de Castillo en 2022, mediante su intento de imponer un autogolpe, por lo cual el Congreso lo vacó y removió, trajo escenas caóticas al país, resultando en más de 50 muertes civiles, el uso más mortífero de represión estatal desde los años 90. Las protestas de 2022-2023 llevaron a problemas como bloqueos de carreteras que contribuyeron a una recesión en el país ese año.

S piensa que una victoria de Keiko Fujimori, junto a la aprobación de ciertas leyes, desataría una nueva ola de protestas, al menos similar a lo que Bolivia experimenta actualmente.

Sánchez, mientras tanto, tiene el problema de que es poco probable que termine su mandato o incluso avance mucho en él. Sus propuestas, como cambiar la constitución proempresarial establecida bajo Fujimori, probablemente no tendrían los votos necesarios. Aunque es un político de carrera, a diferencia de Castillo que había sido un recién llegado, Sánchez probablemente intentará navegar su delicada situación mejor.

Aunque Juntos por el Perú es un partido de izquierda, también ha sido acusado de formar parte del “Pacto Mafioso” para aprobar las llamadas “leyes pro crimen” que particularmente facilitan la minería ilegal.

A Sánchez se lo acusa de mantenerse neutral durante la vacancia de Castillo; situación que ha cambiado diametralmente, ahora se ha convertido en su partidario más prominente, usando un sombrero similar al que Castillo usaba y diciendo que lo liberaría de prisión. Muchos de sus carteles de campaña tenían el lema “Castillo Vuelve”. Sin embargo, aunque sí obtuvo sus mejores resultados en las bases de Castillo, especialmente en Cajamarca, lugar de nacimiento del expresidente, solo obtuvo el 12% del voto, comparado con el 19% de Castillo.

Mientras Fujimori solo obtuvo el 17% del voto en primera vuelta, y sigue siendo impopular entre un amplio rango de peruanos, un segmento que desea estabilidad y finalmente podría optar por ella sobre Sánchez. Incluso IPSOS, la encuestadora que acertó al estimar que Sánchez quedaría en segundo lugar mientras otras encuestadoras lo tenían más abajo, muestra a Fujimori liderando la actual encuesta.

Aunque rara vez se menciona, la orientación de la política exterior del Perú dependerá fuertemente de esta elección. Fujimori se alinearía con la administración Trump en Estados Unidos y otros gobiernos de derecha en América Latina como Javier Milei en Argentina y José Antonio Kast en Chile. Fujimori fue invitada a la inauguración de Kast, donde declaró que Estados Unidos había olvidado a América Latina durante el tiempo de Joe Biden. Esto refleja un sentimiento dentro de algunos sectores de América Latina que ven positivamente las acciones militares de Trump en América Latina para desestabilizar gobiernos autoritarios de izquierda en la región, como capturar a Nicolás Maduro en Venezuela y tomar acciones contra el gobierno comunista de Cuba.

Sánchez, mientras tanto, se acercaría a gobiernos izquierdistas como México bajo Claudia Sheinbaum, donde la familia de Castillo buscó refugio, y Brasil bajo Lula da Silva. Su desempeño electoral podría ser observado de cerca en Colombia, que pronto tendrá una elección presidencial.

Roberto Sánchez, en las última semanas ha conseguido el respaldo de Alfonso López Chau, Ricardo Belmont, Moisés Guevara y George Forsyth, candidatos muy respetados, y mas bien no logró el respaldo del centrista Jorge Nieto, quien terminó en cuarto lugar.

En elecciones pasadas, los respaldos de otros candidatos han demostrado ser decisivos para ayudar a derrotar a Fujimori. Por ejemplo, el respaldo de Verónika Mendoza, quien quedó en tercer lugar en 2016, al eventual ganador PPK fue visto como crucial para su estrecha victoria sobre Fujimori.

* Alonso Velásquez es analista político, graduado de la Universidad de Connecticut.