Cómo reducir el apego laboral y aprender a desconectar del trabajo para proteger la salud mental
Responder mensajes fuera del horario laboral, revisar correos electrónicos en casa o sentir la obligación constante de estar disponible se ha vuelto una práctica habitual para millones de trabajadores. Este fenómeno, impulsado por el auge del trabajo remoto y una cultura de presentismo digital cada vez más arraigada, dificulta la desconexión al final de la jornada y afecta de forma directa la salud mental, el bienestar emocional y, a largo plazo, la productividad.
Aunque la tecnología ofrece mayor flexibilidad, también ha borrado las fronteras entre la vida profesional y personal. Frente a este escenario, especialistas consultados por The Guardian coinciden en que el desapego laboral es una herramienta clave para recuperar el equilibrio. La psicóloga del trabajo Sabine Sonnentag señala que el “desapego psicológico”, entendido como la capacidad de dejar de pensar en asuntos laborales fuera del horario, resulta fundamental para mantener un buen estado de ánimo y un rendimiento sostenido.
El apego excesivo al trabajo, advierten los expertos, no solo incrementa los niveles de estrés, sino que también se vincula con el síndrome de burnout y con problemas físicos y psicológicos. La psicóloga empresarial Louise Cashman describe este contexto como una presión permanente alimentada por notificaciones constantes y expectativas de disponibilidad continua, un fenómeno que define como presentismo digital.
Uno de los factores que más dificulta la desconexión es dejar tareas importantes inconclusas al final del día. Según Sonnentag, anotar los pendientes para la jornada siguiente puede ayudar a liberar la mente durante la noche y facilitar la recuperación emocional. A ello se suma la necesidad de establecer una separación clara, tanto física como mental, entre el espacio de trabajo y el personal, especialmente cuando ambos coinciden en el hogar.
Claire Ashley, experta en bienestar laboral, subraya la importancia de crear rutinas que marquen el cierre de la jornada. Guardar el material de trabajo, ordenar el escritorio o despejar el espacio laboral son gestos simples que refuerzan esa división. Asimismo, recomienda programar actividades placenteras al terminar el día, como ejercicio, encuentros sociales o pasatiempos, para ayudar al cerebro a cambiar de foco.
En el caso del trabajo remoto, los especialistas sugieren medidas adicionales, como desactivar aplicaciones laborales fuera de horario, silenciar notificaciones o incluso utilizar un teléfono exclusivo para asuntos profesionales. Comunicar claramente los horarios de disponibilidad, lejos de ser un obstáculo, contribuye a gestionar expectativas y evitar malentendidos.
Los expertos coinciden en que establecer límites laborales requiere práctica y constancia, especialmente en personas con tendencia a complacer a los demás. No existe una fórmula única: cada trabajador debe adaptar las estrategias a su realidad. Lo que sí resulta claro es que la pasión por el trabajo puede coexistir con el descanso, pero ignorar la necesidad de desconexión incrementa el riesgo de agotamiento a largo plazo.
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