El primer ganador de The Biggest Loser revela el lado oscuro del reality: “Nos explotaron”
El estreno del documental de Netflix, Fit for TV: The Reality of the Biggest Loser, ha reabierto el debate sobre los métodos extremos del famoso reality show que marcó la televisión estadounidense durante más de una década. La producción, lanzada el 15 de agosto, expone testimonios de exconcursantes que relatan las graves consecuencias físicas y psicológicas que dejó el programa.

Uno de los testimonios más impactantes es el de Ryan Benson, ganador de la primera temporada en 2004, quien perdió 126 libras (57 kilos) en su paso por la competencia. Aunque obtuvo fama y un premio económico, asegura que el costo fue demasiado alto.
“Perdí el enfoque en estar sano. Todo se convirtió en ganar”, declaró Benson a People. El exconcursante confesó que llegó a privarse de agua antes de la final para marcar menos peso en la báscula, lo que derivó en complicaciones médicas.
El supuesto éxito tuvo un efecto rebote devastador: apenas cinco días después de la final recuperó 30 libras (15 kilos), y con el tiempo llegó a superar en 158 kilos el peso que tenía antes de entrar al programa. “Nos explotaron. Hubo momentos en los que sentí que querían que fracasáramos”, aseguró.
Más allá del deterioro físico, Benson reconoce que la exposición pública intensificó sus problemas emocionales: “Enfrentar tus luchas frente a millones de personas magnifica la culpa y la vergüenza. Incluso 20 años después, el impacto sigue presente”. Hoy, a los 56 años, dice priorizar la salud mental y física con rutinas más realistas y apoyo emocional.
El documental también expone las duras rutinas a las que eran sometidos los participantes: dietas de apenas 800 calorías al día y entrenamientos que quemaban hasta 6,000 calorías, todo con el objetivo de ofrecer espectáculo televisivo. El entrenador Bob Harper defendió en su momento el enfoque agresivo como un recurso para mantener la atención de la audiencia: “La dieta es lo más importante, pero eso es aburrido en televisión. Lo que no es aburrido es vernos gritando en el gimnasio”.
Con estas revelaciones, el documental cuestiona el verdadero costo de un programa que prometía cambiar vidas, pero que para muchos participantes dejó una huella de explotación, frustración y graves problemas de salud.
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