Cómo saber si un huevo está en buen estado: la prueba casera que puede evitar enfermedades
El huevo, uno de los alimentos más consumidos a nivel mundial, requiere de ciertas precauciones antes de ser ingerido. Aunque su cáscara lo protege parcialmente, su estructura porosa lo convierte en un medio vulnerable a bacterias como la Salmonella, responsable de muchas intoxicaciones alimentarias. Por ello, conocer métodos caseros para determinar su estado es clave para preservar la salud.
Uno de los métodos más populares y efectivos es la llamada prueba de flotación, que permite saber si un huevo es apto para el consumo sin necesidad de romperlo. Esta técnica consiste en sumergir el huevo en un recipiente con agua fría y observar su comportamiento:
- Si se hunde y queda horizontal, está fresco.
- Si se inclina ligeramente, está envejeciendo pero aún es consumible.
- Si flota, debe descartarse, ya que probablemente ha acumulado gases por descomposición interna.
La flotación ocurre porque, con el tiempo, el contenido del huevo pierde humedad y aire a través de la cáscara, formando una cámara de aire interna que lo hace flotar. Sin embargo, expertos como la química española Laura Meschede advierten que esta prueba debe hacerse solo si el huevo se va a consumir de inmediato, ya que mojarlo para luego refrigerarlo puede facilitar la entrada de bacterias.
Conservación adecuada: clave para evitar riesgos
Según la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. (FDA), los huevos frescos pueden mantenerse entre tres y cinco semanas en el refrigerador a una temperatura igual o inferior a 4 °C. Es preferible almacenarlos en su envase original y en la parte más fría del refrigerador, no en la puerta, donde las fluctuaciones térmicas son mayores.
Por su parte, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) indica que los huevos tienen una fecha de consumo preferente (28 días desde su puesta), y pueden conservarse en buen estado incluso después, siempre que no estén sucios o rotos y se mantengan en condiciones óptimas.
Respecto a los huevos cocidos, se recomienda conservarlos sin pelar, en recipientes cerrados, y consumirlos en un máximo de 7 días. Las preparaciones que los incluyan deben consumirse en un plazo de 3 a 4 días.
Higiene, cocción y beneficios nutricionales
Para minimizar riesgos, los huevos no deben lavarse antes de refrigerarlos, ya que eliminar la cutícula protectora de la cáscara aumenta el riesgo de contaminación. Solo se deben lavar justo antes de romperlos, y es aconsejable no cascarlos directamente sobre el recipiente en el que serán cocinados o batidos.
A nivel nutricional, los huevos son un alimento completo. Aportan proteínas de alta calidad, vitaminas A, D, E, del complejo B, y minerales como hierro y selenio. También contienen colina, esencial para la función cerebral y el desarrollo fetal. Su bajo costo, versatilidad y valor saciante los convierten en un pilar de la alimentación saludable en todas las etapas de la vida.
La clave está en consumirlos bien cocidos y conservarlos correctamente, especialmente si se preparan platos que contienen huevo crudo, como algunas salsas o postres, en cuyo caso se deben usar huevos pasteurizados.
Fuentes varias

