A propósito de Semana Santa: El misticismo de Cristo en la cruz. Por: Humberto Caspa*

¿Por qué Jesucristo murió en la cruz?  Es la pregunta que formulé a un sacerdote días antes de mi primera comunión.  La respuesta fue contundente: “murió por nosotros, para salvar nuestros pecados”.

Como era un niño con pocas capacidades de indagación, cuestionamiento y reflexión, simplemente acepté la explicación del sacerdote como un hecho inobjetable.

            En otra oportunidad, en una clase de “Estudios de la religión” en un Community College, donde realicé los dos primeros años de mi carrera universitaria, mi profesor, un ex sacerdote de la iglesia católica, comentó que la Semana Santa, particularmente la resurrección de Cristo, fue un hecho sin precedentes y, desde entonces, es el evento más importante de la religión cristiana.

            Por cierto, el comentario de aquel sacerdote no contenía una explicación lógica.  Así, no habiendo una respuesta congruente en torno a la muerte de Cristo, me atreví a preguntar a varios líderes religiosos –entre sacerdotes, pastores, monjas, etc.— la misma pregunta. La mayoría me respondió con la fe en la mano: Cristo murió por el perdón de los pecados.

            Por su parte, la explicación de mi profesor de “Estudios de la religión” gozaba de “algo” de lógica, aunque no era congruente con la realidad.  Después de todo, la resurrección de Cristo es un hecho increíble, es un acontecimiento fuera de la realidad y solo es aceptado por adherentes a la fe cristiana. No es un hecho comprobable por la ciencia.

            Años más tarde (2004) y justamente en estas fechas de Semana Santa, unos amigos me invitaron a ver la película “La pasión de Cristo” del actor y director de cine Mel Gibson.  Esta película tiene una peculiaridad; fue filmada en latín, hebreo y arameo y fue subtitulada para el mercado norteamericano y mundial.

            A pesar de que existe muchas películas de este género, “La pasión de Cristo” me hizo reflexionar sobre la muerte de Jesús de Nazareth, especialmente me dio una respuesta lógica sobre la realidad de la iglesia católica-cristiana.

El entorno dramático del viacrucis y el realismo crudo de la muerte de Cristo en la película me permitió, de alguna manera, una respuesta coherente a la pregunta sobre el misticismo de Cristo en la cruz.

            La vida de Cristo, por cierto, es inobjetable; lo mismo que la forma cómo murió en la cruz.  Es parte de la historia y es así como debe recordarse.

Sin embargo, el supuesto hecho de que “murió por nosotros” es un mito que tiene una explicación lógica. Su trágica muerte, desde mi punto de vista, permitió la creación de la iglesia cristiana y su perpetuación en el tiempo.

* Humberto Caspa, Ph.D. es investigador de Economics On The Move. E-mail: hcletters@yahoo.com