Colombia cierra el ciclo de Gustavo Petro tras cuatro años de cambios, tensiones y promesas inconclusas
BOGOTÁ.— Colombia llega al final del gobierno de Gustavo Petro después de cuatro años marcados por una transformación profunda del debate político, avances en algunos indicadores sociales, fuertes controversias institucionales y varias reformas que quedaron lejos de las expectativas con las que la izquierda llegó por primera vez a la Presidencia.
Petro culmina su mandato convertido en una de las figuras más disruptivas de la historia política reciente del país. Su llegada al poder estuvo precedida por las protestas sociales de 2019 y 2021, movimientos que evidenciaron el descontento de amplios sectores de la población frente a la desigualdad, la falta de oportunidades y la distancia entre las instituciones y numerosos grupos históricamente excluidos.
Cuatro años después, su administración deja un legado complejo. El sistema político colombiano no colapsó, como algunos sectores temían, pero tampoco se produjo la transformación estructural que Petro prometió durante su campaña.
De las protestas sociales a la Casa de Nariño
Desde el comienzo de su mandato, Petro interpretó su victoria electoral como una consecuencia directa del denominado “estallido social”, especialmente de las movilizaciones protagonizadas por jóvenes, trabajadores y comunidades de sectores populares.
Su propuesta buscaba convertir esas demandas en políticas públicas y ampliar la representación de poblaciones tradicionalmente alejadas de los principales espacios de poder.
La vicepresidenta Francia Márquez se convirtió en uno de los símbolos más visibles de ese proceso. A ella se sumaron dirigentes indígenas, afrocolombianos, sindicalistas, representantes de movimientos sociales y jóvenes que ocuparon cargos en el Ejecutivo y el Legislativo.
Entre los nombramientos estuvieron representantes indígenas en espacios diplomáticos y ambientales, dirigentes afro en instituciones relacionadas con igualdad y líderes sindicales en ministerios estratégicos.
La apuesta representó un cambio frente a gobiernos anteriores, donde los principales cargos del Estado habían sido ocupados tradicionalmente por dirigentes provenientes de los sectores políticos, empresariales y académicos más consolidados.
Una nueva agenda política
Más allá de las reformas aprobadas, uno de los principales efectos del gobierno Petro fue modificar los temas centrales del debate nacional.
La desigualdad, la reforma agraria, los derechos laborales, la transición energética, el racismo, la situación de los adultos mayores y el abandono histórico de varias regiones adquirieron una presencia mucho mayor en la agenda pública.
El presidente también convirtió los territorios históricamente marginados en escenarios centrales de su narrativa política.
Durante su administración realizó múltiples visitas a zonas del Pacífico, el Cauca y otras regiones, donde presentó proyectos relacionados con infraestructura, transporte, energía y desarrollo económico.
Parte de la inversión pública fue orientada hacia políticas destinadas a comunidades campesinas, indígenas y sectores vulnerables, entre ellas programas de reforma agraria y equipos básicos de atención en salud.
El estilo presidencial también rompió con tradiciones políticas.
Petro utilizó extensamente las redes sociales, las transmisiones públicas y los consejos de ministros televisados para comunicarse directamente con la ciudadanía. Sus intervenciones, con frecuencia largas y polémicas, convirtieron al presidente en el principal comunicador de su propio gobierno.
Mejoras en indicadores sociales
El balance social ofrece algunos de los principales argumentos de quienes defienden la gestión del mandatario.
Según las cifras citadas durante el cierre de su administración, la pobreza monetaria descendió del 36,6% registrado en 2022 al 28% en 2025.
La pobreza multidimensional también habría disminuido del 12,9% al 9,9%, mientras que el desempleo terminó 2025 alrededor del 8,5%.
En el Congreso, el Gobierno consiguió además la aprobación de reformas laboral y pensional que modificaron aspectos importantes de las relaciones laborales y del sistema de protección de los adultos mayores.
Para los sectores cercanos al presidente, estos resultados demuestran que la llegada de la izquierda permitió trasladar parte de las demandas expresadas en las calles hacia medidas concretas.
Las transformaciones que no llegaron
El gobierno, sin embargo, quedó lejos de cumplir varias de sus principales promesas.
Uno de los casos más representativos fue la reforma al sistema de salud. Petro prometió transformar profundamente el modelo para reducir el papel de las aseguradoras y garantizar una atención más directa a los ciudadanos, pero la reforma enfrentó resistencia política y dificultades legislativas.
El sector salud terminó convertido en uno de los principales focos de controversia de su administración.
También hubo cuestionamientos sobre la política energética.
El rechazo del Gobierno a ampliar la exploración de combustibles fósiles generó críticas por el incremento de la dependencia de gas importado y por sus posibles efectos sobre los costos energéticos del país.
En materia de seguridad, el proyecto de “paz total” tampoco produjo los resultados esperados.
Los grupos armados ilegales aumentaron su presencia en diferentes regiones y varias negociaciones atravesaron crisis, suspensiones y rupturas.
La reforma agraria, otra de las grandes banderas del Gobierno, permitió entregar y adquirir tierras para comunidades campesinas, aunque diferentes sectores cuestionaron problemas relacionados con la titulación y la ejecución de los programas.
Las cuentas fiscales, otro desafío
La situación económica también forma parte del balance contradictorio del mandato.
Mientras los indicadores sociales registraron avances, crecieron las preocupaciones sobre el deterioro de las finanzas públicas, el aumento del gasto y las dificultades para mantener el equilibrio fiscal.
Los críticos del Gobierno sostienen que parte de las mejoras sociales fueron financiadas en un escenario de creciente presión sobre las cuentas nacionales.
Ese debate será uno de los principales asuntos que heredará la siguiente administración.
Corrupción y crisis internas
Otro de los golpes más importantes para el proyecto político de Petro fueron los escándalos de corrupción.
El mandatario llegó al poder con un fuerte discurso contra las prácticas tradicionales de la política colombiana, pero su administración terminó enfrentando investigaciones y controversias que involucraron a funcionarios, dirigentes políticos y personas de su entorno cercano.
Los episodios afectaron una de las principales promesas éticas con las que la izquierda había construido su llegada al poder.
Al mismo tiempo, el Gobierno experimentó una elevada rotación ministerial.
Petro rompió rápidamente la coalición política con la que inició su mandato y sustituyó repetidamente a integrantes de su gabinete, lo que alimentó las críticas sobre falta de planificación, dificultades de gestión e improvisación administrativa.
Instituciones que limitaron al Ejecutivo
Uno de los aspectos más importantes de estos cuatro años fue la actuación de los contrapesos institucionales.
El Congreso aprobó algunas iniciativas gubernamentales, modificó otras y rechazó varias de las reformas más ambiciosas.
La Corte Constitucional también frenó decretos y medidas presidenciales que consideró contrarios a la Constitución, mientras que el Consejo de Estado intervino frente a decisiones cuestionadas jurídicamente.
El Banco de la República mantuvo su autonomía en política monetaria pese a las reiteradas críticas del presidente.
Estos episodios mostraron que el sistema institucional colombiano conservó capacidad para limitar las decisiones del Ejecutivo.
Pero el enfrentamiento permanente entre Petro y esos organismos también profundizó las tensiones políticas.
En repetidas ocasiones, el mandatario presentó las decisiones adversas de las instituciones como obstáculos de sectores tradicionales contra el mandato popular que, a su juicio, representaba su gobierno.
El legado de Petro
La llegada de Gustavo Petro demostró que la izquierda podía alcanzar democráticamente la Presidencia de Colombia y administrar el Estado sin provocar el derrumbe institucional que algunos de sus adversarios habían anticipado.
También permitió que sectores tradicionalmente excluidos encontraran representación política y llevó al centro del debate temas que durante años habían permanecido en un segundo plano.
Sin embargo, muchas de las grandes transformaciones anunciadas quedaron incompletas.
El Gobierno termina entre avances sociales, problemas fiscales, dificultades de seguridad, controversias por su modelo energético, escándalos de corrupción y una relación permanentemente conflictiva con las instituciones.
Petro deja además un escenario político profundamente polarizado.
Su mayor impacto quizás no esté únicamente en las leyes aprobadas o en las políticas ejecutadas, sino en haber cambiado los términos de la discusión pública colombiana.
A partir de ahora, incluso quienes pretendan desmontar parte de su proyecto político deberán responder a una agenda marcada por demandas de igualdad, inclusión, protección social y presencia estatal en los territorios.
Con su salida de la Casa de Nariño concluye el primer gobierno nacional de izquierda de la historia reciente de Colombia, pero permanece abierta la discusión sobre si aquellos cuatro años representaron el comienzo de una transformación duradera o una oportunidad parcialmente desperdiciada.
Fuentes varias

