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Keiko Fujimori comienza su mandato como presidenta del Perú. Análisis de Alonso Velásquez (*)

Con una mayoría en el Congreso, la presidenta electa del Perú, la conservadora Keiko Fujimori, podría convertirse en la mandataria más trascendental que haya tenido el país desde el gobierno de su difunto padre en la década de 1990. Para los especialistas en relaciones internacionales, la principal incógnita es si la democracia sobrevivirá a su mandato, mientras que dentro del Perú la gran pregunta es si logrará mejorar la situación de seguridad.

El Perú ha sufrido una gran inestabilidad política desde la elección de Pedro Kuczynski en 2016. El Congreso, dominado por el partido Fuerza Popular de Fujimori, obstaculizó su agenda y finalmente lo obligó a renunciar. En la última década, el país ha tenido ocho presidentes, muchos de los cuales fueron destituidos por un Congreso controlado por la oposición. Ahora, con Fujimori contando con una ajustada mayoría parlamentaria, muchos la consideran la candidata con mayores posibilidades de completar un mandato de cinco años desde Ollanta Humala en 2011.

Keiko, como suele llamársela para diferenciarla de su padre, finalmente ha ganado una elección después de haber quedado en segundo lugar en las tres anteriores. En esas tres contiendas obtuvo entre el 48% y el 49% de los votos, acercándose gradual mente al umbral del 50%. El llamado “antivoto” contra ella en cada una de esas segundas vueltas llevó a muchos analistas a afirmar que, el anti fujimorismo era el movimiento político más importante del país.

Ahora tiene la inusual distinción de haber sido elegida gracias al voto del extranjero. Es decir, su rival, el izquierdista Roberto Sánchez, obtuvo más votos que ella entre los peruanos residentes en el Perú, pero Keiko terminó imponiéndose por unos 50,000votos tras ganar el sufragio en el exterior por aproximadamente 80,000 votos de diferencia. Se trata de un hecho notable: Fujimori obtuvo cerca del doble de votos que su rival entre los peruanos en el extranjero y ganó con alrededor del 80% de los sufragios en varios consulados, como los de Miami y Hartford.

Muchos analistas han señalado que Keiko debería interpretar ese estrecho margen de victoria como una señal de que necesita buscar consensos y tender puentes con otros sectores políticos. Entre los gestos que podría realizar estaría conceder un indulto a Pedro Castillo, ganador de las elecciones de 2021, una posibilidad respecto de la cual hasta ahora se ha mostrado poco receptiva.

Keiko Fujimori ha permanecido durante décadas en la vida pública, especialmente desde 1994, cuando asumió el cargo de primera dama del Perú tras el divorcio de su padre con su madre. En esa posición, muchos la consideraron conocedora de los actos de corrupción y de las violaciones de derechos humanos ocurridas durante el gobierno de Alberto Fujimori.

El expresidente Alberto Fujimori sigue siendo venerado por muchos como el mejor presidente de la historia del Perú. Llegó al poder en una época en la que el país atravesaba una de las peores crisis desde la independencia, marcada por la hiperinflación y por la actividad del grupo maoísta Sendero Luminoso, responsable de atentados terroristas y de intentar derrocar al gobierno.

Durante su mandato, la inflación fue controlada y Sendero Luminoso sufrió un importante debilitamiento, especialmente tras la captura de su líder, Abimael Guzmán. Sin embargo, Alberto Fujimori también fue considerado un gobernante autoritario. En 1992 disolvió el Congreso para reemplazarlo por otro más favorable a su gobierno y enfrentó numerosas acusaciones de haber cometido violaciones a los derechos humanos con el objetivo de restablecer el orden en el país.

Su caída comenzó en el año 2000 con la difusión de los famosos “Vladivideos”, en los que su asesor de inteligencia, Vladimiro Montesinos, aparecía entregando sobornos a congresistas. Fujimori terminaría renunciando durante un viaje oficial por Asia y se trasladó a Japón, país del que poseía la ciudadanía, donde residió durante seis años e incluso intentó, sin éxito, ser elegido senador.

En 2005, mientras se encontraba en Chile preparando su eventual regreso al Perú, fue arrestado. En 2009 fue condenado a 25 años de prisión por violaciones a los derechos humanos, en un proceso considerado por numerosos observadores internacionales como un triunfo del sistema judicial peruano.

No obstante, Keiko impulsó durante años la liberación de su padre, quien finalmente fue indultado en 2017 gracias al apoyo del Congreso dominado por el fujimorismo. AlbertoFujimori falleció en 2024, poco después de que Keiko anunciara que él volvería a postularse a la presidencia en 2026.

Esa aparente contradicción —ya que Keiko ha declarado en repetidas ocasiones que no volvería a presentarse como candidata para luego hacerlo— constituye una de las principales razones por las que muchos de sus críticos sostienen que no puede confiarse plenamente en su palabra.

El mayor temor es que intente eliminar los límites a la reelección presidencial, tal como hizo su padre, quien obtuvo un tercer mandato en medio de amplias denuncias de fraude antes de renunciar.

Entre los ejemplos de hijos de líderes autoritarios que posteriormente llegaron a la presidencia de sus respectivos países figuran Park Geun-hye en Corea del Sur y Bongbong Marcos en Filipinas. Park terminó siendo destituida y condenada a 24 años de prisión en 2018, aunque posteriormente fue indultada por el entonces presidente Moon Jae-in por razones humanitarias.

Por su parte, Bongbong Marcos, hijo del que muchos consideran uno de los presidentes más corruptos de la historia, Ferdinand Marcos, ha tenido una gestión relativamente más estable desde su llegada al poder en 2022 y no ha enfrentado acusaciones pese a sus bajos niveles de popularidad.

Habrá una amplia lista de jefes de Estado presentes en su toma de posesión —como Daniel Noboa, de Ecuador; Javier Milei, de Argentina; y Rodrigo Paz, de Bolivia— lo que sugiere que contará con aliados en la región, mas bien existe preocupación por que las protestas masivas que afectaron a Bolivia a comienzos de este año también puedan extenderse al Perú. Asimismo, algunos temen que la respuesta de las autoridades peruanas pueda ser aún más severa.

Keiko viajó previamente a Chile para asistir a la toma de mando de José Antonio Kast en marzo. Allí declaró en una entrevista que, a su juicio, el ex presidente estadounidense Joe Biden había olvidado a América Latina, mientras que el presidente Donald Trump sí tenía a la región presente en su agenda.

Después de ganar la presidencia, afirmó en otra entrevista que Perú se uniría al “Escudo de las Américas”, una iniciativa liderada por EEUU en la que países latinoamericanos permitirían a ese país llevar a cabo acciones militares contra personas consideradas “terroristas”. Entre los principales objetivos podría estar Víctor Quispe Palomino, líder del Partido Comunista Militarizado del Perú, considerado un remanente de Sendero Luminoso.

Muchos analistas, entre ellos Sharie Neira Ríos, de la Universidad París Cité, consideran que la llegada de Keiko Fujimori a la presidencia representa la culminación del ascenso del fujimorismo al poder. Según sostiene, este movimiento ya controlaba una parte importante del poder político a través del Congreso desde 2016, hasta el punto de que diversos comentaristas llegaron a describir al Perú como una “dictadura parlamentaria”.

“Quieren hacer muchos esfuerzos para borrar la memoria”, dijo recientemente el periodista Gustavo Gorriti, fundador de IDL-Reporteros, en un pódcast. “Y las memorias no se borran”.

(*) ALONSO VELASQUEZ (Analista político, graduado de CCSU)

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