La historia de Matthew Pascoe, el hombre que vomita hasta 60 veces al día por una rara enfermedad que paralizó su estómago
La vida de Matthew Pascoe, un británico de 33 años de Colchester (Essex), cambió radicalmente desde 2018, cuando comenzó a sufrir síntomas persistentes que incluían náuseas extremas, deshidratación y vómitos constantes. Pascoe fue diagnosticado con gastroparesia, un trastorno que ralentiza o detiene el vaciamiento del estómago hacia el intestino delgado, lo que impide la digestión normal y provoca cuadros severos y debilitantes. En su caso, la enfermedad lo ha llevado a vomitar hasta 60 veces al día.
Al inicio, Pascoe —quien además vive con diabetes tipo uno— creyó que tenía una infección. Sin embargo, sus síntomas empeoraron rápidamente. En solo seis meses perdió la mitad de su peso corporal y descendió de 14 a 7 kilos, según informó Daily Mail. La búsqueda de un diagnóstico fue larga y confusa: los médicos sospecharon primero una úlcera o incluso una ruptura de apéndice. Tras un colapso y el inicio de una falla orgánica, su familia gestionó atención privada urgente.
El panorama cambió cuando un especialista, identificado como Sr. K., ajustó su tratamiento: le recetó medicación líquida, acceso a un nutricionista y un tubo nasal para alimentarse. Poco después, se le recomendó someterse a un procedimiento avanzado: la implantación de un neuroestimulador gástrico, un dispositivo que envía impulsos eléctricos al estómago para reducir los vómitos y las náuseas en casos graves de gastroparesia, de acuerdo con la Universidad de California en San Francisco.
El 1 de mayo de 2019, tras reunir fondos, Pascoe recibió el implante. Aunque estos dispositivos suelen durar entre 10 y 15 años, el suyo ha trabajado a tal intensidad que la batería —de apenas siete años— está por agotarse. Los médicos le han advertido que tiene aproximadamente un mes antes de que deje de funcionar por completo. Reemplazarla costará alrededor de 15.000 euros, una cifra que nuevamente lo llevó a recaudar fondos.
Pascoe asegura que su calidad de vida depende en gran medida del estimulador: “Cuando está funcionando, es mucho más manejable. Antes siempre me encantaba la comida, y gracias al estimulador pude volver a sentir curiosidad por ella”. Sin embargo, en los últimos meses ha tenido que limitarse a una dieta líquida basada en sopas y pronto deberá recurrir a batidos nutricionales o alimentación por sonda.
Más allá del impacto físico, el británico subraya las consecuencias emocionales y sociales de su padecimiento: “Es una enfermedad que cambia la vida. Para alguien que no puede sentarse a comer o no tiene energía para levantarse de la cama, es muy difícil que te vean como un caso genérico”. Además, lamenta la falta de visibilidad de la condición: “A veces siento que nos ven como números en lugar de personas”.
Con esfuerzo, Pascoe logró recaudar el dinero para reemplazar la batería y continúa abogando por una mayor comprensión de la gastroparesia, un trastorno que puede generar desnutrición, afectar los niveles de glucosa y complicar aún más enfermedades como la diabetes. “Mi estómago está básicamente paralizado”, explica. A lo largo de los años ha debido adaptar su vida: evitar carnes rojas, cambiar su forma de cocinar y modificar su dieta por completo.
Gracias al neuroestimulador, experimentó una notable mejoría: “Por primera vez en dos años, pude comer. Me estaba recuperando, recuperé el color del rostro y subía de peso poco a poco”. Su historia refleja la dura realidad de una enfermedad poco conocida, pero profundamente incapacitante.
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