Connecticut

Aumenta en Connecticut la cantidad de niños sin vivienda al inicio del nuevo año escolar

El inicio del nuevo año escolar en Connecticut llega acompañado de una preocupación creciente: cada vez más niños y adolescentes enfrentan situaciones de inestabilidad habitacional, ya sea viviendo en automóviles, moteles, refugios o compartiendo vivienda con familiares y otras personas.

Hasta el 4 de septiembre, al menos 534 menores en Connecticut habían sido identificados como personas sin vivienda, según datos de la Connecticut Coalition to End Homelessness.

La cifra representa un aumento frente al comienzo del ciclo escolar anterior, cuando se contabilizaban 464 estudiantes en esa condición, incluyendo a menores alojados en refugios o viviendas de transición.

Para Sarah Fox, directora ejecutiva de la Connecticut Coalition to End Homelessness, el incremento está directamente relacionado con la crisis de asequibilidad que afecta al estado.

“Esto tiene que ver con la asequibilidad. Puede tratarse de un pago de alquiler que no se pudo cubrir o de aumentos que hacen imposible que una familia permanezca en su vivienda actual”, explicó.

El este de Connecticut concentra la mayor cantidad de casos

Actualmente, al menos 157 niños sin vivienda se encuentran en el este de Connecticut, la cifra más alta registrada entre las distintas regiones del estado.

El condado de Fairfield aparece en segundo lugar, con al menos 98 menores que atraviesan algún tipo de inestabilidad habitacional.

Sin embargo, el problema tiene una dimensión mucho mayor cuando se analiza todo el año académico.

Durante el último ciclo escolar, cerca de 5.000 estudiantes de Connecticut experimentaron alguna forma de falta de vivienda, de acuerdo con los registros escolares realizados a través de los enlaces del programa McKinney-Vento.

La mayoría de estos estudiantes no vive necesariamente en la calle o en refugios. Muchos permanecen temporalmente en casas de familiares, amigos u otras familias debido a que sus padres no pueden afrontar el costo de una vivienda propia.

Las escuelas pueden detectar señales de alerta

Docentes y personal escolar desempeñan un papel importante en la identificación de estudiantes que atraviesan problemas relacionados con la vivienda.

Según Fox, algunos signos pueden aparecer tanto en el comportamiento de los alumnos como en el de sus padres.

Entre ellos se encuentran dificultades repentinas para concentrarse, cambios en el desempeño académico, ausencias o retrasos, así como padres que dejan de asistir a reuniones escolares o tienen problemas para recoger a sus hijos a tiempo.

Estos cambios pueden ser consecuencia directa del estrés y la incertidumbre que provoca no tener un hogar estable.

La crisis también alcanza a estudiantes universitarios

El problema no se limita a niños de escuelas primarias y secundarias.

De acuerdo con datos de Housing Collective, aproximadamente uno de cada siete estudiantes que asisten a los colegios comunitarios estatales de Connecticut busca algún tipo de ayuda relacionada con vivienda.

La inestabilidad habitacional puede afectar de manera profunda la capacidad de los estudiantes para aprender y desarrollarse.

“No se puede prosperar cuando se está intentando sobrevivir”, afirmó Fox.

La especialista explicó que perder una vivienda representa una experiencia altamente traumática, especialmente para los niños, debido a que implica perder buena parte de la estabilidad que conocían.

Cambiar de lugar, adaptarse a un nuevo entorno y no saber qué ocurrirá en el futuro puede dificultar seriamente la concentración y el desempeño académico.

Una crisis de vivienda con impacto directo en la educación

El aumento de niños sin vivienda vuelve a poner en evidencia la relación entre el costo de vida, la falta de viviendas asequibles y el rendimiento escolar.

Para muchas familias, una sola dificultad económica puede ser suficiente para desencadenar una crisis habitacional.

El aumento de los alquileres, la pérdida de ingresos o un gasto inesperado pueden obligarlas a abandonar sus hogares y recurrir temporalmente a familiares, refugios o soluciones precarias.

Mientras comienza un nuevo año académico, educadores y organizaciones sociales advierten que garantizar estabilidad habitacional se ha convertido también en una cuestión educativa.

Para cientos de niños en Connecticut, tener un lugar seguro donde dormir puede marcar la diferencia entre simplemente asistir a clases y contar realmente con las condiciones necesarias para aprender.

Abigail Brone (CT Mirror)

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