NASA prueba un procesador espacial de nueva generación para llevar más autonomía e inteligencia artificial al espacio
La NASA avanza en las pruebas de un nuevo procesador diseñado para transformar la capacidad de cómputo de las futuras naves espaciales y permitir que misiones hacia la Luna, Marte y otros destinos puedan realizar tareas complejas con mayor autonomía.
El sistema forma parte del proyecto High Performance Spaceflight Computing (HPSC) y está siendo sometido a pruebas por el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, JPL. Según la agencia espacial estadounidense, el procesador puede ofrecer más de 100 veces la capacidad de cómputo de los procesadores espaciales utilizados actualmente.
El objetivo es reducir una de las principales limitaciones tecnológicas de las misiones espaciales: la necesidad de utilizar computadoras extremadamente resistentes a la radiación, pero considerablemente menos potentes que los procesadores disponibles en dispositivos terrestres.
Más potencia para tomar decisiones en el espacio
La nueva tecnología está diseñada para soportar las condiciones extremas del espacio profundo y, al mismo tiempo, procesar grandes volúmenes de información directamente a bordo de una nave.
Esto podría permitir que vehículos espaciales, satélites y rovers analicen imágenes, interpreten datos científicos y tomen determinadas decisiones sin tener que esperar instrucciones enviadas desde la Tierra.
La capacidad resulta especialmente importante en misiones a Marte y destinos más lejanos, donde las comunicaciones presentan retrasos inevitables debido a las enormes distancias.
El HPSC también incorpora capacidades destinadas al procesamiento de inteligencia artificial, lo que abre la posibilidad de desarrollar vehículos espaciales más autónomos capaces de reaccionar rápidamente ante cambios en su entorno.
Un pequeño chip con grandes capacidades
A pesar de su potencia, el nuevo procesador es suficientemente compacto como para caber en la palma de una mano.
La NASA lo describe como un sistema multicore tolerante a fallos y preparado para ambientes con alta radiación. La arquitectura contempla un sistema de 10 núcleos basado en RISC-V, diseñado para ofrecer un alto rendimiento con un consumo energético eficiente.
La eficiencia energética resulta fundamental en el espacio, donde cada misión dispone de recursos limitados y cualquier reducción del consumo eléctrico puede ampliar las capacidades científicas de una nave.
El sistema también puede desactivar determinadas funciones cuando no son necesarias, permitiendo ahorrar energía durante diferentes etapas de una misión.
Rovers más rápidos y misiones más inteligentes
Entre las posibles aplicaciones del nuevo procesador se encuentra la conducción autónoma de rovers sobre superficies planetarias.
Actualmente, los vehículos enviados a otros mundos deben avanzar de manera relativamente cautelosa debido a las limitaciones de procesamiento y comunicación. Con computadoras más potentes, un rover podría analizar el terreno en tiempo real, detectar obstáculos y seleccionar rutas con mayor rapidez.
La NASA señala que la tecnología también podría utilizarse para filtrar imágenes científicas, procesar grandes volúmenes de información antes de enviarlos a la Tierra y conectar múltiples sensores mediante redes de alta velocidad.
Otra posibilidad es utilizar estos sistemas como asistentes computacionales para astronautas durante futuras misiones tripuladas.
Pensando en la Luna, Marte y más allá
El desarrollo del HPSC está orientado a cubrir las necesidades de las misiones espaciales de la NASA hasta 2040 y años posteriores.
La versión endurecida contra la radiación está pensada específicamente para misiones en órbita geosincrónica, vuelos de larga duración, operaciones en la superficie lunar, exploración de Marte y viajes al espacio profundo.
El proyecto es desarrollado mediante una colaboración entre la NASA, Microchip Technology y diferentes socios académicos e industriales. La empresa fue seleccionada originalmente para desarrollar el procesador con el requisito de multiplicar significativamente el rendimiento disponible en las computadoras espaciales actuales.
Las pruebas representan un paso importante hacia una nueva generación de naves capaces de procesar información y reaccionar con mayor independencia.
En las futuras misiones espaciales, la inteligencia artificial no solo podría funcionar desde grandes centros de datos en la Tierra: también podría viajar directamente a bordo de las naves encargadas de explorar otros mundos.
Fuentes varias

