El auge de la inteligencia artificial dispara la demanda de energía y transforma el mercado de centros de datos
Londres. — El crecimiento acelerado de la inteligencia artificial está cambiando el valor de terrenos industriales, redes eléctricas y centros de datos. A medida que las grandes empresas tecnológicas invierten miles de millones en infraestructura digital, aumenta la búsqueda de espacios capaces de ofrecer algo cada vez más escaso: acceso inmediato o garantizado a grandes cantidades de electricidad.
De acuerdo con Reuters, en el Reino Unido terrenos que antes parecían abandonados o de bajo valor están recobrando importancia por su cercanía a infraestructura energética. Estos espacios son conocidos ahora como “powered land”, es decir, terrenos con acceso real o potencial a grandes conexiones eléctricas, una condición indispensable para construir centros de datos que puedan sostener aplicaciones de inteligencia artificial.
El caso de Wilton International, en Teesside, muestra esta transformación. La zona, históricamente vinculada a la industria química, ahora atrae interés como posible sede de centros de datos gracias a su infraestructura energética existente. Proyectos de este tipo podrían representar miles de millones de libras en inversión durante la próxima década.
La razón es simple: la inteligencia artificial consume una enorme cantidad de capacidad computacional, y esa capacidad requiere centros de datos con servidores, sistemas de enfriamiento, conexión a redes y suministro eléctrico confiable. A diferencia de oficinas tradicionales o almacenes, estos complejos necesitan energía constante y en grandes volúmenes.
El problema es que la red eléctrica no siempre está preparada para responder a esta demanda. Reuters reporta que en algunos casos los tiempos de espera para obtener conexión a la red pueden extenderse hasta 15 años, debido a la acumulación de solicitudes especulativas. Muchos de esos proyectos no cuentan con permisos, financiamiento o condiciones reales para avanzar, por lo que han sido llamados “zombie projects”.
Ante este cuello de botella, operadores del sistema energético británico buscan reformar el proceso de conexión para dar prioridad a proyectos viables y estratégicos. El objetivo es evitar que solicitudes poco realistas bloqueen espacio en la red eléctrica y retrasen desarrollos que sí podrían ejecutarse.
El fenómeno también plantea preguntas para Estados Unidos y otras economías avanzadas. El avance de la inteligencia artificial no solo depende de chips, software y talento; también requiere electricidad, agua para enfriamiento, terrenos adecuados, permisos locales y comunidades dispuestas a recibir grandes instalaciones tecnológicas.
Para las comunidades hispanas y trabajadoras, el tema puede tener dos caras. Por un lado, los centros de datos pueden generar inversión, empleos de construcción, mantenimiento, seguridad y servicios técnicos. Por otro, pueden aumentar la presión sobre redes eléctricas locales, uso de suelo, tarifas de energía y recursos naturales.
La expansión de la IA ya no es solo una historia de Silicon Valley. También es una historia de infraestructura, energía, bienes raíces y decisiones locales que definirán dónde se construye la próxima generación de la economía digital.
Fuentes varias

