Un estudio alerta sobre la presencia de microplásticos en cápsulas de café y propone alternativas más seguras
Washington.— Lo que para millones de personas es un ritual cotidiano —preparar café con cápsulas— podría estar introduciendo microplásticos y sustancias químicas en la bebida. Así lo advierten varios estudios recientes citados por la revista TIME, que señalan que el proceso de preparación y el uso de máquinas antiguas pueden contribuir a liberar estas diminutas partículas potencialmente dañinas.
Investigaciones lideradas por Mohamed Abdallah, profesor de química ambiental en la Universidad de Birmingham, detectaron niveles significativos de microplásticos en el café preparado con cápsulas plásticas. Según su análisis, el calor (alrededor de 88°C) y la alta presión a la que se somete el agua al pasar por la cápsula provocan la fragmentación del material, liberando tanto microplásticos como aditivos químicos.
El toxicólogo Christopher Helt, del programa GreenScreen Certified, explicó que existe “una clara oportunidad para la migración de aditivos químicos al café”, aunque la exposición breve podría limitar la cantidad de contaminantes. Sin embargo, la complejidad de los materiales dificulta calcular con precisión la magnitud del riesgo.
Máquinas y vasos: otras fuentes de contaminación
Los estudios también revelan que las propias cafeteras pueden liberar microplásticos, sobre todo los modelos más antiguos con componentes plásticos internos. Abdallah observó que las máquinas con varios años de uso desprendían más partículas, y que incluso el agua utilizada ya podía contener microplásticos antes del proceso de preparación.
Además, los vasos de papel desechables, recubiertos con una capa plástica, agravan la exposición. Los expertos recomiendan preferir recipientes de vidrio o acero inoxidable, que no liberan contaminantes con el calor.
La preocupación por las consecuencias para la salud se ha incrementado tras estudios que vinculan la presencia de microplásticos en el cuerpo con un mayor riesgo de infartos, accidentes cerebrovasculares y mortalidad prematura. Los científicos advierten que estas partículas pueden ingresar al torrente sanguíneo y alojarse en órganos vitales, generando inflamación y daño celular.
Alternativas y falta de regulación
Frente a estos riesgos, los especialistas sugieren reemplazar las cápsulas plásticas por versiones reutilizables de acero inoxidable o, en menor medida, por bioplásticos. Sin embargo, advierten que incluso los bioplásticos pueden liberar compuestos químicos no deseados.
La FDA aún no ha establecido normas específicas sobre microplásticos en alimentos, lo que deja a consumidores e industrias sin una guía clara sobre los límites de exposición. Para Tracey Woodruff, profesora de la Universidad de California en San Francisco, “la ausencia de regulación impide establecer estándares que protejan la salud pública”.
Los expertos coinciden en que la reducción de la exposición dependerá tanto de hábitos individuales —como usar máquinas nuevas y evitar componentes plásticos— como de acciones gubernamentales y empresariales para regular los materiales en contacto con los alimentos.
Fuentes varias
