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Alejandro Betancourt, el polémico empresario venezolano detrás del acuerdo petrolero entre EE.UU. y Venezuela

El nombre del empresario venezolano Alejandro Betancourt López volvió al centro de la atención internacional tras conocerse que una compañía bajo su dirección tendrá un papel clave en el ambicioso acuerdo petrolero anunciado entre Estados Unidos y Venezuela.

El pacto, presentado por el presidente estadounidense Donald Trump como una operación de dimensiones históricas, contempla la explotación de 17 yacimientos que concentran una parte significativa de las reservas probadas de petróleo venezolano. Sin embargo, uno de los aspectos que mayor controversia ha generado es la ausencia de grandes multinacionales petroleras entre los principales participantes.

En su lugar aparece North American Blue Energy Partners (Nabep), una empresa registrada en Barbados y dirigida por Betancourt, empresario de 46 años cuya trayectoria ha estado marcada por grandes contratos con el Estado venezolano, una rápida expansión internacional y distintas investigaciones judiciales en varios países.

Según lo anunciado, el gobierno de Estados Unidos tendría una participación del 35% en Nabep. Betancourt aseguró que la operación permitirá desarrollar el enorme potencial energético de Venezuela y generará beneficios tanto para venezolanos como para estadounidenses.

Desde Washington han defendido la elección de Nabep argumentando que la compañía ha demostrado capacidad para producir petróleo dentro de Venezuela. El secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, afirmó que la firma se encuentra entre los principales productores privados de crudo del país y destacó su capacidad para mantener operaciones incluso en un contexto de fuertes sanciones.

La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, también respaldó al empresario y aseguró que las causas abiertas en su contra dentro del país fueron sobreseídas, al tiempo que destacó que no enfrenta cargos formales en Estados Unidos.

De los negocios eléctricos al petróleo

Leopoldo Alejandro Betancourt López nació en Caracas en febrero de 1980 y estudió Economía en la Universidad de Suffolk, en Massachusetts.

Su ascenso empresarial comenzó a llamar la atención durante la crisis eléctrica que atravesó Venezuela a finales de la década de 2000. A través de Derwick Associates, empresa que fundó junto con familiares y socios, obtuvo numerosos contratos para desarrollar proyectos de generación eléctrica.

Entre 2009 y 2011, Derwick recibió una docena de contratos gubernamentales vinculados a la construcción y modificación de plantas eléctricas por unos US$5.000 millones, según los datos citados en diversas investigaciones periodísticas.

Fue durante esa etapa cuando comenzó a popularizarse el término “bolichicos”, utilizado para identificar a un grupo de jóvenes empresarios que amasaron grandes fortunas mediante contratos con el Estado durante los gobiernos del chavismo.

El abogado de Betancourt, Jon Sale, ha rechazado ese calificativo y sostiene que se trata de una etiqueta mediática que agrupó bajo una misma denominación a empresarios con trayectorias diferentes.

Las operaciones de Derwick, sin embargo, fueron cuestionadas por organizaciones dedicadas a investigar la corrupción. Transparencia Venezuela señaló en un informe que varios proyectos contratados presentaron presuntos sobrecostos y problemas de ejecución.

Pese a las controversias, Betancourt logró ampliar sus negocios hacia el sector petrolero, especialmente mediante operaciones vinculadas con Petrozamora, una empresa dedicada a la producción de crudo en la zona del Lago de Maracaibo.

Un imperio empresarial internacional

Con el paso de los años, Betancourt diversificó sus inversiones fuera de Venezuela.

En España se convirtió en accionista mayoritario y posteriormente presidente de la empresa de gafas Hawkers. También realizó inversiones en entidades financieras de Suiza y África.

Investigaciones de Transparencia Venezuela han señalado que su entramado empresarial llegó a extenderse a decenas de compañías distribuidas en numerosos países.

Ese crecimiento fue acompañado por un aumento de las investigaciones sobre el origen y funcionamiento de algunos de sus negocios.

En 2013, el exembajador estadounidense en Venezuela Otto Reich presentó una demanda contra Betancourt y dos de sus socios, acusándolos de haber pagado a funcionarios venezolanos para obtener contratos públicos. La demanda fue posteriormente desestimada.

Con el tiempo, autoridades judiciales de España, Suiza, Andorra y Estados Unidos examinaron distintas operaciones relacionadas con empresarios vinculados al denominado grupo de los “bolichicos”.

Betancourt ha negado irregularidades y, hasta ahora, no ha sido acusado formalmente por la justicia estadounidense.

Investigaciones y detenciones en Europa

La situación judicial del empresario volvió a cobrar relevancia en 2025, cuando fue detenido en Londres en el contexto de una investigación impulsada desde Suiza por presunto lavado de dinero.

Poco después, autoridades españolas realizaron un procedimiento en el castillo de Alamín, una propiedad adquirida por Betancourt en la provincia de Toledo.

Su defensa ha sostenido que las acusaciones contra el empresario carecen de fundamentos suficientes y que muchas de ellas derivan de investigaciones que involucraron a terceros con los que mantuvo relaciones comerciales.

La solicitud de extradición promovida por Suiza finalmente no prosperó ante la justicia británica. Un tribunal londinense levantó posteriormente las restricciones de viaje que pesaban sobre Betancourt, aunque su defensa reconoció que ese hecho no significaba necesariamente el cierre de todas las investigaciones existentes en Europa.

La apuesta de Washington

La decisión estadounidense de asociarse con Betancourt ha generado interrogantes debido a su historial de controversias.

El secretario de Estado, Marco Rubio, ha defendido la elección señalando que el empresario posee experiencia directa en la producción petrolera venezolana y que no existe una acusación formal en su contra dentro del sistema judicial estadounidense.

Estimaciones citadas por distintas fuentes sitúan la producción vinculada a Nabep en alrededor de 180.000 barriles diarios, una cifra que colocaría a la compañía cerca de los mayores operadores privados actualmente presentes en Venezuela.

Otros especialistas, sin embargo, ponen en duda la manera en la que se calcula ese volumen y sostienen que parte del incremento respondería a la incorporación de distintos campos petroleros bajo una misma administración.

Washington también considera relevantes los vínculos que Betancourt mantuvo durante años con sectores de la oposición venezolana.

Durante la etapa en la que Juan Guaidó fue reconocido por Estados Unidos como presidente interino, el empresario mantuvo contactos con dirigentes opositores y con figuras vinculadas a la primera administración de Donald Trump.

Entre esos contactos habría destacado Mauricio Claver-Carone, antiguo integrante del Consejo de Seguridad Nacional estadounidense y posteriormente una figura influyente en los asuntos relacionados con Venezuela.

Un intermediario entre Caracas y Washington

El nuevo protagonismo de Betancourt no estaría relacionado únicamente con su experiencia petrolera.

Según versiones periodísticas citadas en el texto original, el empresario habría desempeñado un papel como intermediario entre representantes estadounidenses y autoridades venezolanas en momentos de elevada tensión política.

Su abogado sostiene que Betancourt logró asumir ese papel debido a los vínculos y niveles de confianza que había desarrollado con actores de distintos sectores políticos.

Esa capacidad para mantener relaciones tanto con figuras cercanas al chavismo como con dirigentes opositores y representantes estadounidenses aparece ahora como uno de los elementos centrales para explicar su participación en el nuevo escenario petrolero.

La entrada de Nabep en un acuerdo de grandes dimensiones representa, de este modo, un nuevo capítulo en una trayectoria empresarial caracterizada por contratos multimillonarios, inversiones internacionales, cuestionamientos judiciales y una notable habilidad para mantenerse cerca de los principales centros de poder vinculados con Venezuela.

Mientras Washington y Caracas defienden su papel como un operador capaz de aumentar rápidamente la producción petrolera, sus críticos siguen señalando las controversias que han acompañado su ascenso económico.

El nuevo acuerdo convertirá ahora a Alejandro Betancourt en una de las figuras a seguir dentro de la reconfiguración de la industria petrolera venezolana y de la nueva relación energética entre Estados Unidos y Venezuela.

Fuentes varias

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