Salud

La leche de almendras bajo la lupa científica: alto consumo de agua y un impacto silencioso sobre las abejas

La leche de almendras se consolidó como una de las principales alternativas a los lácteos de origen animal. Sin embargo, distintas investigaciones científicas advierten que su producción tiene un impacto ambiental significativo, especialmente en el uso intensivo de agua y en la relación con la polinización mediante millones de colonias de abejas. El foco está puesto en California, Estados Unidos, donde se concentra cerca del 80% de la producción mundial de almendras.

Dos factores concentran la mayor atención de la comunidad científica: el elevado consumo hídrico de los cultivos y la dependencia de la polinización animal. Según un estudio publicado en Ecological Indicators por expertos de la Universidad Estatal de California, se requieren en promedio 10.240 litros de agua por kilogramo de almendra, lo que equivale a unos 12 litros por cada unidad individual.

Estos datos fueron reforzados por una investigación difundida en Journal of Cleaner Production, liderada por Vishal Khanpit, de la Universidad Tecnológica de Nanyang (Singapur), que calculó la huella hídrica considerando todo el proceso productivo, desde la agricultura hasta el procesamiento industrial. Los autores señalaron que, aunque la leche vegetal suele asociarse con menor impacto ambiental, la leche de almendras presenta una de las huellas de agua más altas entre las bebidas vegetales.

El consumo de agua varía según la región. En el norte de California la huella hídrica es mayor por los menores rendimientos por hectárea, mientras que en el Valle Central, donde se concentra la producción, la disponibilidad de agua subterránea resulta clave para sostener el cultivo.

Además del agua, la producción de almendras depende casi por completo de la polinización de abejas melíferas. En febrero de 2024, se estimó que fueron necesarias unas 2,7 millones de colonias para polinizar 1,4 millones de acres de almendros, lo que representó el 99% de las colonias existentes en Estados Unidos en ese momento. Este fenómeno es considerado “el mayor evento de polinización del mundo”.

El investigador Agustín Sáez, del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA, CONICET-UNCo), explicó que no existen evidencias concluyentes sobre un impacto directo negativo en la biodiversidad, pero sí alertó sobre el estrés que sufren las abejas durante los traslados masivos y su exposición a agroquímicos. “El traslado implica un estresor muy grande, lo que puede derivar en mayores enfermedades y pérdida de colonias”, señaló.

Por su parte, el científico Marcelo Aizen, también del CONICET, recordó que el llamado “colapso de colonias” registrado en Estados Unidos en 2007 estuvo vinculado al transporte de larga distancia y al estrés ambiental. Ambos especialistas coinciden en que el sistema productivo presenta riesgos, pero también beneficios: los almendros producen néctar y polen de alta calidad, lo que favorece el crecimiento de las colonias durante la floración.

En respuesta a estas críticas, California impulsa iniciativas para hacer más sostenible la producción. En septiembre de 2025, la Universidad de California, la Junta de Almendras de California y el Departamento de Agricultura firmaron un acuerdo para transformar el sector mediante automatización, nuevas variedades y prácticas de agricultura regenerativa. Desde la década de 1990, los productores lograron reducir en un 33% el uso de agua por almendra y avanzan hacia una nueva meta de reducción del 20%.

En cuanto a las emisiones, la leche de almendras genera en promedio 0,39 kilos de CO₂ equivalente por kilo, una cifra menor que la de la leche de vaca (1,29 kilos), aunque superior a otras bebidas vegetales como la de avena o soja.

La ciencia también apunta al desarrollo de variedades de almendro menos dependientes de polinizadores. Algunas, como la variedad Independence, ya producen hasta un 80% sin necesidad de abejas, aunque su rendimiento aumenta si hay polinización.

Así, mientras crece el consumo de leche de almendras por razones de salud y estilo de vida, los estudios advierten que su impacto ambiental es más complejo de lo que parece: un producto asociado a lo “natural” que plantea desafíos urgentes en el uso del agua y en la protección de los polinizadores.

Fuentes varias