Alerta por peligrosa práctica de “bluetoothing” reabre debate sobre prevención del VIH en Puerto Rico
Una peligrosa práctica conocida como “bluetoothing”, que consiste en compartir sangre entre personas que consumen drogas intravenosas para intentar transmitir los efectos de las sustancias, ha generado preocupación internacional por el riesgo de propagación del virus de inmunodeficiencia humana (VIH). Aunque no se han identificado casos en Puerto Rico, especialistas en salud pública consideran que la alerta representa una oportunidad para fortalecer los programas de prevención y tratamiento de adicciones.
La práctica, también denominada “flushblooding” o “flashblood”, consiste en extraer sangre de una persona que ha consumido drogas por vía intravenosa e inyectarla a otra con la intención de compartir sus efectos. Este procedimiento representa un grave peligro para la salud, debido a la posibilidad de transmitir infecciones como el VIH y las hepatitis B y C.
La preocupación surgió después de informes internacionales sobre un incremento significativo de casos de VIH en las islas Fiyi, en el océano Pacífico. Según datos difundidos por la BBC, aproximadamente uno de cada 60 adultos en ese archipiélago vive actualmente con el virus, frente a uno de cada 167 registrados cinco años atrás.
Aunque todavía no se ha establecido que el “bluetoothing” sea responsable directo de ese incremento, especialistas advierten que compartir sangre y equipos de inyección constituye una vía de transmisión de enfermedades infecciosas.
En Puerto Rico, el doctor Eduardo Zavala Mendoza, investigador de la División para la Prevención de Sobredosis del Departamento de Salud, confirmó que hasta el momento no se han reportado casos relacionados con esta práctica.
Sin embargo, explicó que las experiencias internacionales deben servir como señales de alerta para identificar posibles cambios en los patrones de consumo de sustancias y anticipar riesgos sanitarios.
“No tenemos que esperar a que se nos narre que está pasando algo para nosotros actuar”, expresó el especialista, quien señaló que esta conducta ha sido documentada principalmente en determinadas regiones de África y está asociada con situaciones de pobreza extrema.
De acuerdo con el informe trimestral del Sistema de Vigilancia de VIH del Departamento de Salud, correspondiente al período de enero a marzo de 2026, en Puerto Rico se registraban 16,928 personas viviendo con VIH y se notificaron 97 nuevos casos durante esos tres meses.
El documento también señala que, entre los casos acumulados, el uso de drogas inyectables representa una de las principales vías de transmisión. Los hombres que se inyectan sustancias constituyen aproximadamente el 17% de los casos, mientras que las mujeres representan otro 5%.
Por su parte, el médico y fundador de Iniciativa Comunitaria, José Vargas Vidot, consideró poco probable que el “bluetoothing” se extienda a Puerto Rico debido a factores culturales y sociales.
El especialista sostuvo que una gran proporción de las personas que enfrentan problemas de consumo crónico de drogas desea acceder a tratamientos adecuados y recibir seguimiento médico, pero encuentra obstáculos para obtener esos servicios.
Vargas Vidot estimó que entre el 75% y el 80% de las personas que viven en la calle y consumen sustancias de manera crónica desearían recibir atención y tratamiento.
En ese sentido, insistió en que el verdadero desafío consiste en garantizar servicios de salud accesibles, continuos y libres de discriminación.
El director de Intercambios Puerto Rico, Rafael Torruella, coincidió en que la prioridad debe ser fortalecer los programas de prevención del VIH, las hepatitis y las sobredosis, así como ampliar las estrategias de reducción de daños.
Torruella explicó que durante más de dos décadas de trabajo en Puerto Rico y Estados Unidos nunca ha tenido conocimiento directo de un caso de “bluetoothing”.
No obstante, advirtió que las autoridades deben mantener programas sustentados en evidencia científica y proporcionar los recursos necesarios a las organizaciones comunitarias que trabajan con poblaciones vulnerables.
Los especialistas también señalaron que la inestabilidad financiera de algunas organizaciones representa un obstáculo para garantizar la continuidad de los servicios.
Vargas Vidot cuestionó los procesos administrativos relacionados con contratos, propuestas y reembolsos, al considerar que pueden dificultar el funcionamiento de las entidades dedicadas a atender a personas con problemas de adicción.
Mientras tanto, el Departamento de Salud ha impulsado iniciativas para mejorar la identificación temprana de riesgos, capacitar al personal sanitario y utilizar las salas de emergencia como puntos de acceso a tratamientos especializados.
Entre las estrategias también se encuentra la ampliación de unidades móviles y el fortalecimiento de los sistemas de vigilancia epidemiológica, con el objetivo de detectar nuevas tendencias de consumo antes de que provoquen emergencias sanitarias.
Los profesionales coincidieron en que una de las principales herramientas para prevenir nuevas infecciones consiste en eliminar el estigma que enfrentan las personas que consumen drogas.
Según explicaron, el temor a ser discriminadas o rechazadas puede impedir que estas personas busquen atención médica, orientación o tratamiento antes de desarrollar complicaciones graves.
Por ello, recomendaron mantener y ampliar los servicios comunitarios, facilitar el acceso a pruebas de VIH y hepatitis, promover el uso de materiales de inyección estériles y garantizar tratamientos oportunos.
También destacaron la importancia de la educación sanitaria y de ofrecer información clara sobre los riesgos de compartir sangre, agujas y otros instrumentos utilizados para administrar sustancias.
Aunque el “bluetoothing” no ha sido identificado en Puerto Rico, los especialistas consideran que la alerta internacional debe aprovecharse para reforzar las políticas de prevención y evitar que nuevas prácticas de riesgo agraven la situación del VIH en la isla.
El consenso entre los profesionales consultados es que la respuesta más efectiva no consiste en generar alarma, sino en fortalecer los servicios existentes, combatir la discriminación y garantizar que las personas más vulnerables puedan recibir atención médica adecuada.
Fuentes varias

