Plan de Trump para separar vacunas infantiles enfrenta críticas por costos, logística y falta de respaldo científico
Una orden ejecutiva del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que impulsa cambios en la forma en que se administran algunas vacunas infantiles ha generado cuestionamientos entre especialistas en salud pública, quienes advierten que la medida podría aumentar los costos, multiplicar las visitas médicas y obligar a la industria farmacéutica a realizar importantes inversiones.
La disposición plantea que vacunas combinadas, entre ellas la utilizada contra el sarampión, las paperas y la rubéola (MMR, por sus siglas en inglés), sean administradas por separado y que, cuando sea posible, las dosis sean espaciadas.
El cambio supondría un giro importante respecto al esquema utilizado durante décadas en Estados Unidos. Actualmente no existen en el país vacunas individuales autorizadas contra cada una de esas tres enfermedades, ya que desde principios de la década de 1970 la inmunización combinada se convirtió en el estándar.
Para aplicar el nuevo enfoque, las compañías farmacéuticas tendrían que volver a producir vacunas individuales que dejaron de comercializarse hace décadas y, de acuerdo con expertos citados, posiblemente ampliar o construir instalaciones capaces de fabricar millones de dosis adicionales.
Más visitas médicas y mayores costos
Uno de los principales efectos recaería sobre las familias. La vacuna MMR se administra actualmente en dos dosis durante la infancia. Separar sus tres componentes podría convertir ese esquema en hasta seis aplicaciones distintas, con un correspondiente incremento en el número de visitas al pediatra.
Si el mismo principio de espaciamiento se aplicara a otras inmunizaciones infantiles, como las destinadas a prevenir la tos ferina y distintas enfermedades infecciosas, la cantidad de consultas podría aumentar todavía más.
Especialistas advierten que una mayor frecuencia de citas podría dificultar que algunos padres completen los calendarios de vacunación debido a problemas de tiempo, transporte y costos.
La doctora Anna Durbin, de la Escuela Bloomberg de Salud Pública de la Universidad Johns Hopkins, sostuvo que no existe una justificación científica que, a su juicio, respalde el cambio y advirtió que un sistema menos práctico podría terminar reduciendo el número de niños completamente vacunados.
Diversos estudios han señalado que las vacunas combinadas facilitan el cumplimiento de los calendarios de inmunización porque permiten proteger contra varias enfermedades con un menor número de inyecciones y consultas.
La industria necesitaría años para adaptarse
La orden instruye a funcionarios federales a elaborar en un plazo de 90 días planes destinados a estudiar la separación de la vacuna MMR y el espaciamiento de otras inmunizaciones.
Sin embargo, científicos vinculados al sector farmacéutico y antiguos funcionarios regulatorios consideran que la transformación podría requerir varios años.
El doctor Jesse Goodman, exresponsable del área de vacunas de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA), explicó que las empresas probablemente tendrían que realizar nuevos estudios para demostrar que las vacunas individuales producen una respuesta inmunitaria comparable con la obtenida mediante las formulaciones actuales.
También podrían necesitar autorización para nuevas instalaciones, procesos de fabricación y sistemas de control de calidad.
Según expertos citados, diseñar, construir y obtener la aprobación regulatoria para nuevas plantas destinadas a la fabricación de vacunas puede tomar alrededor de cinco años.
Además, cada producto individual tendría que atravesar un proceso separado de evaluación ante la FDA antes de ser comercializado.
Fabricantes respaldan las vacunas combinadas
Merck y GSK, dos de las principales compañías que suministran vacunas infantiles en Estados Unidos, han defendido la seguridad y eficacia de sus productos combinados.
Merck señaló que no se ha publicado evidencia científica que demuestre que dividir la vacuna MMR en tres productos individuales proporcione un beneficio adicional.
Ninguna de las empresas, de acuerdo con la información disponible en el texto original, confirmó planes para comenzar a comercializar versiones separadas de estas vacunas.
Los fabricantes también enfrentarían un dilema comercial, pues tendrían que invertir en el desarrollo de productos que competirían directamente con las vacunas combinadas que ya venden.
El doctor Paul Offit, investigador en vacunas del Hospital Infantil de Filadelfia y antiguo asesor gubernamental, señaló que las compañías tendrían pocos incentivos económicos para realizar una inversión de esa magnitud.
La Casa Blanca defiende mayor capacidad de elección
Desde la administración Trump se argumenta que los cambios brindarían a los padres mayores posibilidades para decidir cuándo y con qué frecuencia vacunar a sus hijos.
El portavoz de la Casa Blanca, Kush Desai, sostuvo que el planteamiento busca ampliar las opciones disponibles para las familias y que, según la administración, podría contribuir a incrementar las tasas de vacunación contra el sarampión, las paperas y la rubéola.
Trump ha expresado preocupación por la cantidad de vacunas que reciben los niños estadounidenses y ha pedido al secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., revisar el actual esquema de inmunización.
No obstante, especialistas señalan que separar vacunas combinadas no necesariamente significaría recibir menos vacunas, ya que podría ocurrir lo contrario: los menores terminarían recibiendo un mayor número de inyecciones individuales.
La orden no obliga a los fabricantes
Otro elemento central es que el pedido presidencial no obliga legalmente a las compañías farmacéuticas a desarrollar nuevas vacunas ni a solicitar su autorización ante la FDA.
De igual manera, la autoridad para exigir determinadas vacunas como requisito para asistir a las escuelas corresponde principalmente a los gobiernos estatales.
La orden presidencial puede recomendar cambios y solicitar estudios federales, pero son los estados los que mantienen la facultad de modificar sus propios requisitos de vacunación escolar.
El futuro de la iniciativa dependerá, por tanto, de las decisiones regulatorias, de la disposición de la industria farmacéutica para desarrollar nuevas formulaciones y de la respuesta de los gobiernos estatales, en medio de un debate que vuelve a colocar la política de vacunación infantil en el centro de la discusión sanitaria estadounidense.
Fuentes varias

