Escuelas de Estados Unidos enfrentan presión por reducir pantallas en las aulas
En Estados Unidos crece el rechazo de padres, maestros y algunos distritos escolares al uso excesivo de computadoras, tabletas y aplicaciones educativas dentro de las aulas. Tras años de inversión en tecnología escolar, especialmente después de la pandemia, varias comunidades están pidiendo volver a métodos más tradicionales, como libros impresos, cuadernos y lápiz y papel.
La preocupación principal no es eliminar por completo la tecnología, sino limitar su uso cuando se convierte en una distracción o afecta la concentración de los estudiantes. Padres consultados por AP señalan que los dispositivos entregados por las escuelas complican los límites que intentan establecer en casa, ya que los niños pasan muchas horas frente a pantallas durante la jornada escolar y luego continúan conectados fuera del aula.
Uno de los casos más destacados ocurre en Los Ángeles, donde la junta escolar aprobó una resolución para eliminar dispositivos en los primeros grados, fijar límites de uso de pantallas en niveles superiores, bloquear YouTube en equipos escolares y prohibir dispositivos durante el almuerzo y el recreo en escuelas primarias y secundarias. El distrito también revisará sus contratos de tecnología educativa, en medio de cuestionamientos sobre costos y efectividad.
El debate también se extiende a otros estados, donde familias han impulsado peticiones para que los padres puedan excluir a sus hijos del uso obligatorio de dispositivos durante el día escolar. En algunos distritos, los estudiantes utilizan tabletas desde kindergarten, computadoras desde los primeros años de primaria y laptops personales en secundaria, una práctica que algunos consideran excesiva.
Los defensores de reducir las pantallas argumentan que menos tecnología puede favorecer la lectura profunda, la escritura manual, la interacción social y la atención en clase. Sin embargo, escuelas y expertos advierten que el problema no siempre es la tecnología en sí, sino la forma en que se aplica. Para muchos educadores, el desafío está en encontrar un equilibrio: usar herramientas digitales cuando realmente aportan al aprendizaje y evitar que sustituyan habilidades básicas o se conviertan en una fuente permanente de distracción.
El movimiento refleja un cambio importante en la conversación educativa. Hace pocos años, entregar un dispositivo a cada estudiante era visto como una forma de cerrar brechas digitales. Ahora, varias comunidades escolares se preguntan si esa estrategia fue demasiado lejos y si las aulas necesitan recuperar espacios con menos pantallas y más contacto directo entre estudiantes, docentes y materiales físicos.
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