Estudio revela que las variaciones rápidas de la presión arterial pueden dañar áreas clave del cerebro
Un estudio realizado por la Universidad del Sur de California (USC) y publicado en el Journal of Alzheimer’s Disease reveló que las fluctuaciones rápidas de la presión arterial entre latidos del corazón pueden afectar regiones cerebrales relacionadas con la memoria y las funciones cognitivas, incluso en personas mayores con niveles promedio de presión considerados normales.
Los investigadores monitorearon a 105 adultos de entre 55 y 89 años, sin enfermedades neurológicas graves, utilizando un dispositivo de monitoreo continuo durante un examen de resonancia magnética cerebral. Este método permitió analizar cómo la presión variaba de un latido a otro y cómo esas variaciones se relacionaban con la estructura cerebral y marcadores de daño neuronal en la sangre.
El estudio halló que las personas con mayor inestabilidad en la presión arterial y arterias más rígidas mostraban volúmenes reducidos en el hipocampo y la corteza entorrinal, dos regiones fundamentales para la memoria y que suelen verse afectadas en etapas tempranas del Alzheimer. Además, estos participantes presentaban niveles elevados de neurofilamento ligero (NfL), una proteína que indica daño en las células nerviosas.
“El hallazgo demuestra que no basta con mantener una presión arterial promedio saludable; también importa su estabilidad”, explicó Daniel Nation, autor principal del estudio y profesor en la Escuela Leonard Davis de la USC. “Incluso cuando la presión arterial está bien controlada con medicamentos, las rápidas fluctuaciones entre latidos se asocian con peor memoria y signos de atrofia cerebral”, añadió.
El equipo de investigación destacó que, a medida que las personas envejecen, la capacidad del cuerpo para regular la presión arterial pierde precisión, lo que podría contribuir al deterioro de la salud vascular y cerebral. Por ello, los científicos sugieren que monitorear la estabilidad de la presión podría convertirse en una herramienta útil para detectar precozmente los trastornos neurodegenerativos y prevenir su avance.
Aunque el estudio no establece una relación causal definitiva, sus autores enfatizan la necesidad de continuar investigando si reducir las fluctuaciones de la presión arterial puede ayudar a proteger la función cognitiva y retrasar el deterioro cerebral.
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