Telescopio espacial Swift caerá sin control a la Tierra y Argentina está entre las posibles zonas de impacto
Después de casi 22 años explorando el universo, el telescopio espacial Swift de la NASA se prepara para regresar a la Tierra de manera incontrolada durante las próximas semanas. Aunque existe la posibilidad de que algunos fragmentos caigan sobre territorio argentino, la agencia espacial estadounidense considera extremadamente bajo el riesgo de que provoquen daños a personas.
El observatorio realizó su última observación científica el pasado 20 de octubre, cuando se encontraba a menos de 275 kilómetros de altura. A esa distancia, la resistencia de las capas superiores de la atmósfera terrestre comenzó a afectar su estabilidad, impidiendo que sus instrumentos pudieran mantenerse orientados correctamente hacia los objetos celestes.
Según informó la NASA, la mayor parte del telescopio se desintegrará por las elevadas temperaturas generadas durante su reentrada atmosférica. Sin embargo, algunos componentes podrían sobrevivir y alcanzar la superficie terrestre.
Debido a la inclinación de su órbita, los posibles restos podrían caer dentro de una extensa franja geográfica que comprende desde el centro de México hasta gran parte de Sudamérica, incluyendo Argentina, además de amplias regiones oceánicas. No obstante, esto no significa que exista una trayectoria confirmada hacia territorio argentino.
La caída del telescopio se volvió inevitable después de que la NASA y la empresa Katalyst Space abandonaran en agosto un proyecto destinado a prolongar su vida útil. La iniciativa contemplaba utilizar una nave robótica denominada LINK para capturar el observatorio y elevarlo a una órbita más segura.
Más de dos décadas de importantes descubrimientos científicos
El telescopio Swift fue lanzado en noviembre de 2004 con una misión originalmente prevista para durar apenas dos años. Sin embargo, logró mantenerse operativo durante casi 22 años, convirtiéndose en una herramienta fundamental para el estudio de algunos de los fenómenos más violentos del universo.
Durante su trayectoria, el observatorio detectó más de 2.000 estallidos de rayos gamma, considerados las explosiones más energéticas del cosmos, y estudió más de 1.400 supernovas, fenómenos asociados con la muerte explosiva de determinadas estrellas.
Una de sus principales características era su extraordinaria velocidad de respuesta. Swift podía detectar una explosión de rayos gamma, comunicar su ubicación a otros observatorios y orientar sus instrumentos hacia el fenómeno en aproximadamente un minuto.
Esta capacidad permitió que en 2005 registrara por primera vez el resplandor posterior de un estallido corto de rayos gamma, de apenas 0,03 segundos de duración. El descubrimiento aportó evidencia importante para comprender la relación entre estas explosiones y la fusión de estrellas de neutrones.
A lo largo de su misión, el telescopio también obtuvo más de 1,5 millones de imágenes y generó aproximadamente 12 terabytes de información científica. Sus observaciones contribuyeron a la publicación de unos 7.000 trabajos de investigación.
¿Existe peligro para la población?
Aunque la reentrada será incontrolada, la NASA sostiene que la probabilidad de que los fragmentos sobrevivientes provoquen lesiones es muy baja. Además, gran parte de la superficie terrestre está cubierta por océanos, lo que reduce las posibilidades de que los restos alcancen zonas habitadas.
Por el momento, no se ha determinado una fecha exacta para la reentrada ni un lugar específico donde podrían caer los fragmentos.
Con el final de Swift, la comunidad científica pierde uno de sus observatorios más importantes para detectar rápidamente explosiones cósmicas. La NASA estudia alternativas para mantener esta capacidad mediante otras misiones espaciales.
El telescopio deja un extraordinario legado científico y demuestra cómo una misión diseñada inicialmente para dos años puede transformar durante más de dos décadas nuestro conocimiento del universo.
Fuentes varias

