Estados Unidos completa su retirada de Iraq tras más de dos décadas de presencia militar
Estados Unidos completó la retirada de sus últimas tropas de Iraq, poniendo fin a más de dos décadas de presencia militar en el país y abriendo una nueva etapa para Bagdad, que deberá asumir plenamente la responsabilidad de su seguridad en un escenario marcado por la influencia de Irán y de las milicias aliadas de Teherán.
La salida de las fuerzas estadounidenses culminó con el abandono de las últimas bases utilizadas por sus soldados en Erbil, en el norte iraquí. El acontecimiento fue celebrado tanto por las autoridades de Iraq como por organizaciones armadas respaldadas por Irán, aunque con interpretaciones muy diferentes sobre el significado de la retirada.
El portavoz del Pentágono, Sean Parnell, presentó el acontecimiento como la culminación de una campaña de 12 años contra ISIS y como una transición hacia una relación de seguridad bilateral diferente entre Washington y Bagdad.
“Este hito refleja el éxito de una campaña de 12 años que derrotó a ISIS como amenaza militar organizada en Iraq y en toda la región”, señaló Parnell. Según el funcionario, la retirada también representa el paso de una misión de coalición en tiempos de guerra hacia un esquema de seguridad encabezado por las propias autoridades iraquíes.
Por su parte, grupos armados alineados con Teherán presentaron la salida estadounidense como una victoria de la denominada “resistencia”. As’hab Al-Kahf, una milicia respaldada por Irán, celebró públicamente la retirada y sostuvo que la presión ejercida mediante ataques contra las fuerzas estadounidenses contribuyó a su salida.
Iraq reivindica una nueva etapa de soberanía
El primer ministro iraquí, Ali al-Zaidi, encabezó la ceremonia de traspaso y afirmó que el país comienza una nueva fase caracterizada por una mayor soberanía nacional, el fortalecimiento de sus instituciones y la preparación de sus fuerzas de seguridad.
La retirada había sido acordada de manera gradual en 2024 entre el Gobierno iraquí y la administración del entonces presidente estadounidense Joe Biden. El proceso continuó posteriormente bajo el Gobierno de Donald Trump hasta la salida de las últimas fuerzas.
La presencia militar estadounidense en Iraq comenzó con la invasión de 2003 que derrocó al Gobierno de Saddam Hussein. En el punto máximo del despliegue, Washington llegó a mantener aproximadamente 170.000 militares en territorio iraquí.
En 2011, durante la presidencia de Barack Obama, Estados Unidos retiró sus fuerzas de combate. Sin embargo, tres años después, alrededor de 5.000 soldados regresaron a petición del Gobierno iraquí ante el rápido avance de ISIS.
Desde diciembre de 2021 permanecían aproximadamente 2.500 efectivos estadounidenses, principalmente dedicados a labores de asesoramiento, asistencia y entrenamiento de las fuerzas iraquíes.
El desafío de las milicias respaldadas por Irán
La salida estadounidense deja al Gobierno de Bagdad frente a uno de sus mayores desafíos: determinar el futuro de las numerosas organizaciones armadas vinculadas a Irán que durante años han acumulado influencia militar y política dentro del país.
Lahib Higel, subdirectora del programa para Medio Oriente y el Norte de África del International Crisis Group, explicó que estos grupos consideraban la presencia militar estadounidense como una prolongación de la ocupación iniciada tras la invasión de 2003.
El Gobierno iraquí ha prometido fortalecer el monopolio estatal de las armas. Al-Zaidi ha declarado que ninguna fuerza armada debería operar al margen de las instituciones oficiales.
Sin embargo, especialistas consideran extremadamente complicado conseguir el desarme de organizaciones que mantienen estrechos vínculos políticos, ideológicos y militares con Teherán.
“Desarmar rápidamente a estos grupos es una tarea prácticamente imposible”, afirmó Higel, quien considera difícil que estas organizaciones entreguen sus armas mientras mantengan su relación con el Gobierno iraní.
Algunas milicias habían señalado anteriormente que la retirada de las fuerzas estadounidenses era una de sus condiciones para considerar el desarme. Posteriormente, sin embargo, incorporaron nuevas exigencias y mantuvieron su negativa a entregar las armas.
Harakat al-Nujaba, organización designada por Estados Unidos como organización terrorista extranjera, también rechazó las iniciativas destinadas a desarmar a las milicias y sostuvo que estas responden a presiones externas sobre Iraq.
Un nuevo equilibrio regional
La retirada estadounidense ocurre además en medio de una transformación del equilibrio de fuerzas en Medio Oriente.
Durante los últimos años, Irán ha afrontado cambios significativos en varios países donde tradicionalmente ha mantenido aliados políticos y militares. En este escenario, Iraq adquiere una importancia estratégica todavía mayor para Teherán debido a la presencia de partidos, organizaciones armadas y estructuras políticas vinculadas a la República Islámica.
Para los grupos iraquíes alineados con Irán, la salida estadounidense representa una victoria política y militar. Para Washington, en cambio, constituye el cierre de una misión militar y el comienzo de una relación de seguridad distinta con Bagdad.
El desafío inmediato recaerá ahora sobre las autoridades iraquíes. El Gobierno deberá combatir las amenazas remanentes de ISIS, fortalecer sus fuerzas de seguridad y, simultáneamente, afrontar el poder de organizaciones armadas que durante años han funcionado fuera o en los márgenes de las estructuras estatales.
Más de dos décadas después de la invasión que transformó profundamente a Iraq y a toda la región, la salida de las últimas tropas estadounidenses cierra uno de los capítulos más prolongados de la política militar de Washington en Medio Oriente, mientras abre otro marcado por la disputa sobre quién ejercerá el poder y el control de las armas dentro del territorio iraquí.
Fuentes varias

