ICE se despliega en aeropuertos de EE.UU. en medio de retrasos y crisis por cierre del Gobierno
Cientos de agentes federales fueron enviados a terminales aéreas para aliviar el caos provocado por la falta de personal de seguridad, aunque su impacto genera dudas y críticas.
En algunos de los aeropuertos más transitados de Estados Unidos, la presencia de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) se ha vuelto visible en medio de largas filas, retrasos y confusión entre los viajeros. El despliegue, ordenado por la administración del presidente Donald Trump, responde a la crisis generada por el cierre del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), que ya supera seis semanas.
La medida busca mitigar el impacto de la falta de personal en la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA), luego de que cientos de empleados renunciaran y miles más se ausentaran por no recibir salario. Según cifras oficiales, más de 3.000 trabajadores —alrededor del 11 % de la plantilla— no se presentaron a sus puestos, lo que ha provocado cuellos de botella en los controles de seguridad.
El llamado “zar de la frontera”, Tom Homan, explicó que los agentes de ICE no reemplazan a los oficiales de la TSA, ya que no cuentan con la capacitación necesaria para operar equipos como los escáneres de rayos X. En cambio, su función se limita a tareas de apoyo como control de multitudes, vigilancia de salidas y orientación a pasajeros.
Retrasos desiguales y funciones poco claras
El impacto del despliegue ha sido irregular. En el Aeropuerto Internacional Hartsfield-Jackson de Atlanta, uno de los más concurridos del mundo, los tiempos de espera se redujeron de hasta tres horas el lunes a menos de 45 minutos el martes. Sin embargo, en el Aeropuerto Intercontinental George Bush de Houston, los pasajeros reportaron esperas de hasta cuatro horas, mientras que en el Aeropuerto LaGuardia de Nueva York las filas superaban la hora.
Pese a la presencia de agentes federales, en varios casos no quedó claro cuál era su rol específico. Reportes desde distintas terminales indicaron que algunos agentes permanecían sin tareas definidas, mientras otros realizaban funciones menores como repartir agua a los viajeros.
Expertos en seguridad, como John Pistole, señalaron que la presencia de ICE podría tener un efecto disuasorio ante posibles amenazas, especialmente en un contexto internacional tenso. No obstante, también reconocen que su participación no resuelve el problema estructural de falta de personal capacitado.
Críticas y preocupaciones
La medida ha generado escepticismo entre sindicatos y legisladores. El senador Cory Booker criticó que los agentes “solo merodean”, mientras líderes sindicales consideran que el despliegue no aborda el problema central: la falta de pago a los trabajadores de la TSA.
Desde la Federación Estadounidense de Empleados del Gobierno, su presidente Everett Kelly comparó la estrategia con “darle jarabe para la tos a alguien con neumonía”, subrayando que no se trata de una solución efectiva.
Además, algunos empleados expresaron preocupación por la presencia de agentes migratorios en sus lugares de trabajo, temiendo posibles acciones de control migratorio incluso dentro de los aeropuertos.
Aplicación migratoria sigue vigente
Aunque el enfoque principal del despliegue es operativo, las autoridades confirmaron que ICE no suspenderá sus funciones habituales. Homan dejó claro que los controles migratorios continuarán, y el propio Trump admitió que los agentes podrían realizar detenciones si lo consideran necesario, aunque no sea su prioridad actual.
De hecho, días antes del despliegue, dos personas fueron arrestadas en el Aeropuerto Internacional de San Francisco por encontrarse en situación migratoria irregular.
Una crisis sin solución inmediata
Mientras tanto, la situación de los trabajadores de la TSA sigue siendo crítica. Con un salario promedio de unos 35.000 dólares anuales, muchos empleados enfrentan dificultades económicas severas tras semanas sin cobrar. Algunos, según autoridades internas, han llegado a dormir en sus vehículos o recurrir a medidas extremas para poder costear el transporte al trabajo.
El cierre del Gobierno y la falta de acuerdo en el Congreso mantienen la incertidumbre sobre la normalización del sistema. Aunque la presencia de ICE podría aliviar parcialmente la presión, expertos coinciden en que no sustituye la necesidad de personal especializado ni resuelve la raíz del problema.
Fuentes varias

