Congelar y tostar el pan: ¿puede reducir su impacto en el azúcar en sangre según la ciencia?
Congelar el pan se ha vuelto una práctica común en muchos hogares por razones de practicidad y conservación. Sin embargo, en los últimos meses esta costumbre ha despertado un nuevo interés debido a la idea de que podría aportar beneficios metabólicos, en especial al disminuir el impacto de los carbohidratos en los niveles de azúcar en sangre.
En redes sociales y medios especializados se ha difundido la teoría de que congelar y luego tostar el pan transforma sus propiedades, convirtiéndolo en una opción más saludable. Frente a esta tendencia, nutricionistas y científicos han analizado qué tan cierto es este efecto y hasta dónde llega su alcance real.
Especialistas explican que al someter el pan a bajas temperaturas se produce un proceso químico conocido como retrogradación del almidón. En este fenómeno, parte del almidón se reorganiza y se convierte en lo que se denomina almidón resistente, una forma de carbohidrato que el cuerpo no digiere fácilmente y que actúa de manera similar a la fibra.
Este tipo de almidón llega casi intacto al colon, donde sirve de alimento para bacterias beneficiosas del intestino y ejerce un efecto prebiótico. Estudios publicados en la National Library of Medicine señalan que consumir alimentos con mayor proporción de almidón resistente puede contribuir a una mejor digestión, a un control más estable del azúcar en sangre y, potencialmente, a una reducción del colesterol.
No obstante, los científicos aclaran que el aumento de almidón resistente al congelar el pan es modesto. Si bien se obtiene un pequeño beneficio adicional, este método no convierte al pan en un “superalimento” ni reduce de forma significativa su contenido de carbohidratos o calorías.
El tostado, por su parte, tampoco elimina carbohidratos. Lo que ocurre principalmente es una pérdida de agua, lo que hace que la rebanada parezca más liviana sin modificar sustancialmente su valor nutricional. Algunos estudios indican que el tostado puede reducir ligeramente el índice glucémico del pan, lo que significa que los azúcares se absorben de forma un poco más lenta. Sin embargo, la diferencia es pequeña y no representa un cambio determinante para la mayoría de las personas.
Expertos de la Mayo Clinic señalan que el impacto del pan en la salud depende más de su composición y de la cantidad consumida que del método de preparación. Elegir pan integral en lugar de pan blanco aporta más fibra, vitaminas y minerales, y ayuda a regular los niveles de glucosa en sangre.
Además, recomiendan combinar el pan con proteínas o grasas saludables para disminuir su efecto glucémico y evitar acompañamientos azucarados o ultraprocesados que anulan cualquier posible beneficio. Incluso si se congela y se tuesta, consumir grandes porciones o añadir mermeladas con alto contenido de azúcar puede contrarrestar por completo las ventajas potenciales.
Los especialistas coinciden en que congelar y tostar el pan puede ofrecer una leve mejora en términos digestivos y metabólicos, pero no sustituye una alimentación equilibrada ni justifica excesos. La clave sigue siendo elegir productos de mejor calidad, controlar las porciones y no dejarse llevar por tendencias que prometen resultados milagrosos.
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