Cómo los horarios escolares tempranos afectan la salud y el rendimiento académico, según una experta en neurociencia
La neurocientífica María Juliana Leone, investigadora del Laboratorio de Neurociencia de la Universidad Torcuato Di Tella, advirtió que los horarios de ingreso escolar demasiado tempranos tienen un impacto directo y negativo en la salud física, mental y en el rendimiento académico de los estudiantes, especialmente en los adolescentes. Sus declaraciones fueron realizadas durante una entrevista en Infobae en Vivo, donde analizó cómo el sueño insuficiente deteriora la concentración, la memoria y el desarrollo cognitivo.
Leone explicó que iniciar la jornada escolar antes del amanecer contradice el funcionamiento biológico humano. “Nuestro cuerpo no está preparado para estar activo —y mucho menos aprender— en la oscuridad”, enfatizó. Recordó que en varias regiones del país los estudiantes ingresan a clases antes de que haya luz natural, particularmente durante junio, uno de los meses con amaneceres más tardíos.
La especialista subrayó que la exposición a la luz solar matutina es fundamental para el correcto alineamiento de los ritmos circadianos. “El cuerpo se pone en hora por la luz del sol. No exponerse a la mañana y sí hacerlo a la noche —por ejemplo, con pantallas— altera estos ritmos”, señaló. Ingresar a la escuela cuando todavía está oscuro priva a los estudiantes de un estímulo biológico crucial.
Durante la adolescencia, etapa en la que el reloj biológico se vuelve más nocturno, el choque entre estos ritmos naturales y los horarios escolares tempranos provoca una reducción significativa de las horas de sueño durante los días hábiles. “Dormir poco y en horarios irregulares se asocia a muchísimos problemas de salud, incluyendo salud mental, un tema especialmente preocupante hoy”, agregó.
El campo de estudio de Leone, la cronobiología, investiga cómo los ciclos diarios de luz y oscuridad influyen en la salud humana. Desde esta perspectiva, la especialista fue contundente: la falta de sueño afecta el rendimiento académico, la memoria, la creatividad, la motivación, la salud física y la salud mental. Cuando aumenta la brecha entre el “reloj biológico” y el “reloj social”, se incrementan los efectos negativos, en especial entre los adolescentes.
Además del impacto individual, Leone alertó sobre las consecuencias sociales y educativas: mayor ausentismo, bajo desempeño escolar y el riesgo de profundizar desigualdades si el sistema educativo no se adapta a las necesidades biológicas reales de los estudiantes.
Como soluciones, propuso dos vías posibles: retrasar los horarios de entrada a la escuela —una medida ya adoptada en distintos países con resultados positivos— o incluso considerar ajustes en el horario del amanecer para alinear mejor la vida cotidiana con los ritmos biológicos.
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