Las carreras de palomas vuelven a surcar los cielos de Connecticut
El sonido de las alas y la emoción de la competencia marcan cada temporada del Connecticut Classic Pigeon Club, uno de los pocos clubes de carreras de palomas en el estado. Con sede en ciudades como New Britain, Hartford y New Haven, el club reúne a unos 60 socios apasionados por este singular deporte.
El presidente del club, Wilberto Aponte, jubilado y dedicado de lleno a esta afición, explica que la temporada arrancó a finales del mes pasado con una carrera en el norte de Nueva York. Desde allí, las palomas recorrieron cerca de 160 kilómetros hasta regresar a sus hogares.
Las competencias están cuidadosamente organizadas: las aves viajan en camiones hasta el punto de partida, y luego los socios emplean rastreadores y fórmulas de cálculo para medir la velocidad y la distancia de cada paloma. En función de estos resultados se asignan puntos, y el dueño con mayor puntaje al final de la temporada es declarado ganador.
Cada año, entre agosto y octubre, se celebran 10 carreras oficiales, cuya magnitud depende del número de participantes y del espacio disponible en el camión de transporte.
Más allá de la logística y las reglas, el verdadero motor de la actividad es la pasión. Aponte lo resume con humor:
“También puedes perder a tu esposa e hijos porque, una vez que te enganchas a las palomas, como con cualquier otro pasatiempo, te lleva tiempo”.
El entusiasmo se refleja en los nuevos miembros: comienzan con unas pocas palomas, pero tras ganar una carrera, la fiebre crece. “Empiezan con 10, y al año siguiente ya tienen 100. Algo se enciende en ellos”, comenta Aponte.
Así, entre tradición, disciplina y emoción, las carreras de palomas mantienen vivo un deporte que, aunque minoritario, sigue conquistando corazones en Connecticut.

