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Brote de sarampión en Pensilvania supera los 1.000 casos y se convierte en uno de los más graves de Estados Unidos en tres décadas

El estado de Pensilvania enfrenta una grave crisis sanitaria debido a un brote de sarampión que ha dejado más de 1.000 personas contagiadas, cientos de hospitalizaciones y cinco fallecimientos reportados por las autoridades estatales. La propagación de la enfermedad ha generado preocupación por el aumento de casos entre personas que no están vacunadas.

El brote de sarampión que afecta a Pensilvania desde abril de 2026 se ha convertido, según los datos proporcionados por las autoridades sanitarias estatales, en el más grande registrado en Estados Unidos en más de 30 años. La situación ha encendido las alarmas entre los organismos de salud pública debido a la rapidez con que continúa propagándose la enfermedad.

De acuerdo con el Departamento de Salud de Pensilvania, el brote ha alcanzado los 1.066 casos confirmados, con más de 200 personas hospitalizadas y cinco muertes asociadas a la enfermedad. El principal foco de contagio se encuentra en el condado de Lancaster, aproximadamente a 97 kilómetros al oeste de Filadelfia, aunque los casos ya se han extendido a más de la mitad de los condados del estado.

Uno de los aspectos más preocupantes es que la inmensa mayoría de los contagios corresponde a personas que no habían recibido la vacuna contra el sarampión. Según las cifras estatales citadas, menos del 1% de los casos se presentó entre personas vacunadas con la triple viral, conocida como MMR, que protege contra el sarampión, las paperas y la rubéola.

Las autoridades sanitarias también han señalado diferencias en la contabilización de las víctimas mortales. Mientras Pensilvania reporta cinco fallecimientos asociados al brote, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) registraban solamente dos muertes por sarampión en todo Estados Unidos durante 2026, una cifra que podría modificarse conforme concluyan las investigaciones y revisiones correspondientes.

La magnitud del brote supera otros episodios recientes, como el registrado en Texas durante 2025, que dejó 762 contagios, y el de Carolina del Sur, con 997 casos confirmados. Para encontrar cifras similares es necesario remontarse a principios de la década de 1990, cuando Nueva York experimentó un brote que afectó a unas 4.500 personas y provocó más de 17 fallecimientos.

La situación también representa un desafío para el sistema de salud estadounidense. Aunque el sarampión fue declarado eliminado del país en el año 2000, su circulación ha vuelto a intensificarse. La Organización Panamericana de la Salud se encuentra revisando esa condición ante el incremento sostenido de contagios durante dos años consecutivos.

A escala nacional, los datos citados de los CDC señalan que Estados Unidos ha registrado al menos 3.887 casos de sarampión durante 2026, con contagios reportados en prácticamente todo el territorio. Esta cifra representa el mayor número de casos en un solo año calendario desde 1991.

El brote de Pensilvania continúa activo y en expansión. Durante la última semana del período informado se notificaron 145 nuevos contagios, mientras otros estados, como Wisconsin y Ohio, también enfrentan brotes importantes que han superado los 200 casos cada uno.

Ante el deterioro de la situación epidemiológica, Nueva York declaró una emergencia por desastre a nivel estatal relacionada con el sarampión, convirtiéndose en el primer estado en adoptar esa medida desde que los contagios comenzaron a aumentar en 2025.

Los especialistas en salud pública recuerdan que el sarampión es una enfermedad viral altamente contagiosa que puede provocar complicaciones graves, especialmente en niños pequeños y personas con sistemas inmunitarios debilitados. La vacunación con dos dosis de la triple viral continúa siendo una de las medidas más eficaces para prevenir la enfermedad y reducir el riesgo de nuevos brotes.

La expansión del sarampión en Estados Unidos vuelve a colocar en el centro del debate la importancia de mantener una cobertura de vacunación elevada y fortalecer los programas de prevención para evitar que una enfermedad anteriormente eliminada vuelva a convertirse en una amenaza permanente para la salud pública.

Fuentes varias

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