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YO ESTUVE AHÍ, NO ME LO CONTARON… Hugo Orlando Gatti, el mayor show del fútbol

Hugo Orlando Gatti es su nombre, nació en Buenos Aires, Argentina en 1944, fue arquero de fútbol profesional desde 1962 en que debutó en el Club Atlanta y se retiró en 1988 en Boca Juniors, luego de 26 temporadas en primera, con un récord inigualable en el fútbol gaucho, 765 partidos en la división mayor. En sus inicios tuvo un breve paso por River Plate y luego jugó en Gimnasia, en Unión de Santa Fe hasta llegar en 1977 al club de sus amores, Boca Juniors, donde triunfó definitivamente, jugó por 10 años, conquistó 6 títulos argentinos, 2 Copas Libertadores, 1 Intercontinental y recibió muchos reconocimientos, siendo además Jugador del Año en 1982. Se lo apodaba el “Beatle” por su pelo largo, pero el que le quedó para toda la vida, “El Loco”.

Tuve la oportunidad de verlo en vivo y en acción varias veces, y si hay un jugador de fútbol que representa la competencia y el show de un deporte, ese es Hugo Gatti. Ya sabía de él y de sus excentricidades, pero es distinto vivirlo en la cancha. Todavía lo vi con camiseta de Unión, de un físico no muy privilegiado, bastante flaco, con una quijada prominente y ojos achinados, pelo largo de la época y con vincha, bermudas bien apretadas que no disimulaban su piernas realmente delgadas, las medias siempre caídas, pero con una personalidad impresionante. Había que verlo caminar a su arco en el inicio, pocos jugadores, pero muy pocos en la Argentina reciben aplausos de la hinchada rival. El Loco hacía delirar a todos. Su rutina, colgarse en el travesaño y lo hacía en pleno partido cuando la pelota se le iba por arriba. Lo árbitros le perdonaban esas y muchas…

Cómo olvidarse de esas atajadas con suspenso, cuando a propósito dejaba pasar la pelota y al límite de la línea la agarraba; otra, si no lo inventó él, es el que llevó a la histeria lo del arquero y la salida de su área, eludiendo rivales, y el Loco sabía de eso y se divertía y divertía a todos. Las bromas a los rivales, cuando les sacaba la pelota de la cabeza con una sonrisa burlona, era inigualable. Así como enfrentaba riéndose al rival, cuántas veces se jugaba la vida al tirarse a los pies, como esa jugada trágica con Astegiano de Independiente, choque brutal, rotura de clavícula de Gatti, sangrando y detenido el partido por varios minutos, sin embargo él siguió jugando aquel partido. Algo increíble.

Lo del Loco traspasó fronteras, siempre se jactaba de que jugó en Kiev, Rusia en plena nieve, defendiendo la blanquiceleste de su país, aquella noche hizo un partidazo y ganaron 1 a 0. Lo curioso de esa época fue que, de ser el titular indiscutido, renunció a la selección y le dejó el puesto a su eterno “rival” Ubaldo Fillol. Hasta hoy se especula si fue porque la afición reclamaba a los gritos por Fillol o porque Menotti, el técnico no le aseguró que seguiría de titular y se perdió el Mundial en su país…

Hablar de Gatti daría para más porque también era y es un charlatán, al estilo Cassius Clay, el boxeador, a quien admiraba como pocos, pero me quedo con un frase que siempre he sostenido. Cuando ibas a la cancha a ver un partido donde jugaba Hugo Gatti, por más que el partido fuera malo, la actuación de Gatti te devolvía la entrada, el solo era un show durante todo el partido. Y se los digo porque… yo estuve ahí, no me lo contaron.

Jorge Alatrista (jorge@identidadlatina.com)

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