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Una visión de horror y de esperanza

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Salí ese día de la Universidad de New York tras una acalorada discusión en la clase de Maestría. Mi grupo siempre era minoría, cinco contra quince, en la intransigible discusión entre el liberalismo y el progresismo. Las reuniones siempre eran en medio de un griterío ensordecedor de la mayoría que silenciaban nuestros argumentos científicos e inequívocos de que el progresismo era una maquinaria infernal que no se detendría hasta destruir a la humanidad. Salí totalmente enfadado sin esperar a mis compañeros. Las discusiones se habían caldeado a solo dos semanas de las elecciones presidenciales del 3 noviembre del 2020.
Tomé como siempre por la calle University Place en dirección a la estación de metro de Unión Square en Manhattan. El debate había demorado, era muy tarde en la noche, no había mucha gente en la estación y mi vagón estaba vacío, comencé a cabecear. De repente una brusca frenada me aventó al piso y al abrir los ojos una oscuridad total me rodeaba. Aturdido traté de buscar alguna luz, pero todo era tinieblas. Busqué mi celular, estaba apagado, esperé intranquilo a que se reiniciara y lo puse en modo de linterna, bajé del vagón y pude observar que estaba en la estación Atlantic Avenue en Brooklyn, ya cerca de mi pensión. La estación estaba desolada y totalmente a oscuras, grité por ayuda y, en el absoluto silencio, el aterrador sonido del eco de mi voz se propagó hasta extinguirse en la distancia.
Grité una vez más y nada, subí a la calle y el aire frio me reconfortó. No había luz ni gente en las calles, solo pude observar luces dentro de algunas viviendas y no pasaba nadie a quien preguntar. Mi celular no tenía conexión, como siempre me había excedido en mis minutos. Apuré el paso a la pensión, quizás el metro se había descompuesto y nadie se percató de que me había quedado dormido. Noté mucha basura en las calles, pensé que también se habrían atrasado en recogerla por la falla eléctrica del área.
Llegué a la pensión agitado, entré a mi cuarto, no prendí la luz para no molestar a mis compañeros. Al tratar de acostarme en mi cama me encontré que estaba ocupada. Un grito de auxilio llenó el cuarto, recibí unos golpes y alguien encendió la luz. Cuatro pares de brazos me golpeaban de lo lindo y luego me sujetaban al piso.
− ¡Es Leónidas! − Resonaron al unísono las voces estupefactas de mis cuatro amigos.
− ¡Si soy yo! ¿qué pasa carajo?
− ¿Dónde estabas guey? − me reclamó Javier con su enfático tono mexicano.
− Pues llegando después de la reunión −dije− pero ¿cómo carajo llegaron ustedes antes?
La confusión en el rostro de mis amigos no podía ser más elocuente.
− ¡Che, y tiene la misma ropa que pusimos en el anuncio de su desaparición! −acotó Agustín con su trascendente acento porteño.
Martin el colombiano se acercó y me olio− ¡y no apesta! −añadió.
− ¡Déjenlo que hable po! − interrumpió el chileno Elías.
− Que hable de qué carajo si estoy recién llegando ¿qué hay con mi ropa? ¿de qué desaparición hablan?
− Guey te perdiste hace seis meses y te buscamos hasta con la policía. Te dábamos por muerto −dijo Javier con un tono de seguridad que me hizo reír.
− ¡Qué broma es esta pendejos! ¿qué quieren hacer? − grité burlón, todos se miraron confusos.
Agustín me alcanzó un periódico, vi noticias de revueltas, guerras y paz − lo de siempre− dije.
− ¡Mira la fecha boludo! − me increpó.
Leí -13 de mayo del 2021− un total vahído me invadió y mis amigos tuvieron que sostenerme para que no me estrellara contra el piso.
− ¡Pero si acabo de llegar de la Maestría! − dije con lágrimas en los ojos− ¿qué está pasando carajo? exclamé con una voz que no reconocí como la mía.
Me alcanzaron un shot del tequila de Javier que bebí sin respirar. Estaba temblando, uno a uno mis amigos me abrazaron y trataron de calmarme y calmarse ellos también. El tequila se evaporó en dos rondas que bebimos en silencio, cada uno calibrando lo que íbamos a decir, como en las reuniones de la Maestría cuando nos enfrentábamos a la abrumadora mayoría progresista.
Agustín el más centrado de nosotros planteó las cosas con lógica: O había perdido la memoria durante seis meses por alguna razón desconocida, lo cual era improbable dijo por mi buen estado físico y mental, y por mi vestimenta intacta. O había caído en un agujero del tiempo y emergido este día, seis meses después. Dedujo que pasó lo segundo, gracias a sus conocimientos autodidactas de astrofísica.
− Vaya usted a saber cómo carajo pasó esto − dijo− pero aquí esta Leónidas − y no hay otra opción− y como pruebas exponía mi razonamiento cabal a todos sus cuestionamientos y mi indetenible temblar que también según él denotaban mi sinceridad absoluta. Y remató diciendo: “Al fin y al cabo que es el tiempo, lo vemos pasar indetenible, no lo podemos encasillar, ni aislar siquiera una milésima de segundo, vivimos en una conjetura que según los más destacados astrofísicos está llegando a su definitiva respuesta en un universo de diseño inteligente.
−Pero qué ha pasado en estos seis meses −exclamé mostrando los titulares del periódico− qué significa esto de que estudian suspender el toque de queda en todo el país… Europa reanudando relaciones con Rusia… Corea unificada nombra nuevo embajador ante los EEUU… que el socialismo está prácticamente extinto en Latinoamérica y España… que una extraña y densa paz cubre todo Oriente Medio y Asia… que el bloque de las Américas, China y África reafirman su alianza y gestionan un tratado de cooperación a todo nivel con Rusia ¿Qué locura es todo esto? −Y luego vi en ellos como un gesto paternalista ante la ignorancia de un hijo adolescente.
− Mira primo −dijo Martin− comenzaremos por decirte que ganó Trump sobre Sanders y se armó un lio como hace cuatro años. Pero escaló, hubo de todo. Un grupo de extremistas demócratas conspiraron para matar a Trump, pero solo lo hirieron gravemente y ya contaban con un grupo de oficiales del ejército que los apoyarían ¡un golpe de estado aquí te imaginas!
−Si híjole −remarcó Javier− y por todos lados se sacaban la madre los demócratas y republicanos, la prensa de ambos lados exacerbó las cosas, hubo un vacío de poder, los altos mandos militares divididos dudaron en atacarse, pese a que habían tomado partido. Sucedió en el poder Mike Pence, que llamó de asesor a John Kasich.
−Entonces los civiles − continuó Elías− tomaron las armas. En el Heartland, millones cerraron filas con Pence, las costas este y oeste con Sanders, se supo que el gobernador de Nueva York, Cuomo, conspiró en el atentado contra Trump y un comando suicida de civiles lograron atacar su comitiva y ellos si tuvieron éxito. Con la desaparición de Cuomo la espiral de violencia entre los civiles escaló, se peleaba estado contra estado, ciudad contra ciudad, calle contra calle, vecino contra vecino, hermano contra hermano, padre contra hijo. El apocalipsis compadre po, buena la hicieron.
−Los militares americanos seguían sin saber que hacer − siguió Agustín− nunca se había vivido aquí un golpe de estado o al menos su intento. Estos boludos se actualizaron en unos meses los dos siglos de golpes de estado que vivimos los latinoamericanos como deporte nacional. Y todas las tropas y barcos norteamericanos desplegados por el mundo regresaron a marchas forzadas al continente.
−Y qué decir del mundo entero con el mediador poderoso distraído en un conflicto local inimaginado, se dispararon a joder −agregó Martin. Corea del Norte invadió Corea del Sur y en su intento de enviar un misil balístico tuvieron la perra suerte de que el misil se desviara y cruzara el Mar Amarillo y pegara en Yantai ¡en China bro! matando a 220,000 personas, el 10 por ciento de la ciudad.
−Sí −añadió Agustin−y el pelotudo de Kim Jong-un al sentirse amenazado por los chinos que se les venían con todo, disparó contra China otra andanada que fue interceptada. China invadió Corea del Norte en un ataque relámpago masivo de una semana, al término de la cual los chinos pese a ser expertos en guerras sucias vomitaron al ver en directo las condiciones del pueblo y de los campos de concentraciones. Los chinos sin querer ganarse un caos político y humanitario luego de ahorcar a Kim y sus líderes más adeptos, tuvieron la genial idea de auspiciar la reunificación de las Coreas y que ellas se recuperaran solas del trauma.
−Y que me dices de Oriente Medio y el mundo árabe que atacaron Israel que se defendió con todo y resistió pese a las grandes pérdidas humanas en ambos bandos forzando a un diálogo −terció Elías− y Rusia se mantuvo con efectivos en el área, pero neutral facilitando una solución rápida. También Putin no movió un dedo en el conflicto coreano dejando que los chinos arreglaran las cosas. Ni qué decir que la frontera chino-rusa estaba impregnada de desconfianza como si fuera esta gasolina, felizmente y contra lo que se esperaba los dos gigantes compartieron algo que no estaba en su genética histórica: paz, cooperación y misericordia.
− Igual−concluyó Javier− pasó en el resto de Asia y África donde comenzaron decenas de conflictos que se suponía darían guerras apocalípticas, pero como una gripe que genera inmunidad las poblaciones desligándose del sentido nacionalista, por vez primera vieron a sus enemigos como lo que era realmente, sus semejantes y pausaron en lenta paz. Eso si los extremistas como los de Isis y otros grupos supra radicales fueron desarticulados, a veces muy violentamente por la población civil ya harta de tanta muerte. Igual les pasó a los progresistas de América Latina y España. Y justo hoy que apareces se han firmado muchos pactos de paz, comercio y cooperación.
−Y también hay una buena noticia para ti −se acordó Agustín− Elvira rompió con Ismael, tienes el camino libre galán.
− ¡¿En serio?!−exclamé.
− ¡Vieron como abrió los ojos! en serio campeón ahora depende de ti−dijo Agustín− palmoteándome hasta que me comenzó a doler el hombro.

−Joven se quedó dormido −un empleado de limpieza me tocaba fuerte en el hombro− esta es la última estación Coney Island, ya son las 3 y 30 de la mañana y no hay trenes hasta las 5 y 30, puede esperar arriba hay un Mc Donald que nunca cierra.
Mientras esperaba el tren y tomaba con ansiedad mi café me puse a pensar que sueño tan flojito, sin ningún error, y comencé a pensar que había sido una visión, más que todo, una visión a la vez aterradora y esperanzadora de un mundo donde las poblaciones están tan divididas por la política, la economía y las ideologías que olvidan el verdadero sentido que las iguala pese a cualesquiera circunstancias, la dignidad de ser un ser humano.

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