Home Arte y Cultura RESEÑA DE TEATRO: “American Son” en TheaterWorks de Hartford. Por Bessy Reyna

RESEÑA DE TEATRO: “American Son” en TheaterWorks de Hartford. Por Bessy Reyna

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TheaterWorks de Hartford tiene mucho que celebrar en estos días, ya que abre su temporada número 34 y logró recaudar suficientes fondos para la remodelación de la entrada del edificio, además de un aumento al tamaño del escenario, nuevos asientos, baños y hasta un elevador. Hay que felicitar a este magnífico grupo teatral por el trabajo tan importante que hacen y la dedicación que siempre han tenido para traerle al público excelentes obras de todo tipo: comedias, dramas y otras de gran relevancia social como es “American Son”, con la que abren esta temporada.

            Antes de reseñar esta obra es interesante comentar la realidad del racismo tan prevalente en estos momentos, se ve reflejada en tres obras teatrales en Connecticut, las que han sido presentadas, o se están presentando durante esta temporada. Estas obras tienen en común una temática que enfoca el racismo en contra de los Afro-americanos. Vemos por ejemplo que, en Julio Playhouse on Park presentó  “Scottsboro Boys” (ver mi reseña: “The Scottsboro Boys”: 9 vidas destruidas por el racismo, en Playhouse on Park / IDENTIDAD LATINA – Julio 3, 2019 ), la que trata sobre un grupo de jóvenes negros que fueron arrestados mientras viajaban en un tren. Ellos pasaron años en la cárcel, sin que ni siquiera los llevaran a juicio. Después de muchos años fueron declarados inocentes, pero sus vidas ya habían sido destruidas.

Tenemos también la obra “On the Grounds of Belonging”, que acaba de estrenarse en Long Wharf, en New Haven y trata sobre el peligro que significó para las vidas de los dos protagonistas, uno negro y el otro blanco, tener una relación homosexual en Texas, en los años 50 (ver reseña en el link: identidadlatina.com/wordpress1/resena-de-teatro-on-the-grounds-of-belonging-en-new-haven-por-bessy-reyna/).

            Ahora, con el estreno de la importante obra “American Son” encontramos otro aspecto del racismo tan latente en este país. Esta vez nos vemos obligados a compartir la incertidumbre y el sufrimiento de Kendra Connor, una madre negra y su esposo Scott Connor, quien es un agente del FBI blanco. Según como los padres de Jamal Connor lo describen, su hijo de 18 años es un joven muy disciplinado y estudiante ejemplar que nunca les ha causado problemas. Pero en la madrugada en la que se desarrolla la obra, no había regresado a su casa desde que salió la noche anterior en el carro Lexus, que le habían regalado por su cumpleaños. La desesperación de esta madre la lleva a presentarse a las 4am a la estación de policía para tratar de averiguar si saben algo de su hijo.

            Lo que ocurre durante las horas de madrugada en que ella, y luego su esposo, esperan respuesta de la policía, es un drama que mantiene al público en un suspenso constante, con cambios inesperados y sin saber cuál será la respuesta final que recibirán estos padres cuando la policía le den la información que tanto necesitan. Durante la hora y media que dura la obra, mientras los policías entran y salen, y buscan excusas para no dar respuestas, el público trata de imaginarse cual será desarrollo final de la misma. Tal vez, al igual que los padres, queremos aferrarnos a la esperanza de que este final no será desgarrador,  y que encontrarán a Jamal sin que le haya ocurrido nada malo.

            Escrita por el dramaturgo Christopher Demos-Brown, quien es graduado de la Universidad de Dartmouth y ha tomado cursos en la escuela Fletcher de Leyes y Diplomacia y en la Universidad de Ginebra, “American Son” es la primera de sus obras llevadas a Broadway, y la que debutó con gran éxito de la crítica en noviembre del 2018.   

            Esta producción está dirigida por Rob Ruggiero, quien es también director artístico de TheaterWorks. El elenco consiste de solo cuatro actores, todos ellos magníficos en sus interpretaciones. Ami Brabson utiliza todo su cuerpo con movimientos y numerosas expresiones para hacernos sentir la desesperación y la ansiedad que vive el personaje de la madre, Mrs. Kendra Ellis-Connor, sin lograr saber el paradero de su hijo. J. Antohony Crane es Scott Connor, el padre; quien pareciera creer que solo por ser agente del FBI le van a dar la información que él busca. John Ford-Dunker es el joven e inexperto policía Paul Larkin, a quien le ha tocado el turno de la noche y trata de mantener en calma, en lo que puede a los padres, mientras llega Michael Genet, el Teniente John Stokes, encargado de la investigación del caso.

            Al iniciarse la obra, nos encontramos con una escenografía simple pero eficiente diseñada por Brian Prather. Estamos en un salón de espera de una estación de policía en un área del Sur de Miami, en la Florida. Afuera de las puertas de vidrio vemos como cae una fuerte lluvia. Existen unos asientos de metal, en uno de ellos Mrs. Connor habla por teléfono, dejándole innumerable mensajes a su hijo Jamal, quien acaba de cumplir 18 años y ha recibido un elegante automóvil Lexus como regalo. Paul, tal vez por su falta de experiencia, trata de esconderse tras los reglamentos de la policía, insistiendo en que a él no le permiten dar ninguna información y que hasta que no llegue el Teniente Stokes, encargado de la estación, no podrán saber nada. Mientras tanto la madre, que es profesora de psicología, trata de ver cómo analizar al joven y le pide constantemente que entre a buscar en las computadoras de la oficina, por si hay noticias de su hijo.

            Ella llama al esposo y le deja también varios  mensajes, poniéndose más agitada con el transcurso del tiempo. El matrimonio lleva cuatro meses de haberse separado. Connor, el esposo, entra vestido con saco azul y corbata y Paul, al notar su placa policiaca piensa que Connor es el Teniente Stokes, al que han estado esperando por varias horas. Debido a esta confusión, Paul el que hasta ese momento, no ha querido decirle nada a la madre, empieza a hablar con Connor sobre lo que sabe del caso.

            Utilizando el diálogo entre Paul y la madre, el dramaturgo Christopher Demos-Brown no pierde tiempo en iniciarnos en lo que será una ilustración de una serie de estereotipos, sobre lo que piensa el policía de los adolescentes negros. Paul le pregunta sobre cómo se viste Jamal; su peinado, si tiene “dreadlocks” o trenzas largas, sus actitudes y hasta qué música escucha. La madre continúa insistiendo que su hijo es muy serio, responsable y que está a punto de entrar a la prestigiosa academia de West Point. Pero, son precisamente estereotipos que escuchamos en las preguntas de Paul, los que tienen tan preocupada a la madre, pensando qué podría pasarle a su hijo que es negro, si lo arrestan policías racistas. 

Sin necesidad de mencionar los nombres de las víctimas recientes de raza negra, quienes han muerto asesinados por policías, esta obra nos hace compartir la desesperación de esta y numerosas otras madres y además nos obliga a ser conscientes también, de la situación en la que puede encontrarse cualquier joven negro en este país, al ser detenido ya sea en su carro, o en la calle, simplemente por ser de raza negra y ser víctima de perfil de racismo.

            Scott Connor, es un hombre quien piensa que por ser miembro del FBI, el Teniente

Stokes le dará todos los datos sobre el “incidente” en que está involucrado su hijo. Pero no es así. Stokes también insiste que él tampoco posee esa información. El celular de Connor suena y al abrirlo ve un video que le envía su hermano. Es un reporte en un noticiero sobre un incidente entre jóvenes negros y policías y donde se escuchan disparos. Connor reconoce el carro Lexus de su hijo que aparece en el video. Con la introducción de esta información, la trama cambia de tono. Nos enteramos que Jamal tiene una calcomanía pegada en el bumper trasero del carro que dice “Shoot Cops”  (que en español significaría: “disparen a los policías”) en grandes letras, pero también en letras más pequeñas dice “Take a video” (“Tomen video”). O sea que no era un mensaje para matar policías sino para protegerse en caso de una confrontación tomando un video. El padre no puede creer que su hijo tenga algo así en el carro que puede ser hasta peligroso para él, siendo del FBI. Para estos padres es casi imposible creer que su hijo no es el joven perfecto que siempre se han imaginado. La frustración del padre es fácil de ver cuando él cuenta como su hijo ha estudiado en las mejores escuelas privadas y ha tenido todas las mayores oportunidades económicas.

            Mientras continúan esperando la información, y después de ver el video, Connor se vuelve irracional y violento, y el Teniente ordena a Paul que lo arreste. Mientras Connor es llevado a la prisión, la madre empieza a discutir con el Teniente. Ahora, nos encontramos ante una interesante discusión entre dos personas de raza negra. El Teniente niega que el carro de Jamal fuera detenido por el mensaje puesto atrás en el carro, “lo que ocurrió es que en el carro estaban cuatro jóvenes negros y a uno de ellos lo estaba buscando la policía”. La discusión entre la madre y el Teniente acaba con ella insultándolo, insinuando que él ha vendido a los blancos como el “Tío Tom”.

            Pero no todo es una confrontación constante durante la obra. En una escena algo tierna, la esposa le cuenta al marido cómo su hijo había llorado porque su padre se fue de la casa. Ella excusa el comportamiento como una rebeldía y por el dolor que él siente por el abandono del padre. Tanto el diálogo del matrimonio sobre por qué su relación no funcionó, culpando mayormente a la falta de compatibilidad por ser de dos razas distintas, y hasta cómo discutieron ponerle al hijo el nombre de Jamal, en vez de Andy o algo por el estilo, así como al entablarse una discusión entre la madre con el Teniente, nos damos cuenta una vez más, de las ramificaciones y lo difícil que es sobrevivir dentro de una sociedad, en la que las personas son declaradas sospechosas o culpables simplemente por el color de su piel. En un momento, tanto la madre como el Teniente acuden a estos estereotipos comunes para justificar sus palabras y sus acciones.

            No voy a decir cómo termina la obra, ya que pienso que vale la pena verla, no solo porque es una obra sobre el racismo, un problema que nos afecta a todos como sociedad, pero sobre todo porque es una estupenda y bien lograda producción.

            Sin embargo, hay algo de crítica que debo hacer, esto es con respecto al vestuario de la madre, diseñado por Herin Kaputkin, el que no me pareció adecuado. La madre es una profesional y en esta obra la visten con  un chaleco hasta la cintura, de una piel castaña (que por cierto es casi del mismo color de los zapatos y el cinturón de su marido) y al quitárselo ella tiene puesta una camisa que pareciera que la acabara de sacar de una caja de donación de ropa. También pensé que alguien debió hacer que la actriz caminara en la acera antes de empezar la obra, porque la suela de su zapato era completamente blanca, a pesar de que el personaje entra al cuartel cuando está lloviendo y desde el estacionamiento.

Confieso que mi curiosidad por el vestuario, me llevó a buscar fotos de la obra en Broadway y vi que la madre, interpretada por Kerry Washington, tenía un sweater abotonado al frente y no era muy elegante. Estos son pequeños detalles que sin embargo sirvieron como una distracción innecesaria en lo que es una obra de gran intensidad. Me imagino el dramaturgo pensó que una madre que sale corriendo de su casa a las 4 de la mañana y en la situación en la que se encuentra la Sra. Connor, no tiene tiempo para pensar en qué ropa ponerse. Al iniciarse la obra está lloviendo y relampagueando y al terminar hay un fuerte relámpago y trueno y la lluvia recrudece, lo cual pareciera ir en conjunto con las emociones in crescendo de los personajes. Frederick Kennedy fue el diseñador de sonido.

            Me llamó la atención que Ruggiero, quien es un magnífico director, mantuviera al personaje de la madre dándole la espalda por completo al público que estaba sentado en la sección a la izquierda, donde yo estaba, ya que nos perdimos de ver sus expresiones sobre todo cuando habla con el joven policía por primera vez.        

           “American Son” se presenta en TheaterWorks, 233 Pearl Street en Hartford, hasta el 23 de Noviembre. Para información sobre tandas y boletos visiten: www.twhartford.org o llamando al 860-527-7838.

* Bessy Reyna es miembro de la Asociación de Críticos de Teatro de Connecticut (CCC). Más de ella en www.bessyreyna.com

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