Home Opinion Regreso a la Escuela, aún con interrogantes. Por: Armando Zarazú (Parte I)

Regreso a la Escuela, aún con interrogantes. Por: Armando Zarazú (Parte I)

En poco mas de un mes los centros educativos de Connecticut y del país en general, estarán abriendo sus puertas para empezar un año académico más. En otros tiempos sería una actividad normal y para los que por primera vez comienzan a estudiar de manera oficial, un hito inolvidable en sus vidas, marcada con las fotografías del caso y lloriqueos de los que todavía no se animan a abandonar el amoroso seno familiar. Sin embargo, dadas las circunstancias inusuales que nos toca vivir, la apertura del año escolar se está convirtiendo en un caso de salud pública, algo que lamentablemente está siendo politizada por algunos, a quienes más les importan sus propios intereses, vale decir, las próximas elecciones de noviembre.

Bien sabemos que en estos momentos los Estados Unidos y el mundo en general, están sufriendo los embates de una pandemia que no tiene solución a corto plazo. La aparición de una vacuna mágica que prevenga o cure el Coronavirus no está a la vuelta de la esquina, mientras tanto se tiene que afrontar la situación de la mejor forma posible, con la participación de todos y siguiendo lo que indica la ciencia y el sentido común.

En la segunda semana de marzo pasado se cerraron todas las escuelas como medida de seguridad y protección de la población educacional conformada por estudiantes y todos, lo que de una u otra forma están involucrados en el proceso educativo de nuestra niñez, maestros, personal administrativo y de servicio. Indudablemente que esta situación afectó directamente a los padres de familia, los cuales tuvieron que convertir sus hogares en salones de clase improvisados para adecuarse a la llamada “educación a distancia”.

A estas alturas todavía no hay una solución que sea de la entera satisfacción de todos los involucrados en educación. Por otro lado, es literalmente imposible predecir cómo se desarrollarán las cosas hasta la primera semana de septiembre, sobre todo si se ve cómo el coronavirus se está expandiendo en el sur del país.

Los intereses políticos no son buenos consejeros cuando se trata de la salud de los estudiantes, de allí que tratar de imponer fechas para abrir las escuelas obligatoriamente es como “hablar de pajaritos preñados”, porque simplemente no se está tomando en cuenta seriamente lo que dice la ciencia o los que conocen mejor el tema. El argumento que se está utilizando para tratar de impulsar la pronta apertura de las escuelas es que los niños se están atrasando académicamente. Esto es cierto y lamentablemente hay que reconocerlo, sobre todo en el segmento de población con menos recursos económicos, a la que pertenecen las llamadas minorías étnicas, las cuales, dicho sea de paso, han sido duramente atacadas y afectadas de una manera desproporcional, por la pandemia.

Es cierto también, que muchos de estos niños reciben parte de su alimentación en las escuelas a las que asisten; además de que sus padres no tienen la ventaja de poder trabajar por internet desde sus casas, lo cual se refleja en la dificultad que han tenido algunos de conectarse a lo que ahora está de moda, es decir al “aprendizaje de distancia”, solución que se tuvo que improvisar de alguna forma para completar al año académico la pasada primavera.

El problema principal que se presenta con la apertura de las escuelas el próximo otoño es la utilización política que se está haciendo del tema, el cual apunta indudablemente a las próximas elecciones de noviembre. Hacerlo con ese tipo de interés es equivocado, sobre todo si no se quiere escuchar la opinión de los expertos, es como jugar con la salud de las futuras generaciones.

Una de las características peculiares del sistema escolar de los Estados Unidos es que dependen casi directamente a la Municipalidad del pueblo o ciudad a la que sirven; cada sistema escolar maneja directamente todo lo referente a su funcionamiento, esto incluye su calendario escolar, en el cual como es obvio, indica su apertura y clausura, independientemente a lo que puedan decidir las poblaciones vecinas. En esta situación que estamos viviendo representa una ventaja, porque cada sistema escolar debe escoger lo que es más conveniente para la salud de sus estudiantes, sin presiones de ninguna índole, sobre todo si estás tienen más interés político que real para el bienestar público.

Al momento de escribir estas líneas se está debatiendo, en las Juntas Educativas de los diversos pueblos de Connecticut y del país, la forma cómo se reabrirán las escuelas en las actuales circunstancias que atravesamos. Cada una verá las ventajas y desventajas del sistema que escojan para beneficio de su población escolar, mientras tanto, aquellos que como el que esto escribe, esperan con ansiedad el momento de interactuar nuevamente con sus jóvenes estudiantes.

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