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Perú y la historia del cierre del Congreso

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Por: Daniel Torreblanca

Me pidieron que hable sobre la situación actual de Perú, y lo veo fácil, hay tanto que decir y tantas imágenes que se me vienen, que seguro los dedos me quedarán cortos para graficar y exponer lo que sucede y que nos tuvo a la expectativa e inquietos estos días.
El presidente Martín Vizcarra disolvió el Congreso de la República ante las reiteradas insolencias e inconductas de parlamentarios de las filas del fujimorismo y del Apra, que a todas luces no solo blindaron, sino encubrieron a personajes implicados en corrupción, no sancionaron a congresistas de sus filas con probados argumentos para ser expectorados y complotaron contra el gobierno. Además ahora último se supo, trataron de dinamitar las investigaciones sobre corrupción, sobrevaloración y coimas de Odebrecht a congresistas, aquellos que justamente predicaban su inocencia, acusaban a los demás y finalmente intentaron desviar las pesquisas de los fiscales.
Pero el asunto viene de más atrás, viene justamente desde abril del 2016, donde la candidata del partido Fujimorista, Keiko Fujimori perdió una elección (por un margen estrecho), y nunca pudo aceptar esa derrota, se aferró a la idea de “gobernar” desde el Congreso, donde tenía una amplia mayoría, casi 80 congresistas de 120, forjó una situación insostenible entre el legislativo y el ejecutivo, una obstrucción irracional, insolente e implacable al gobierno en ese entonces de Pedro Pablo Kuczinsky, a quien finalmente lo sacó de palacio.
En medio de ello asumió el actual mandatario Vizcarra, a quien pretendieron manipular y manejar, no contando con que este último era un personaje práctico, objetivo y cabal, pero sobretodo, quien cambiaría la historia, los enfrentaría, los convocaría, los soportaría, los toleraría, pero al fin, los vencería.
La crónica de una “disolución” anunciada empezó el 28 de julio de este año, cuando el presidente conminó al Congreso a aprobar el adelanto de elecciones en el más breve plazo, luego se vino un clima enrarecido y denso, en el cual los congresistas del fatídico fujimorismo, inventaron, al mejor estilo de una película surrealista, los más grotescos y torpes libretos para dilatar, postergar y confundir a la gente. No tuvieron nunca la intención de cumplir lo que les mandaba la constitución y abruptamente un día, mandaron al archivo, por no decir a un tacho, la propuesta del adelanto de elecciones de Vizcarra.
Pienso que allí firmaron su sentencia, pues Vizcarra no daría marcha atrás, y teniendo a Salvador Del Solar, el Primer Ministro, como su lugarteniente, de inmediato manifestó que sometería a la ya famosa “cuestión de confianza”, figura que contiene dentro de sí el cierre del Congreso, si es que se le niega por tercera vez (como era el caso); y ya en una clásica intervención llena de fricciones, empujones, y desatinos de los patéticos congresistas fujimoristas y apristas, un joven y preclaro Del Solar (personaje brillante, ex actor, pero sobretodo íntegro y honesto), declaró o pidió la “cuestión de confianza”, la cual fue dada, pero descaradamente, a los minutos, desnaturalizaron e incumplieron cínicamente esa “confianza”; lo que irremediablemente provocó la ira de Vizcarra, y, siempre con la ley y dentro de la constitución, el presidente declaró disuelto el Congreso, ante la explosión de júbilo de todos los peruanos.
Estos sucesos han demostrado que el sentido común, la racionalidad y la fuerza de la gente, pueden hacer historia, si es que coinciden, se entrelazan y se alían providencialmente en el momento de la verdad, y en tiempos en que la intolerancia, la mentira y la corrupción ya habían averiado severamente las estructuras de la legalidad y la decencia. Esto ya no daba para más y tenía que pararse, fueron 3 años complicados políticamente, insulsos y delirantes; aún el ambiente está tenso, pero creo que al Perú se le vienen tiempos mejores.

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