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“Lifespan of a Fact” en TheaterWorks: Una obra que nos obliga a confrontar lo que leemos. Por Bessy Reyna

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Foto: cortesía de Broadwayworld.com

            La obra teatral “Lifespan of a Fact” (título que traduciría como “Comprobación de Datos”, o “Trayectoria de un Dato”) que se presenta en TheaterWorks en Hartford, es una obra que obliga a la audiencia a decidir quién tiene la razón, ya que son testigos de una discusión  entre el joven Jim Fingal, y el autor John D’Agata. Lo que presenciamos es un conflicto ético entre el autor de un “ensayo” que será publicado en una revista, y el joven Fingal, recién graduado de la Universidad de Harvard. A Fingal, quien tiene poco tiempo de trabajar en la revista, le dan la responsabilidad  de “verificar todos los datos” que han sido incluidos en el ensayo. Este autor, un poco pedante, no deja que a sus escritos se le llamen “artículos” sino “ensayos”.

              La obra, escrita por Jeremy Kareken, David Murrell y Gordon Farrell está basada en el libro del mismo nombre y solo cuenta con tres personajes. Decir que la producción de TheaterWorks es magnífica no es suficiente. Esta es una obra que necesitamos ver, y discutir, sobre todo en esta época en la que los medios de difusión, sobre todo de la derecha conservadora, cambian la realidad de los hechos para ajustar los mismos a su política reaccionaria y convencer a sus seguidores que, lo que tienen frente a sus ojos no es de verdad la realidad.

            La directora Tracy Brigden, quien conocimos durante su trabajo en Hartford Stage, ha recibido premios y nominaciones por sus direcciones teatrales en Connecticut y otros lugares. Ella no deja pasar ningún detalle que pueda quitarle la tensión entre los personajes, y maneja a sus actores dentro del escenario de una manera en que puedan verse desde cualquier área del teatro. Tanto la escenografía, diseñada por Brian Prather, como el vestuario creado por Tracy Christensen, representan no solo el lugar donde se desarrolla la trama sino también la personalidad de los personajes. La obra tiene un reparto perfecto y está magistralmente interpretada por Tasha Lawrence, como Emily Penrose; Nick LaMedica, como Jim Fingal y Rufus Collins, como el autor John D’Agata.

            La obra se inicia con proyecciones de palabras y narración sobre los acontecimientos que están incluidos en el ensayo. En la primera escena, Emily Penrose, la editora de una revista le da al joven Fingel la responsabilidad de verificar todos los datos, ya que este autor tiene la mala costumbre de “cambiar la realidad”, según le parezca que suene mejor en el artículo.

Lo que nunca se imaginó Penrose fue que Fingal, fuera tan compulsivo en su trabajo y que iba a ser tan estricto, que al fin pondría en duda casi todo lo que escibió D’Agata. Por ejemplo, los ladrillos del edificio no son rojos como dice el autor, si no marrones. El joven suicida demoró ocho segundos en caer y no nueve. Esa pulcritud por parte de Fingal es la que lo lleva a viajar hasta Las Vegas, donde vive el autor, para discutir con él en persona las discrepancias. A todo esto, la editora Penrose no tiene idea que de este joven viajó a confrontar al autor, ni que tiene tantas preguntas al respecto de lo que este artِículo dice. Sobre todo, si se toma en cuenta de que él mismo da nombres de dos jóvenes suicidas, y el autor decide cambiar hasta la forma de cómo uno de los personajes se suicidó.

            La editora se ve forzada a viajar también a Las Vegas, y al llegar al apartamento del autor se encuentra con la gran pelea de estos dos personajes. Ella trata de seguir de intermediaria pero ninguna de las partes quiere darse por vencido.

            ¿Hasta qué punto podemos creer lo que vemos o leemos? ¿Hasta qué punto somos manipulados por los medios de difusión, libros y artículos en revistas para hacernos cambiar de opinión, utilizando datos ficticios? Estas son las preguntas que le dan unidad a esta obra y que la convierten en algo de una importancia tan inmediata. Al final, no sabemos cuáles serán los cambios que aceptan, tanto la editora como el autor, o si el joven verificador continuará luchando porque se escriba la verdad y tendríamos que leer el “ensayo” en believermag.com/what happens-there.

            Casi a diario vemos como la tecnología del Internet hace que las personas aparezcan por ejemplo, como si estuvieran “borrachas”, que fue por ejemplo lo que hicieron con un video en contra de la Senadora Pelosi, o le ponen palabras a alguien quien no las ha dicho. En esta época de elecciones presidenciales, es como si necesitáramos a una persona tan dedicada como el joven Fingal para que nos verifique si lo que nos están diciendo es cierto o no.

            La producción de TheaterWorks que termina el 8 de Marzo, ha sido tan popular que tuvieron que poner funciones especiales. Para mayor información visiten: twhartford.org           

* Bessy Reyna es miembro de la Asociación de Críticos Teatrales en Connecticut.

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