Home Internacionales Idas y venidas en la política Latinoamericana

Idas y venidas en la política Latinoamericana

El pasado 18 de octubre se realizó la elección presidencial en Bolivia, la cual había sido pospuesta en dos oportunidades debido a la pandemia que está atacando al mundo desde comienzos del presente año. El vencedor indiscutible y con casi el 55% de los votos fue el economista Luis Arce, quien le sacó más de 25 puntos a su más cercano competidor, el expresidente Carlos Mesa. La victoria de Arce fue tan contundente que, a la presidenta advenediza Jeanine Añez, la misma que entró Biblia en mano al Palacio Quemado he hizo arrojar los símbolos quechuas y aymaras, por ser “símbolos paganos”, no le quedó más remedio que aceptar lo que la mayoría veían venir, menos ella.
Ahora bien, hasta aquí, todo normal, elecciones como cualquier otras realizadas en un país latinoamericano. Sin embargo, lo resaltante y extraordinario fue el silencio absoluto con el cual se trató esa noticia. Silencio contrastante con el ruido y algarabía con que se reportó la renuncia de Evo Morales, expresidente boliviano, y posterior viaje al exilio a la Argentina, ocurrido hace un año. La razón es obvia por cierto, el nuevo presidente no es del agrado de aquellos que miran por sobre el hombro a los representantes de las grandes mayorías bolivianas, sobre todo a su líder máximo, Evo Morales.
Para entender la popularidad de Morales entre la mayoría de la población, es necesario conocer y sobre todo reconocer que la economía del país altiplánico tuvo un crecimiento constante la mayor parte del tiempo de su gobierno. Por si fuera poco, durante su mandado logró reducir en dos terceras partes, la cantidad de gente viviendo con menos de dos dólares diarios. Utilizó los ingresos provenientes del gas para beneficiar a la mayoría de la población boliviana. Lo único que hizo Añez, aparte de desatar una persecución contra los simpatizantes de Morales, fue demostrar una incapacidad terrible para manejar la plaga del Covid-19 que hace recordar a uno que acaba de perder las elecciones y no se quiere ir con el cuento de “me las han robado porque soy más popular y querido”.
En Chile, el pasado 25 de octubre, el 87% de los votantes le dijo adiós, esta vez definitivamente, a la Constitución que les había impuesto el dictador Pinochet, el cual fungía de honesto y honrado, pero que había resultado un pillo de siete suelas. No se puede negar que la tierra de Pablo Neruda prosperó económicamente, sin embargo, esa prosperidad no llegaba a los bolsillos de los más necesitados, si no de los grandes consorcios económicos de ese país.
Últimamente ya se había notado que todo no era maravilla en Chile, la juventud sobre todo, se había manifestado multitudinariamente solicitando, entre otras cosas, mejoras en la educación y que esta no sea elitista, es decir solo para aquellos que pudieran pagarla; igualmente, buscaban mejoras en el sistema de pensiones para los jubilados. La Asamblea Constitucional será elegida el próximo abril y Chile espera con esperanza que algo bueno pueda salir de ella.
Para terminar, hemos visto que el Perú ha batido un récord, al menos de los últimos años en la cantidad de presidentes en el más corto tiempo posible, 3 en seis días; también está por batir otro, nada halagüeño por supuesto, tener a sus últimos presidentes, ya sea presos, en proceso de extradición, arresto domiciliario, proceso judicial con cárcel casi segura, un suicidado y el más reciente con problemas legales que de seguro lo llevarán a la cárcel. ¿Los cargos? En la mayoría de los casos corrupción y recepción de dinero para conceder contratos inflados.
La última crisis peruana ha sido motivada por la ambición de un oscuro personaje a quien le hicieron creer que era “presidenciable”, de nombre Manuel Merino. En realidad, quienes le azucararon el café fueron las grandes mafias que dominan el llamado mercado universitario y que han hecho, de la educación superior impartida por estos “centros de estudios superiores privados” en el hazmerreír de los entendidos y en la mina de oro de gente inescrupulosa que solo ve el interés de sus bolsillos.
El flamante presidente, Francisco Sagasti, un técnico dedicado más al quehacer cultural y académico, terminó la ceremonia de su juramentación leyendo unos versos del poeta más popular peruano, César Vallejo. Si bien Sagasti terminará los ocho meses que le faltaban al presidente Vizcarra, que fue vacado por el Congreso, su calidad de hombre muy poco amigo del ruido político, dan mayor esperanza que los anteriores presidentes.

Armando Zarazú

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here