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El derecho de la mujer a votar en EEUU cumple 100 años. Por: Armando Zarazú

Cuando las originales trece colonias se independizaron de Inglaterra, se convirtieron por decisión propia en los Estados Unidos de América, una nación libre y soberana que pronto adoptó una Constitución para garantizar el gobierno, libertad de expresión y libre pensamiento de todos sus ciudadanos. Hasta ahí todo suena bonito; sin embargo, ese documento ignoraba la existencia de la mujer como ciudadana, sin derecho a ninguna de las prerrogativas de las cuales gozaban los hombres.

Indudablemente que esta injusta omisión no iba a tardar en tener detractoras, una de las primeras en hacerlo fue Sarah Grimke, quien en 1838 publicó el libro titulado “La igualdad de los sexos y la condición de la mujer” en Boston, libro que tuvo gran circulación entre la población femenina de ese entonces. En esos años la mujer era mal vista por la “sociedad civil” si trataba de participar y opinar en eventos de interés general. Había oposición a que la mujer pudiera hablar en reuniones públicas en las que había hombres y mujeres; se entendía que estas deberían estar calladas.

En 1838 Angelina Grimke pronunció un discurso público en la Legislatura del Estado de Massachusetts en contra de la esclavitud. Pronto otras mujeres comenzaron a levantar sus voces, tanto en oposición a la esclavitud como en defensa de los derechos de la mujer; entre ellas se puede enumerar a Ernestine Rose, Lucretia Mott, Abby Kelly Foster y Lucy Stone. Esta última, rompiendo los estereotipos de la época, desarrolló una exitosa carrera de conferencista y, por lo mismo, jugó un importante papel para incentivar a las mujeres a hablar en público en defensa de sus derechos.

Por otro lado, la oposición masculina a que las mujeres tuvieran activa participación en la vida de los Estados Unidos empezó a tornarse violenta, con ataques físicos en las reuniones femeninas, al punto que Susan B. Anthony, líder del movimiento a favor del Voto de la Mujer dijo que “que ningún paso adelante dado por la mujer ha sido tan duramente reprimido como el hablar públicamente”.

En realidad, las leyes de esos años ponían a la mujer en poco menos que la situación de un niño, sin poder decidir absolutamente nada, con el esposo a cargo de todo, hasta de los bienes que ella podía haber aportado a su hogar como parte de la herencia paterna. Por si fuera poco, la esposa podía ser maltratada físicamente sin tener la esperanza de obtener protección legal. La ley, simplemente estaba de espaldas a la mujer, en su hogar y en la vida pública de la nación.

Frente a una sociedad machista que la subyugaba terriblemente, poco o nada era lo que podía esperar la mujer en esos años. Hasta 1837 ninguna mujer se había graduado de la Universidad en los Estados Unidos y, hasta 1877 ninguna tenía un doctorado. El tiempo seguía pasando y hasta 1920 ninguna mujer había votado en elecciones nacionales.

El movimiento por los derechos de la mujer va empezando a tomar fuerza a mediados del siglo XIX cuando se realizan Convenciones a favor del tema en Seneca Falls, Nueva York; luego en Rochester, también en Nueva York; y en Worcester, Massachusetts. Es a partir de esos años en que aparece la figura de Susan B. Anthony, admirable y valiente mujer que tuvo el coraje de enfrentarse no solo sus antagonistas, sino que organizó a un grupo de mujeres para registrarse y votar en las elecciones de 1872, muchas no lograron su cometido, Pero ella y algunas otras más pudieron hacerlo, motivo por el cual Susan B. Anthony fue arrestada y sujeta a juicio. Durante el desarrollo de su juicio su alegato lo hizo por medio de un discurso que tituló “¿Es un crimen que un ciudadano de Estados Unidos vote?”. Luego de un controversial y sesgado juicio fue condenada a pagar cien dólares de multa, a lo cual ella le dijo al juez “nunca pagaré un dólar de su injusta sentencia”.

Curiosamente, hace unos días “fue perdonada” por el presidente de la nación, decisión que ha sido duramente criticada debido a que ella no lo hubiera aceptado, de la misma forma en que no aceptó la decisión del juez que la condenó por algo que ella consideraba injusto e ilegal.

Finalmente, el esfuerzo, sacrificio y firme decisión de esas heroicas mujeres para lograr el Voto Femenino hizo que la Cámara de Senadores de los Estados Unidos apruebe el 18 de setiembre de 1920 la enmienda número diecinueve de la Constitución, con la que culminó un largo proceso que duró muchísimos años en la historia de este país. La enmienda mencionada finalmente otorgó el Derecho al Voto a la Mujer estadounidense. Lamentablemente, esta extraordinaria mujer que no tuvo miedo de ser detenida por la policía, juzgada injustamente solo por reclamar un derecho que inalienable a todo ser humano, no tuvo la satisfacción de ver su sueño hecho realidad debido a que murió en 1906 en Rochester, Nueva York.

A la fecha, luego de ejercer su derecho al voto, miles de mujeres visitan la tumba donde reposan sus restos en el cementerio de la ciudad donde vivió y pegan la estampa que dice “I voted” (Yo voté) en su lápida, como un homenaje a quien sin temor luchó siempre por ese derecho para la mujer. Susan B. Anthony ha sido la primera mujer cuya figura apareció en la moneda de un dólar en 1979. La inclusión de la mujer en los registros electorales del país ha significado que esta sea parte de la vida política moderna de los Estados Unidos, es así como en el actual Congreso cuenta con la participación de un considerable número de mujeres en sus filas. Si bien es cierto que, de acuerdo con las estadísticas poblacionales, todavía falta un apreciable número de congresistas para lograr el equilibrio necesario, ya se están viendo cambios que hubieran sido increíbles pocos años atrás. Parafraseando al poeta peruano César Vallejo, “Hay hermanos muchísimo que hacer…”

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