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Diego Maradona, murió el jugador nace la leyenda

Luego del fallecimiento del argentino Diego Armando Maradona, ex estrella suprema del fútbol mundial, me puse a buscar un artículo que escribí para el desaparecido periódico de Hartford, “El Extra News”. Mi olfato de comunicador hizo que lo encontrara y lo volví a leer para repasar mi punto de vista sobre el astro futbolero. Fue publicado en febrero de 1977, con el título: “Maradona: Cara y seca de un ídolo” y fue a propósito de que el Diego había declarado que no jugaría más al fútbol profesional, a los 36 años.
La nota la dividí en dos partes, el lado netamente futbolístico y lo extra futbolístico. Hablé de sus últimos años de jugador, de su vuelta a la selección argentina, la sufrida clasificación para el Mundial de EEUU en 1994, donde el “Pelusa” fue factor decisivo en los juegos de repechaje frente a Australia. Su breve y explosiva participación, con aquella imagen de muchacho inerme caminando con la enfermera para el control antidoping que luego dio positivo.
Cumplida la suspensión de 13 meses de la FIFA, su vuelta a Boca, el club de sus amores en septiembre de 1995, con el pelo pintado de azul y amarillo. Otro breve paso, tratando de forzar sus últimos meses de jugador. Sabíamos que el “otro” Maradona ya iba ganando. En 1996, en medio campeonato y luego de su irregular participación en la cancha y su vinculación con la droga, luego de la detención de su representante Guillermo Coppola, anunció su adiós al fútbol profesional. Inesperado o no, con otra de sus frases célebres dijo hasta acá nomás, “el futbolista a muerto”…
La segunda parte de mi artículo, fue más extensa que la primera. Quizá porque dentro de mí quería justificar la debacle del jugador y también, no lo niego, reprocharle su despedida de esa manera. Hablé de la droga que según el mismo, apareció en su vida en 1988 cuando jugaba en Italia, lo que claramente fue minando su estado físico y anímico. Los amigos, muchos que le hicieron daño porque solo sirvieron para adularlo y sacarle beneficio. El paso de sus representantes: Jorge Cyterszpiler, en su etapa más sana y de irrupción al mundo, Marcos Franchi, y Guillermo Coppola, un conocedor de la farándula y quien lo relacionó con la droga y los excesos. Una referencia a su familia, el amor y apego a sus padres, esposa e hijas (aún no se conocía mucho sus infidelidades y desvaríos en su vida más personal).
Puse unos párrafos para mencionar sus desplantes y extravagancias, ya había tenido un hecho de un insólito de disparar a los periodistas al frente de su casa. No me olvidé tampoco de las declaraciones con las que se podían hacer grandes archivos, algunos buenos conceptos y otras desubicaciones para llamar la atención. Las contradicciones, que lo llevaban a cambiar de opinión de un día a otro, lo cual lo mostraba en varios momentos como omnipotente y soberbio.
Me quedo con las frases que escribí al final y la reproduzco textual: “Lamentablemente no tuvo al lado a nadie que le parara en seco la pelota y lo enfrentara con su propio espejo, o quizás él nunca soportó esa presencia…. /… Este otro Maradona nos quitó la posibilidad de deleitarnos con los últimos cinco años que aún tenía para dar el Maradona-futbolista”.
Han pasado 24 años de aquella nota que escribí, mucho no la cambiaría si lo hiciera hoy día. La vida de Diego siempre tuvo las dos caras de la moneda. El 25 de noviembre de este 2020 falleció de un parto cardiaco a la edad de 60 años. Descansa en paz Diego. Gracias por lo que nos diste como jugador.

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