Vientos fríos al sur del mapa

Se viene la estación de la Primavera en el hemisferio Sur, y con ella las flores, los campos verdes, la alegría y los colores; y es providencial su aparición después de un crudo invierno que nos congeló y enfrió de manera desmesurada; como es sabido, por estos lugares de América del sur, en las alturas muy cerca de la cordillera de los Andes hace un frío irreverente en la estación aludida, y como le extrañó a algún visitante de las tierras del norte, de cómo se podía vivir aquí con temperaturas bajo cero casi siempre, en los fatídicos meses de Junio y Julio, y no tener calefacción ni ningún otro dispositivo que haga tolerable ese frío que nos intimida, se nos ocurrió pensar en las mil y una formas que mis paisanos combaten esos ambientes helados en casa, con bolsas de agua caliente, ropa gruesa, bebidas calientes y hasta contorneándose y sacudiendo los brazos; por eso mismo es que la Primavera es tan esperada y tan añorada, y la sucesión de las demás estaciones, verano, otoño, invierno y otra vez primavera, recrean un ciclo muy parecido a la historia o a la vida misma, como que se nace en la primavera, se celebra y llega a lo más alto en el verano, y al reposo y la madurez en el otoño, para guardarnos luego en el invierno.

Los paisajes y escenarios cambian notablemente en primavera, el sol tiene otra presentación, se asoma irremediablemente por encima de nuestras cabezas, son los equinoccios que ubican a los dos polos a igual distancia del astro rey, y los colores cambian, los matices son otros, la forma como van recorriendo los haces de luz nos provocan nuevas sensaciones, las calles parecen más limpias y brillantes, será porque estamos dejando atrás al frío invierno, y nos embarcamos en una nueva aventura, los campos se abren de par en par, y es posible decir que la creación del mundo, tal como lo cuenta la Biblia, fue hecha por esos tiempos y esas circunstancias; ya en la antigua Roma la diosa Flora personificaba a la primavera y fue el Renacimiento aquella visión poética que la aludía y que inspiraba a todos los campos del arte, la poesía, la pintura, la escultura y la música; se podría decir entonces que en aquella época se veneró esa estación y lo prolífico de su arte se debió en gran parte a esa magia de la naturaleza.

La primavera es sin duda la estación favorita; ni mucho frío ni mucho calor, el término medio que mantiene el equilibrio en la piel, pero también en nuestras decisiones; aunque los poetas prefieran el otoño para exponer sus angustias y nostalgias, y otros mortales que se mantiene más sensatos y prudentes en invierno, o aquellos que explotan y se aceleran en verano. En primavera, que por estos lados comienza el 23 de Setiembre, se puede uno acomodar para lo que se viene, todavía nadie nos presiona, es como un premio o una meta después de la crudeza del anterior ambiente, es como un regalo de la naturaleza, un mundo pequeño por tres meses; las flores abundantes, una temperatura mediana, las personas desplazándose con inusual ligereza, el sol al centro, el aroma y la música de los atardeceres, el canto de los pájaros y unas ansias por recuperar el tiempo perdido; nuevamente la creación en su esplendor, los sentidos muy encendidos, y aunque ya no seamos adolescentes, es momento propicio para volver a soñar, recomponer corazones, acelerar los latidos y por que no, a ilusionarse otra vez.

Y al otro lado del mundo, ¿cómo estamos?...

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