Víctor Lozano: ¨Tengo una visión diferente del sueño americano”

Víctor Hugo Lozano Hidalgo (65) nació en Lima, Perú pero fue criado en Cabana, Ancash, la tierra de sus padres. Solo fue a la capital a estudiar en la Universidad, y dice que ahí sufrió el rechazo por ser de origen de la Sierra. Sin embargo, estudió Agronomía y volvió a su “tierra” para aplicar sus conocimientos y tuvo éxito. Cuando gran parte de su familia se mudó a los EEUU, también él emigró ya con su esposa y sus tres hijos. Trabajó y vivió la experiencia americana también con éxito. Pero, apenas logró su jubilación decidió pegar la vuelta al Perú para seguir logrando sus metas. Aquí nos cuenta sus experiencias.

 

Víctor, ¿Cómo fue tu niñez y tu familia?

-Tengo que reconocer que las bases de mi vida me la dieron mis abuelos. Junto a ellos y mis padres vivíamos en Cabana. Yo soy el mayor de tres hermanos. Después de la muerte de mi mamá, mi hermano se vino a los EEUU a los doce años. La hermana de mi mamá ya vivía en Connecticut, en la ciudad de West Hartford, en ese tiempo.

-Sin embargo, te fuiste a estudiar a Lima, ¿Cómo fue esa etapa de tu vida?

-Efectivamente, me fui a Lima a estudiar a en la Universidad Técnica del Callao. Estudié Ingeniería Mecánica Eléctrica, lo que estaba de moda. Cuando regresé a mi pueblo, mi abuelo me dijo, “¿qué voy a ser con un ingeniero de mecánica eléctrica en medio de las vacas y los caballos?”. Y me dijo algo mas, “Edúcate, pero en algo que puedas sacarle provecho de lo que ya tenemos”. Volví a Lima, hablé con consejeros y me dijeron, “ya tienes la técnica, los animales y el terreno, estudia Agricultura”. Y así fue que me dediqué a la Agricultura. Con esa profesión me dediqué a criar los animales, su medio ambiente y su reproducción hasta la comercialización. Mi logro más lindo fue que produje 40 toneladas de papas, de lo que antes solo se producía 7 toneladas. Trabajé por 5 años con mi abuelo, entonces mejoramos el ganado, las siembras, y después me fui a trabajar a Trujillo, donde han nacido mis hijos.

-¿Pero algo pasó para que te vayas a EEUU, porque te estaba yendo bien en el Perú?

-Me fui por el terrorismo. Empezaron a tocar a las puertas para cobrar cupos. Ya no había seguridad. En mi camioneta me querían asaltar. Ahí es cuando decidí moverme a Trujillo, donde también nacieron mis hijos. Luego decidimos venir a los EEUU y a este Estado, donde ya teníamos familia. Aquí encontré la empresa ahora conocida como Arbor Acress, que aquel entonces se llamaba Avinor. Es una compañía americana que estuvo en Glastonbury hasta el año 2000, ahora está en Atlanta. Tuve la oportunidad de mudarme con la empresa, pero preferí no hacerlo para no afectar la educación de mis hijos. Y me salió bien, porque aquí terminaron sus estudios universitarios mis tres hijos. El mayor, Alan es Médico en el New London Hospital. Mary es Profesora de Español en un colegio de Wethersfield y la más joven, Susan trabaja como Contadora.

-Al quedarte en Connecticut tuviste que dedicarte a otra cosa, ¿Cómo te fue?

-Quedándome aquí, me dediqué a trabajar con los enfermos mentales, en una organización. Me aconsejaron que me enfoque en recursos humanos, ya que siempre tuve facilidad de llegar a la gente. He enseñado aritmética, algebra, geometría y trigonometría. Después decidí trabajar a tiempo completo con los viejitos. Necesitaban un chofer y acepté el desafío. Cuando la terapista recreacional faltó, yo tomé su lugar y he llegado a tener grandes experiencias con los ancianos, de paso conocer la realidad de las familias de aquí, muchas de ellas de gente de mucho dinero que los dejan prácticamente abandonados. De mi parte, para distraerlos decidí hacer un invernadero. Empezamos tener tomates, ajíes y empecé a explicarles cómo hacer el abono y cosas así. De esa manera los viejitos tenían una motivación mas.

-A diferencia de muchos latinos, decidiste volver nuevamente a tu tierra.

-Así es, creo que tengo una visión diferente del sueño americano. El año pasado tramité mi jubilación y decidí volver al Perú para vivir y trabajar en algunos negocios.

-¿Cómo te va en este corto tiempo de regreso al lugar que naciste?

-Todavía tengo terrenos en Cabana, y he ido comprando a los vecinos. También he adquirido terrenos cerca a Lima a buen precio, muy cerca de donde hay un sitio recreacional, donde hacen demosraciones de caballos de paso y bailes de marinera. Me he acercado con ellos, y la idea es hacer una guardería de caballos.

-¿Y en Cabana, qué estás haciendo?

-Estoy sembrando “blueberries” (arándanos), porque he investigado que es un producto que se está vendiendo a buen precio. Es un buen negocio.

-¿Y tus hijos piensan regresar al Perú contigo?

-Estoy tratando de convencerlos pero no será fácil, ya tienen su vida aquí y les está yendo bien.

-Se me ocurre que una reflexión final acerca de tu historia es que, si tuviste una educación en tu país de origen y luego lograste metas en los EEUU, no necesariamente tienes que quedarte para siempre, ¿Qué te parece?

-Sinceramente, ahora viviendo en Perú, me siento más joven. Siempre aprovecho para decir en mis charlas con amigos que EEUU es solo un escalón. Y si llega un tiempo en el que ya no te sientes bien en este país, pega la vuelta. De mi parte, voy a seguir en los negocios. En mi granja de Perú, también he logrado otro sueño. Por último, todavía tengo fuerzas para pensar en construir un centro de envejecientes en Perú, para que los peruanos que viven en el extranjero y quieran, puedan regresar y puedan vivir en su país hasta sus últimos días. Jorge Alatrista
Jorge Alatrista
news@identidadlatina.com

Identidad Latina
Acerca del Autor