¿Una moneda única en Latinoamérica?

DALTO COMENTA

Al igual que Euro, moneda de uso en Europa, constantemente se ha pensado en tener una moneda común en Latinoamérica; claro siempre y cuando no sea el legendario Dólar, símbolo del capitalismo y de la hegemonía histórica del gigante norteamericano. Pero el asunto no es tan sencillo, pues que se pongan de acuerdo nuestros países y nuestras economías es por el momento una utopía.
Comencemos hablando de los bloques, o como ahora se dice en el fútbol, las “sociedades” dentro del campo de juego; de gobiernos y políticas similares, la Unasur, la Alianza del Pacífico, el CELAC o el Pacto Andino de hace 40 años; todos ellos grupos de países muy bien intencionados, buscando objetivos comunes, y Estados que buscan en base a su unión, equipararse y ser mucho más competitivos frente a las potencias mundiales; y la moneda única sería, por supuesto, el paso final de estos intentos heroicos y siempre añorados.
Por ejemplo, las asimetrías de Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua impiden un proyecto monetario común, la cuestión sobre si es posible una unión monetaria latinoamericana o bolivariana parecería tener una fácil respuesta, en el caso de estos cuatro países, pero es muy sencillo extrapolarlo al resto de América Latina. La teoría que permite contestar esa pregunta es bastante sólida al menos desde la elaboración de las áreas monetarias óptimas por parte de Mundell, cuyo artículo semanal se publicó en 1961 en la prestigiosa American Economic Review; en su aportación, -que en parte motivó que le concedieran el premio Nobel en 1999-, destacaba la importancia de que las crisis asimétricas que pudieran padecer alguno de los países que pretendían formar parte de una unión monetaria, fueran poco relevantes o al menos poco probables, la conveniencia de disfrutar de unos mercados laborales y de bienes y servicios flexibles y también de disponer de un sistema automático de transferencias fiscales entre los potenciales países miembros.
Posteriormente, las aportaciones de otros estudiosos, han insistido en la importancia de la existencia de preferencias homogéneas entre los países que pretenden formar una unión monetaria, así como la necesaria elevada apertura comercial, la diversificación en la producción y el comercio, la conveniencia de compartir una similar aversión a la inflación y necesidad de coordinar las políticas económicas.
El asunto es, si un hipotético Banco Central Bolivariano sería capaz de gestionar una moneda más fuerte, más segura que las monedas de cada uno de los países. En Europa el Euro heredó la credibilidad antiinflacionista del Bundesbank y la correspondiente estabilidad y fortaleza del marco alemán y ello le permitió a la moneda única europea ser considerada, desde sus inicios, como una moneda que cumple adecuadamente su función de depósito de valor, uno puede confiar en el Euro como moneda para ahorrar en ella.
Resulta difícil, por no decir imposible, encontrar entre los cuatro países cuál podría ser el referente. La inflación más baja la tiene Ecuador, pero no tiene una moneda propia, sino que es una economía dolarizada, Bolivia y Nicaragua han hecho esfuerzos en los últimos años para contener la inflación mientras que Venezuela tiene la inflación descontrolada.
Por tanto, se ve complicado la viabilidad de una unión monetaria bolivariana (o latinoamericana). No está claro que un Banco Central Bolivariano vaya a ser capaz de ofrecer una moneda mejor que la que tienen los países y esta cuestión es clave, porque Ecuador solo podría abandonar el dólar si cambia esa moneda por otra moneda al menos tan fuerte.
El problema surge si existen asimetrías entre los países, si los países tienen estructuras productivas diferentes, si el comercio entre ellos no es tan intenso y si los ciclos económicos son distintos. En el caso de los países latinoamericanos considerados, es fácil observar que su proximidad es política, pero no económica; no son economías próximas, ni físicamente, ni en sus estructuras productivas, ni en su comercio, ni comparten un ciclo económico, ni las políticas económicas son similares.
Todavía estamos lejos, pero el camino está ahí; mientras tanto esa búsqueda de la moneda común se dará solo como consecuencia de una verdadera y esforzada unión, en todos los aspectos, de los latinoamericanos.
Daniel Torreblanca
dalto1961@yahoo.es

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