Un futuro no muy lejano

En cien años seguramente habrá un escenario diferente en el mundo y en el sur de América, es posible que haya convulsiones inesperadas, veo al continente moverse desenfrenado, será como las películas en que solo pocos sobreviven, se arrastran y cambian su naturaleza, veo fronteras inéditas, con algunos seres mutantes, es posible que el Perú se desangre y naufrague en un millón de dudas, con su vecino enarbolando su furia; la tendencia actual nos dice de unos peruanos profundamente desconcentrados, andando a tientas, orgullosos de su pasado pero confundidos como en un purgatorio, veo tropas avanzando evitando que crezca la hierba; esperamos demasiado la buena fortuna, confiamos mucho en lo macizo de los andes y la robustez de los nevados, quisimos salvar a la patria cantando nuestros himnos, actuamos solo por intuición y de pronto se invadió todo; estuvimos esperando siempre hasta último momento, estábamos seguros que en última instancia Dios nos salvaría, creímos que la historia y la prehistoria nos darían la razón. Todo comenzó con las inversiones, primero mil luego un millón, se cubrió toda la faz de inversión y de capital; la vorágine del progreso no espera y el dinero y la sagacidad inunda todos los rincones, el suelo ya no es solo del que lo tiene sino del que lo conquista, los apuros al sur son inclementes, despiadados pero reales; es cierto que Perú no es ya el de hace 130 años, que estuvo desguarnecido, adormecido y atormentado, pero tampoco el vecino es el mismo, la tensión a crecido junta; sucede como la afiebrada visión de los extraterrestres o el miedo de que los alienígenas llegaron ya, y se esconden sutilmente o se mezclan entre nosotros, esa debe ser la sensación de esta patria al sur, que cree ver enemigos en todas partes, percibe al enemigo en el subsuelo, debe ser que de a poco vamos desapareciendo y como una inyección letal la dósis va invadiendo poco a poco el cuerpo de esta cordillera bendita y los indios allá en el cerro se arrinconan, los blancos que no conocen las entrañas de esta tierra caminan simplemente al compás de lo cotidiano y cada quien defiende sus intereses, batalla por su parcela, mientras la estrella solitaria surca nuestros cielos, seguimos confiando en el azar. La inmensa superficie heredada, la grandiosa cultura recibida o la sangre rebelde proclamada no será suficiente, debemos estar a la altura del tiempo, ya es hora de juntar las ansias y sostener este suelo; será demasiado tarde cuando otros seres pueblen nuestros caminos o se izen orgullos ajenos; si no nos mimetizamos con la geografía y con la historia, si no logramos conquistar nuestro reducto y no sentimos el suelo como nuestro; si no golpeamos con fuerza al destino y nos convertimos en Patria, entonces seremos como el aire en el viento, nos esfumaremos y reencarnaremos en otro hemisferio o viajaremos a otra longitud; la naturaleza nos exige mas compromiso, la cultura y las piedras nos reclaman mejor disposición; si no, las fronteras se moverán, las regiones y paisajes marcharán al compás de los acontecimientos, se acomodarán las inquietudes y la cordillera infinita reinará y por sobre todas las cosas los débiles se resentirán y los mediocres desaparecerán y un nuevo orden de cosas se impondrá; y como en un naufragio o diluvio universal, solo la cima de la ciudad sagrada quedará, solo la férrea piedra esculpida en los andes sobrevivirá pese a los hombres, pese a su furia, a su ambición o a su inercia.
Daniel Torreblanca
dalto1961@yahoo.es

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