Periodico Identidad Latina

“The Will Rogers Follies” en Goodspeed Musicals

“The Will Rogers Follies” en Goodspeed Musicals | Escribe: Bessy Reyna

Tengo que confesar que antes de ver la obra en esta producción de Goodspeed Musicals en East Haddam, Connecticut, yo no tenía idea de quién era el señor Will Rogers. Estoy casi segura que los que no nacimos o crecimos en este país en los años del 1930 al 1940, no tenemos razón de conocerlo. Sin embargo, para millones de personas alrededor del mundo, quienes vivieron en ese tiempo, Will Rogers fue un ídolo, adorado por el público. Su fama fue tanta que al morir a los 56 años, en el 1935, en un accidente de avión en Alaska, mas de 50,000 personas visitaron su velorio.

La obra The Will Rogers Follies a la que asistimos en Goodspeed Musicals, es un compendio de escenas que van dando a conocer la vida de este hombre quien nació en una granja humilde, y quien no quiso tener una vida de ranchero en Oklahoma. Su deseo de trabajar en el teatro le creó un distanciamiento con su padre quien estaba consciente de su herencia como indio de la tribu Cherokee. Will Rogers quería ser un personaje famoso, y lo logró. Con su trabajo en radio, teatro y televisión fue dándose a conocer, y después de algún tiempo, logró poco a poco convertirse no solo en una voz radial que “decía las verdades” de lo que estaba ocurriendo políticamente en el país, sino también en una figura que hacía destacar su destreza como cowboy en dándole vueltas a las sogas y entreteniendo al público al visitar docenas de ciudades en otros países..

Esta obra en su estreno recibió el premio de la mejor obra musical en el 1991. Tal vez ya no guarda el interés que hizo que el jurado del premio Tony se lo otorgara ese año. A veces pienso que asistir al teatro es como comprar uno de esos boletos de lotería que se van descubriendo al quitarles la pintura, a veces ganamos y otras no. Cuando ganamos en el teatro (con una obra excelente) nos da gran alegría, pero, cuando el boleto no nos da nada, lo que sigue es una gran decepción. Esto último fue lo que me pasó con The Will Rogers Follies. Me duele decir que la obra es tan larga y tan falta de energía, que casi me dormí en el primer acto, a pesar de que el mismo empieza con un largo baile donde los bailarines suben y bajan escaleras haciendo “tap“. El personaje de Rogers, interpretado por David M. Lutken, es un hombre humilde, padre de familia, quien dice en una de sus canciones que, “nunca ha conocido a nadie que no le gustara” (mientras el cantaba yo pensaba que tal vez si conociera al presidente Trump cambiaría de idea).

Parte de la problemática de esta obra con libreto de Peter Stone, música de Cy Coleman, letra de Betty Comden y Adolph Green, inspirada en la vida de Will and Betty Rogers, es que los números de baile han sido creados al estilo de los famosos números del empresario Florenz Ziegfeld Jr, famosos por números extravagantes en sus espectáculos en el que aprecian mujeres bailando cubiertas de inmensas plumas y con vestidos de lujo, pero en esta producción, tal vez por lo pequeño del escenario, estos no son lo suficientemente brillantes o entretenidos como para crear una impresión positiva en el público. El único numero que se asemeja un poco a lo que creaba Ziegfeld, ocurre en la tercera escena del segundo acto con el título, “Presents for Mrs. Rogers” (Regalos para la Sra. Rogers), en la cual van apareciendo bailarinas en hermosos trajes que simbolizan rubíes, perlas, esmeraldas, diamantes y otras joyas que él quiere darle a su esposa. Mrs. Rogers, interpretada por Catherine Walker, se luce en el papel de la comprensiva y abnegada esposa que cuida el hogar y los hijos mientras que el famoso marido le da vuelta al mundo presentándose en el teatro. La obra incluye números musicales en los que aparecen cuatro de sus hijos de varias edades probablemente de cinco a diez, mas o menos.

Hay algo que me llamó mucho la atención y fue una línea en la canción “Give a Man Enough Rope” (Denle a un hombre suficiente soga), en la que se menciona que el mismo sería hasta ser capaz de ahorcarse en un árbol. Algo que inmediatamente me recordó los asesinatos de negros en este país, los cuales eran linchados colgados en árboles. Esta línea se me hizo aun más desagradable considerando que uno de los bailarines era negro. Otra cosa que me llamó la atención es el papel del personaje de la Favorita de Ziegfeld, la que es sumamente coqueta con Rogers y el público y va quitándose la ropa cada vez que entra al escenario a presentar un número musical nuevo. Tal vez cuando la obra se estrenó en Broadway en el 1991, no teníamos una conciencia del feminismo como el que existe ahora. El papel de esta joven, interpretado por Brooke Lacy, simplemente nos hace recordar y es representativa de la explotación de las jóvenes actrices por los magnates que las convencían de que ellos tenían el poder de hacerlas “estrellas” famosas. Pero, lamentablemente al final ellas y esta “favorita” se quedan sin trabajo al igual que el resto del reparto en la obra, una vez que viene la depresión de los años 30 cuando cayó la bolsa de valores y miles de personas quedaron en la calle; y los ricos, aun en el caso de la familia Rogers, quienes ya estaban bien acomodados económicamente, quedaron en bancarrota, ya que el público que los adulaba quienes no tenían ni dinero para darles de comer a su familia, tampoco lo tenían para comprar boletos del teatro.

Esta producción está dirigida por Don Sthephenson, con coreografia de Kelli Barclay. La escenografía de Walt Spangler, consiste mayormente de escaleras y en otras escenas casi no hay nada en el escenario. La obra se presenta hasta el 21 de Junio. Goodspeed Musicals se encuentra en el 6 Main St. en East Haddam, CT. Para mayor información visiten: www.goodspeed.org

 

* Bessy Reyna, es miembro de CT Critics’ Circle, la Asociación de Críticos Teatrales de Connecticut.

 

(Fotos: Cortesía de Goodspeed Musicals)