Sylvia Vargas: Poner disciplina a los hijos

Sylvia Vargas y la enseñanza a través de los tiempos

-Sylvia, ¿Cuéntenos brevemente sus primeros años?

-Nací en Santurce, Puerto Rico, que hoy en día es parte de San Juan, la capital de la isla. Tengo dos hermanas y un hermano. Mi papá era taxista en San Juan y vivíamos en el Barrio Obrero. Vivíamos en una casa humilde de madera. Mi mamá siempre pensaba, con todos esos huracanes que pasaban necesitábamos una casa de cemento. Mi padre decidió buscar nuevos horizontes y nos venimos a “los Nuyores”. Primero llegamos a Brooklin, Nueva York. Eso fue en el 1957. Los hermanos de mi papá viían en Waterbury, en Connecticut. Al principio los cambios culturales, de idioma, comida, etc. fue todo un shock. Lo primero que nos enseñó mi papá fue, “I will speak English very soon”.

-¿Había bullyng en la escuela de esa época?

-Ya existía el Bullyng en esa época. Cuando llegué en segundo grado habían cosas raciales, me acuerdo unas niñas me golpearon, pero llegó mi turno y me desquité. Ya en la High School, buscando ya para asistir a la universidad, decidimos venir a Waterbury donde teníamos más familia.

-¿Cómo nace la vocación de ser maestra?

-Mi mamá me decía que yo desde niña me gustaba la idea de ser maestra. Me acuerdo en mi tercer año de Universidad, recibía dinero prestado del gobierno, me ofrecieron una beca para la Universidad de Hartford para hacer una carrera completa sin tener que tomar ningún préstamo.

-¿Qué grados ha enseñado y cuál es su favorito?

-Empecé dando clases en Kíndergarden hasta octavo grado. El grado Cuarto es mi favorito. Hablando de enseñanza, mi esposo Edwin, me observaba hace poco con mis nietas y me dijo, “tú te conviertes en una niña cuando estás con ellas”, Y pues quizá ahí este el secreto, los niños aprenden mucho más cuando están jugando. Es necesario que los niños desarrollen su imaginación, esas destrezas les pueden ayudar para el futuro. Ahora ya estoy retirada luego de 35 años de labor.

-¿Qué opina sobre los castigos a los niños?

-Como padres, tenemos que ponerles disciplina a nuestros hijos. Ellos buscan sus límites y los padres debemos dejarles saber cuáles verdaderamente son sus límites.

-¿Alguna anécdota de la época de maestra?

-En 35 años, muchas experiencias. Me acuerdo una vez, yo daba clases a un grupo pequeño, había niñas de escuela intermedia, una de ellas estaba muy ansiosa, se le hacía difícil participar en el grupo, otra niña me dice es que ella está en cinta y no sabe qué hacer. Escuchar sobre una niña de octavo grado que estaba en esa situación, me partió el alma. No tenía más que hacer que cerrar el plan de clase que tenía, les dije que mejor discutamos esta situación. Muchas veces, como maestra una debe seguir con lo que está planificado, había que bregar con lo de la niña.

-¿Cómo ha cambiado la enseñanza a través de los años?

-Cuando yo empecé, el ser maestra se consideraba más como un arte. Teníamos el método de tomar las sesiones en lo que había que hacer. Tras los años, ese método fue cambiando a la habilidad del niño de leer. Hoy en día, el nivel de lectura de los niños determina el valor de las propiedades. Por ejemplo, una casa en West Hartford cuesta mucho más que en Hartford y el sistema escolar es totalmente. Esa presión de que los niños pudieran leer, es normal, pero cuando en Hartford vienen los niños de diferentes culturas es difícil decir, “todos van a hacer lo mismo.”
Adelia Santa-Cruz
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