Solo un Sueño

Se levantó asustado, sudoroso, de un golpe estaba sentado, había sido un sueño pero fue tan real con nombres y todo. Enrique trataba de calmarse. Su esposa, María, se había levantado también y lo confortaba.

–Ya paso Enrique, ¿qué soñaste?

–Estaba en un parque y había un festival con alegorías para niños, cuando en una carretera, a lo lejos, se escuchó un tremendo choque y se veía mucho polvo que se elevaba en el aire. Aunque era de día cuando llegue al lugar del choque ya era de noche y se veían vidrios rotos y pedazos de autos. “Ya se llevaron los coches”– alguien me decía–“tu primo Nicolás ha muerto, lo siento”. Yo gritaba que no era posible, no podía ser, angustiado comencé a caminar en círculos. Y allí me desperté

–Fue solo un sueño, tranquilo.

–De todas maneras voy a llamar a mi primo aquí en Nueva York y allá en Lima es la misma hora, son las 6 y 30 de la mañana, él se levanta siempre temprano, para atender sus negocios.

–Espera un poco lo vas a incomodar.

–Ya esta timbrando el teléfono.

– ¡Aló Nicolás! ¿Cómo estas?

– ¿Enrique? ¡Qué sorpresa!

–Disculpa la hora.

–No te preocupes estaba por desayunar, hacia meses que no llamabas, estabas perdido

–Ya sabes la oficina, el trabajo, la casa, los niños que ya están grandotes y tienen múltiples actividades.

–Pero siempre debes darte tiempo, mira mejor no me hagas caso pues igual estoy yo, ni te llamo, pienso hacerlo pero lo dilato y así pasan los días

–Así es Nico y en ese discurrir nos hemos alejado. Y no me vas creer pero fue un sueño el que me hizo llamarte.

– ¿Qué fue?

–Soñé que habías tenido un terrible accidente.

–Vaya, espero que no pase nada. Al fin y al cabo, los sueños, sueños son.

–Eso espero Nico, pero cuídate. Al menos ha servido para que nos comuniquemos. Cuando estábamos en el Perú trabajábamos juntos, nos veíamos todos los días .Íbamos a las fiestas, a pelotear, éramos collera.

–Ya, hasta que te casaste, pero aún así mantuvimos el negocio y las reuniones familiares reemplazaron a la de las patotas.

–Tú no demoraste mucho en casarte después.

–Si, parece que fue ayer y mira ya estamos cerca de ser abuelos.

–Es mental primo, por si acá yo estoy en mi segunda juventud y nadie cree que ya me acerco al medio siglo. El tenis y el jogging me tienen silueta.

–Carambas te lo decía en sentido figurado. ¡Pero tú prácticas en Lima los ejercicios de aquí del Central Park! Y yo no cambio el futbol por nada, el nuestro claro, al que aquí llaman soccer.

–Como pasa el tiempo desde que eramos colegiales sacando fruta de los arboles de los jardines de los vecinos para que la abuela hiciera compotas. Y de paso perseguíamos a las Jiménez esas chilenitas ricotonas.

–Suave que te escucha Sofía.

–Se ha ido a preparar el desayuno, pero que de malo, éramos unos chibolos de doce para trece en ese tiempo, ¿te acuerdas de los palomillas de su barrio que nos querrían correr para que no las molestáramos, ya que éramos foráneos?

–Si y el día que nos siguió Abelardito con sus diez años a cuestas y nos rodearon, ¿cuantos fueron?, 15, 20,25 muchachos, ya no me acuerdo.

–Eran demasiados me asombró tu calma fría cuando dijiste: “Espalda con espalda, y patada y puño al que se acerque”. Abelardito a pesar de que lloraba repartía golpes a lo grande, yo creí que moríamos, cuando levantaste en peso a su líder sobre tu cabeza y lo tiraste al suelo se calmo la cosa.

–Fue un impulso lo agarré de la cintura y lo impulsé hacia arriba, fue la adrenalina, no sé como paso.

–Se bajaron, comenzaron a decir que no toleraban que sus hermanas y vecinas estuvieran con extraños y tú, al toque, te presentaste con nombre y apellido, que tal calma.

– Y se rieron y al final todos nos hicimos amigos.

–Y como va la cosa por los yunaites.

–Ahí tirando, te acuerdas cuando tuviste que emborracharme para meterme al avión, porque ya había desistido a viajar y eso que ya tenía vendido todos mis bienes.

–Como no me voy acordar si los tiras casi te bajan del avión de lo zampado que estabas

–Y eso que no tomaba y hasta ahora, me das cuatro latas de cervezas y ya estoy mareado ¡Y ese día nos tomamos más de una docena de a litro!

–Como pasan los años Nicolás, siempre pensando en alcanzar metas, en lograr la felicidad que pensábamos que seria cuando termináramos la secundaria, luego cuando nos graduáramos de la universidad, después al llegar el matrimonio y cuando nacieran los hijos. Después cuando estos crezcan y se gradúen. Siempre estamos persiguiendo a la felicidad.

–Esa es la falla que tenemos todos Quique, pensamos que la felicidad es una meta pero en realidad es una trayectoria.

– ¿Cómo es eso, Nico?

–Sencillo primo, que nosotros desperdiciamos el tiempo, minutos, horas, años, toda la vida buscando la felicidad sin darnos cuenta que esta nos acompaña día a día, segundo a segundo. Esta alrededor nuestro esperando que la tomemos, que la compartamos con nuestros familiares y amigos en cada actividad que hagamos. Esta esperando por nosotros, pero lamentablemente no la vemos y al final de nuestra jornada nos damos cuenta que la hemos dejado escapar miserablemente.

– ¡Carajo primo!, me has dado una clase de Filosofía instantánea. Y te doy la razón, angustiados por conseguir lo que creemos que colmara nuestros deseos, dejamos abandonados a los que nos aman.

–Desde que los viejos se fueron, por acá se han separado todos los hermanos, y los nietos crecen desunidos, indiferentes. La institución familiar esta agónica en este mundo moderno que se ensaña con ella.

–Aquí lo mismo primo, un poco menos pero por allí va la cosa.

–Mira Nico, he postergando mi viaje a la patria por muchas razones, este verano me voy a verlos por un mes, hay tanto que renovar los tíos, los primos, los sobrinos todo quedó estancado cuando me exilie voluntariamente aquí en los unaites.

–Recuerda que había guerra y la economía estaba destruida, todos queríamos salir.

–Afortunadamente eso ya paso y ahora somos una economía emergente poderosa con un producto bruto superior a China que estaba al tope. Quien lo hubiera creído veinte años atrás.

–Hay tanto de que hablar primo no dejemos que la desidia y el tiempo desunan a nuestras familias, hasta que vengas hay que seguir llamándonos, OK.

–OK, y a trabajar, nos vemos Quique, saludos a María y los muchachos.

–Listo hermano, saludos también a Sofía y a mis sobrinos.


Nicolás regresaba esa tarde a su casa manejando por una carretera, tras una agotadora jornada de trabajo. Estaba muy cansado y el sueño lo vencía por ratos. Se acordó de la llamada de Enrique contándole su sueño, se sobrepuso y recobró la alerta. Un auto venia contra él y a excesiva velocidad. Giro desesperadamente el volante y se salió de la carretera. El auto dio varias vueltas en una pendiente y hasta que se detuvo en medio de una nube de polvo.

Otros conductores llamaron a la policía y estos a una ambulancia. Nicolás salió del hospital y regresó a su casa en un taxi. Encontró a su esposa llorosa esperándola en la puerta.

–Cálmate Sofía, ya te dije por teléfono solo fueron unos golpes, cortes y un gran susto.

–No es eso Nicolás, es que acaban de llamar de Nueva York, tu primo Enrique…murió en un terrible accidente manejando su auto.


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Pablo D. Perleche
pablo@identidadlatina.com

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