Educación: ¡Se acabó el colegio!

No mis queridos amigos, el colegio está allí, con su local pintado de colores que no son de nuestro agrado, pero está allí. Lo que se acabó, al menos por ahora, son las clases, y estas también volverán, al igual como cuando nos lo recordaba Bécquer “Volverán las oscuras golondrinas a tu balcón sus nidos a colgar…”.

Si bien es cierto que terminaron las clases académicas, es bueno recordar que estas tienen significado especial para un amplio sector de nuestra juventud, aquella que se acaba de graduar, tanto de la Escuela Secundaria como de la Universidad.

Analicemos brevemente al primer grupo, conformado generalmente por jóvenes adultos, dieciocho años, para ser más exactos, existiendo por supuesto excepciones a la regla. Bien, para aquellos que últimamente han estado celebrando el tradicional “Prom”, la diversión se acabó precisamente en ese punto, en el de la fiesta y graduación, de allí para delante tienen que enfrentar la realidad de la vida, que en muchos casos, diría en la mayoría, la desconocen. A partir de ahora tienen que pensar seriamente en su futuro, y tomar con mucho cuidado la decisión adecuada.

Indudablemente que la respuesta de la mayoría es simple, ir a la Universidad, lo malo es que allí empiezan los problemas, la educación superior en los Estados Unidos es cara, por no decir onerosa. Los estudiantes que tienen la suerte de graduarse lo hacen, pero llevando una deuda que les tardará años en pagarla. Sin embargo, el estudiante que no cuenta con facilidades económicas puede realizar un sueño con algo de sacrificio y mucha, pero mucha dedicación al estudio. Pueden realizar los dos primeros años de la carrera que deseen tomando clases en un Community College, en donde conseguirán hasta 60 créditos, que son transferibles a la Universidad, graduarse con un título de Asociado y, lo más interesante, a precios que nos son prohibitivos.

Uno de los problemas fundamentales que se presentan en la actualidad a los estudiantes de las universidades estadounidenses, repetimos, es el costo exorbitante que cuesta graduarse con un título de educación superior. A mayor fama y reconocimiento que tenga la Universidad en la que se quiera estudiar, la carga económica que esta trae es mayor. Alrededor de las tres cuartas partes de estudiantes que se gradúan de universidades estadounidenses, lo hacen con una enorme deuda económica. En promedio cada uno debe treinta y cinco mil dólares, cantidad que, dependiendo del mercado de trabajo disponible, a algunos les llevará a pagarla hasta bien entrada la edad adulta.

Vemos entonces que tanto, al terminar el “High School” o la Universidad, el joven estudiante enfrenta problemas graves, desde el punto de vista económico se entiende, problemas que, con adecuada ayuda orientación de las oficinas de consejería, búsqueda de becas estudiantiles, que no son fáciles de obtener dicho sea de paso, y firme determinación del interesado se puede hacer un poco menos difícil el camino a seguir en ambas situaciones, es decir de continuar la educación superior y, en lo posible, terminarla con el menor costo posible.

Mientras tanto, los más jóvenes y los más chiquitines, aquellos que todavía no tienen oportunidad de ver las cosas con seriedad y que gozan su niñez con inocencia y sana alegría, deberían empezar a tener mayores responsabilidades, como por ejemplo, terminar en tiempo récord los libros asignados para su lectura obligada en Verano, todas la escuelas las haces, tanto las de educación elemental como las de secundaria. En esto los padres deberían de estar atentos y seguir paso a paso lo que hacen sus hijos. La educación de ellos es tarea fundamental de los padres. El estudiante está 7 horas, durante cinco días, en la escuela, el resto de su tiempo lo pasa en casa. Sería bueno que los adultos se pongan a pensar en este pequeño detalle.


Armando Zarazú
azarazu@aol.com
Identidad Latina

Acerca del Autor