Opinión: “Rolling Stones” en Latino América, a pura nostalgia. Escribe: Daniel Alatrista

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Ahora que los Rolling Stones se vienen a tocar “por última vez” en cualquier parte del mundo y por estas regiones del Sur de América, es decir Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, Perú, Colombia y también en México, entre el 03/Feb y el 14/Mar; se nos viene a la mente infinidad de cosas, y cantidad de canciones y estribillos de este grupo emblemático. No exageramos si decimos que a muchos, a miles (o millones) nos marcó esta irreverente banda inglesa, pero de diferentes modos y en distintos tiempos y circunstancias.

Me acuerdo que los sábados, especialmente ese día, las notas musicales estridentes, insólitas y la voz de Jagger en el ambiente, nos hacían la tarde, descubrí una cabina donde por cincuenta céntimos podías programar, colocando el disco 45 rpm, el tema que quisieras, y le di como 20 veces al “Star me up” y para que salga a cuenta, hice girar también el lado B, “No use in Crying”, eran otros tiempos, en los que luego vinieron los vídeos, y los Stones ingresaban ya a una nueva dimensión, otro público, otros medios, como un renacer; y luego vendrían otros renaceres.
Es que los Rolling Stones cuando entraron a la década de los ochentas, ya habían transitado por 15 años, sumergiéndose seguramente en su mejor época, en sus mejores álbumes y sus mayores escándalos; y esto de las generaciones nos ubican a veces en situaciones complicadas, pues si naciste en los cincuentas entonces eras acérrimo “Stone” pues la viviste en su mejor época y seguro “Satisfaccion” lo escuchaste a los 15 años y fue tu vanguardia de lucha; pero si eres de los sesentas, eres entonces, ya un “Rolling” tardío o más bien, seguidor contemporáneo del mejor grupo de rock, aquel que se reinventa, y nos trae decenas de temas, harto peligro y mucha ilusión; de los 70s queda todavía la fascinación de una era incomparable, la adolescencia, la multiplicación de las bandas y ese sabor a libertad, psicodelia e irracionalidad; pues los Stones a los 30 años tenían el mundo en sus manos y literalmente, hacían lo que querían o incluso convertían en oro todo lo que tocaban.
No podríamos marcar un antes o un después preciso, de cuando, a la par que los Beatles, sonaban como de otra época, derramando creatividad y etiquetados como precursores de nuevos tiempos; quizá su Álbum “Sticky Fingers” (1971), para algunos el mejor, o temas como “Miss You” (1977), el extraordinario y extraño repertorio del “Exile on main Street” (1972, grabado en Francia y en donde hacen rock, rock and roll, blues, country, hard rock, blues rock, música tradicional y country rock), el melódico y clásico “Angie” (1973), la guitarra irrepetible de Richards en “Brown Sugar” (del “Sticky…” mencionado) o su “Hand of fate” (1976) con Jagger más cerca a las estrellas que nunca, puedan estos temas, álbumes y momentos marcar su primera etapa magistral, y el mencionado “Star me Up” (del álbum “Tattoo you”, 1981) expresar con claridad el inicio de su segunda etapa o más bien el paso a otra era, otra dimensión, como el mundo que iba cambiando, veloz y sin concesiones.
Después el tiempo se pasó muy rápido y vinieron de golpe, los LPs de 35 mm, luego los cassetes o los CDs, “Underover”, “Dirty Work”, Steel Wheels”, “Voodoo Lounge”, “Bridges to Babylon”, y otros que ya perdí la cuenta…; todavía, uno por año, luego cada 2 o cada 3 años, luego ya las recopilaciones, siempre los megaconciertos, y después nuevas producciones a fines de siglo y en el 2000, casi como un milagro; el 2007 filmaron el “Shine a ligth” de Scorsese, ya con 65 años, pero todavía bien parados…; igual, me parece un segundo milagro que estos días toquen tan cerca, aquí no más en Lima, Perú;… lo siento Mick, Keith, Roonie y Charly, no podré ir esta vez, pero mi corazón “stoniano” estará allí seguro; porque cierta vez me sacaron de alguna depresión, me curaron algún mal de amor o me mostraron un camino distinto para conquistar el mundo.
Y como no decirlo, pese al tiempo, aún conservo ese viejo LP de 1981, “Tattoo you”, con la cara tatuada de Jagger, los dientes apretados, algunas lágrimas y el vuelco que dio mi forma de ver y sentir la música.
Daniel Torreblanca
dalto1961@yahoo.es
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