“A Doll’s House Part 2” en TheaterWorks. Por: Bessy Reyna

Tasha Lawrence y Amelia White (Fotos cortesía de TheaterWorks de Hartford)

Me imagino que al dramaturgo Noruego Henrik Ibsen le hubiera gustado asistir a la formidable producción de “A Doll's House Part 2” que se presenta en TheaterWorks, en Hartford; y es una secuela de su famosa obra “La Casa de Muñecas”. Esta secuela escrita por Lucas Hnath, y dirigida por Jenn Thompson, explora la idea de que le ocurriría al personaje de Norah, si ella regresara al hogar, al esposo y a los hijos que dejó 15 años atrás, y cuál sería el resultado de ese retorno. Qué hizo Nora con su vida durante todo ese tiempo en el que nunca se comunicó con su familia, los cuales ya creían que ella había muerto? Hnath, nos presenta estas ideas, con gran perspicacia, y va desarrollando varias de las situaciones de la vida y de las experiencias que pudo haber vivido esa “Nora ausente”.

En “A Doll's House/ La Casa de Muñecas”, la obra original de Ibsen se desarrolla en el 1879, y fue estrenada en Dinamarca ese año. La Nora de Ibsen es una mujer que pretende ser feliz, y al iniciarse la obra, la vemos días antes de la Navidad, comprando juguetes para sus hijos y decorando su casa. Su esposo, Torvald Helmer es un hombre tacaño al que Nora tiene casi que rogarle para que le de dinero para los gastos personales y de la casa.

En esta obra Ibsen explora la condición de la mujer casada, como un apéndice del marido. Es él quien trabaja fuera de casa y quién decide cómo se debe gastar el dinero; es él también el que con sus actuaciones y falta de sensibilidad va sofocando a Nora, hasta el grado de que ella un día, después de una fuerte discusión con su esposo, tira la puerta y desaparece en la nieve. En general, las obras de Ibsen son consideradas como reflejos de una sociedad que mantenía a las mujeres sin derechos legales y subyugadas por sus esposos y por la rigidez en la conducta de lo que esa sociedad le imponía y esperaba de las mujeres.

Y es este concepto, el que le da impulso a la imaginación del dramaturgo Hnath. La Nora que regresa entra por la misma puerta donde salió enfurecida casi dos décadas atrás. Ella es una Nora vestida elegantemente y obviamente adinerada. Si pensamos que la Nora de Ibsen, tal vez fue egoísta al abandonar a sus hijos pequeños, esa misma condición egoista la encontramos también en esta intrigante secuela. La Nora de Hnath probablemente nunca hubiera regresado a su hogar. Sin embargo, al confrontar un problema muy serio es obligada a hacerlo ya que su  esposo es el único que puede resolver su dilema.

Y es al enterarnos de ese problema, cuando empezamos a conocer cómo es la vida de Nora durante su ausencia cuando ella pensaba que su esposo había tramitado el divorcio. Nora vivía dentro de una sociedad en la que ser al “divorciada” se consideraba libre, podía hacer lo que quisiera con su vida y su dinero. Actuando bajo la idea de que ella era una mujer “soltera”. Nora escribe libros bajo un pseudónimo, en los que insta a las mujeres que estaban subyugadas, como lo fue ella, a que abandonen sus hogares. Como escritora Nora estaba convencida de que en el futuro, si la mujer toma las riendas de su vida, ellas podrían cambiar la estructura sofocante que vivían en sus matrimonios.

Pero, la vida que Nora ha construido, después de pasar penurias y la que la hace feliz, está repentinamente en peligro, cuando una de sus lectoras decide abandonar a su esposo que es un Juez. Este hombre trastornado por el rechazo de su esposa decide investigar quién es en realidad esa escritora, cuyos libros están siendo leídos por cientos de mujeres. Y son las acciones de este juez, lo que sirve para que Nora descubra que ella todavía está casada, al querer el juez chantajearla cuando él descubre su identidad. Una vez más, la secuela nos hace confrontar como la sociedad del 1894 ni siquiera le permite a Nora quedarse con el dinero que ganó por la venta de sus libros, y cómo quedará su reputación al saberse que ella mantuvo relaciones con varios hombres.

Regularmente cuando yo hago reseñas de obras no acostumbro a resumir la trama, pero en este caso, no podemos apreciar por completo lo que ocurre en esta secuela, sin también integrar algo del trasfondo de la obra de Ibsen. Sin embargo, esto no significa que “A Doll's House Part 2” no pueda verse como una obra individual, independiente. Lo admirable de Hnath es que este dramaturgo logra crear una obra en la cual los personajes no están atados por un cordón umbilical a los personajes creados por Ibsen, en el 1879.

Esta producción de TheaterWorks es minimalista a nivel de escenografía ya que solo cuenta con dos sillas en un escenario vacío, las que son utilizadas por los personajes, además una puerta y la idea de la casa es simbólica, representada con luces de neón como cuadros que sugieren ventanas. El diseñador del escenario es Alexander Dodge, quien también tiene otra obra, “The Engament Party” presentándose al mismo tiempo en el escenario de Hartford Stage. Dodge es un diseñador de gran talento y ganador de varios premios. En “A Doll's House Part 2” no deja que nada distraiga al público del drama interno y externo que viven los personajes, y mientras que el vestuario diseñado por Alejo Vietti está basado en la moda de 1894, en el lenguaje los personajes utilizan expresiones contemporáneas y hasta algunas vulgaridades.

La obra empieza con un fuerte toque en la puerta de entrada de la casa de la familia Helmer. Al abrirla, la sirvienta Anne Marie, una anciana que ha vivido con esa familia durante muchos años encuentra a Nora en la entrada de la casa.

En el diálogo entre estas dos mujeres, Anne Marie nos deja saber qué ocurrió en la familia durante la ausencia de Nora. Rápidamente Anne Marie, pasa del asombro al ver a Nora, a la desconfianza y la sospecha de cuál es la razón de esa aparición inesperada. La actriz, Amelia White actúa de forma tan natural que más bien pareciera que conversara con Nora, esa mujer a quién ella crió, y quien inesperadamente, está de nuevo en la casa.

Esta Nora, ahora, y al igual que logró al irse, volverá a crear un caos en la familia con su presencia. La actriz Tasha Lawrence, es convincente en el papel de una Norah, la que no desea ver ni a su esposo ni a sus hijos pero la que al enfrentarse a su hija Emmy, (interpretada por Kira Player) no puede esconder la emoción que este encuentro representa. Emmy, quien es ahora una joven a punto de casarse con un banquero, sabe que la reputación de Nora puede impedir ese matrimonio y poner en peligro la estabilidad de su familia. El reparto lo completa el actor Sam Gregory, en el papel del esposo Torvald Helms. Es gratificante ver un actor de su categoría, interpretar el personaje de este hombre a veces débil de carácter, quien solo busca comprender cuáles de sus acciones como marido obligaron a que Nora dejara a la familia, y a veces furioso por la forma cómo su matrimonio fue destruido.

Hasta la última escena de esta cautivadora obra, estaremos en suspenso de cuál será el desenlace: ¿Lograrán Nora y Torvald cerrar las heridas del pasado y empezar una vida nueva? De hacerlo, qué significaría esto para ellos y para sus hijos ya mayores? La única motivación de Nora al regresar fue el conseguir el divorcio para salvarse del chantaje del juez y sobre todo para no perder, ni el dinero que ahora tiene, ni la libertad de acción que su estado de soltera le permitía. Este concepto de “soltera” o “casada” es utilizada por Hnath para presentar la temática de la importante dicotomía en las leyes que en 1894, trataban al hombre y a la mujer de maneras tan diferente. Para Torvald, iniciar el divorcio es un acto simple, en contraste, para lograrlo si es ella la que inicia los trámites, es Nora tendría que inventar cargos contra él, destruir su reputación para justificar por qué quiere separarse de su esposo.

Lastimosamente, tenemos que aceptar que la dinámica de la situación de la mujer que existe en el 2019, en muchas partes del mundo y en ciertas clases sociales, no es muy distinta a la que confrontó el personaje de Nora hace 125 años.

Es fácil ver por qué el jurado del premio Tony, le dio ocho nominaciones a “A Doll's House Part 2” en el 2017, cuando esa obra fue estrenada en Nueva York. Esta es una obra importante y de gran relevancia social.

En esta magnífica producción de TheaterWorks Hartford, conocemos por primera vez a los cuatro actores que forman este elenco y que debutan con esta obra; esperamos poder verlos en obras futuras en este importante centro artístico. La obra se presenta hasta el 24 de Febrero en TheaterWorks, 233 Pearl St. Hartford. Para más información visiten www.theaterworkshartford.org o llamen al 860-527-7838.        

* Bessy Reyna es miembro de la Asociación de Críticos Teatrales de Connecticut, CT Critics' Circle.

 
Bessy Reyna
bessy_reyna@hotmail.com
www.bessyreyna.com

Identidad Latina
Acerca del Autor