Reinvindiquemos a José Carlos Mariátegui

Así como en el resto del planeta se toman atribuciones de momentos o personajes que por su singular trascendencia, han convulsionado nuestro espacio o han sintonizado con la historia, provocando creaciones como Jesucristo Superstar o Amadeus Superestrella, o la misma Evita en Argentina, aquí en Perú hubo un personaje que siempre se menoscabó o quizá no se comprendió, José Carlos Mariátegui. Aunque más valedero sea decir que los argumentos políticos lo neutralizaron, muy polémico y muy peligroso, el miedo al comunismo seguro que adormeció su figura, pero ahora en el 2007, por qué no hacer un collage a lo Andy Warholl, sustrayendo los intereses y poderes, Mariátegui podría ser hoy un personaje, un Superstar.

Mariátegui, escritor y político peruano hizo una interpretación magnífica sobre la realidad peruana y por qué no de toda América, vivió como todo predestinado en dos siglos, XIX y XX, murió joven, con su físico destrozado como Frida Kalo, y se apasionó por lo que pasaba a su alrededor y en otras latitudes, estuvo en Rusia y Francia en momentos cruciales, pero fuera de su aporte intelectual y político, podríamos recrear una película o estilizar su figura para verlo como el personaje que fue, él como nadie veía la realidad como los fantasmas que uno no pude ver, él vivía la historia y la realidad dialécticamente; cuando hablaba por ejemplo del indio en el Perú, decía que la solución de éste sería una solución social, ellos mismos deben ser sus realizadores. Decía en 1917 que a los indios peruanos les faltaba una vinculación nacional, esos 4 millones de indios mientras sean una masa inorgánica, muchedumbre dispersa eran incapaces de decidir su rumbo histórico, comparó a la literatura indigenista con la literatura pre-revolucionaria rusa, vió que ya en esa época había una articulación entre los diversos núcleos indígenas; le dió cierto carácter cinematográfico a nuestra tediosa historia, insinuó la gran epopeya en estas tierras incas.

Mariátegui fue el Marx latinoamericano, sino veamos su similitud literaria y su particular escritura, decía que el régimen de trabajo está determinado principalmente en la agriculturav por el régimen de la propiedad, que no era posible entonces, sorprenderse de que en la misma medida en que sobrevive en el Perú el latifundio feudal, sobreviva también, bajo diversas formas y con distintos nombres, la servidumbre.

Este peruano comunista de los primeros años del Siglo XX, como Engels o Marx agarraba la realidad y la moldeaba y la volvía a doblar como nadie, como los dialécticos, hacía más entretenida esta literatura, a todos nos apasionó siempre que libros como “El Capital” descubrieran cosas inauditas, como hallar el valor intrínseco de las cosas, la plusvalía o por qué el oro tiene valor, cuál es su secreto, como que si dentro de las cosas hubiesen un universo desconocido, eso era lo apasionante del materialismo dialéctico.

Coma la Evita Perón de Argentina o la Opera-Rock Jesucristo Supestar, podríamos hacer un film recreando las ideas de Mariátegui, juntando a los ya citados, al Che, a los socialistas de los ’60, a Sartre, a Trotsky o a Lenin o Lennon, cualquier otro ícono romántico-revolucionario y soñar con un mundo mejor, con otra realidad, con la posibilidad de cambiar el mundo. Como decía el peruano, por los caminos universales, ecuménicos, que tanto se nos reprochan, dejando atrás los corrosivos decadentismos occidentales y las anárquicas modas finiseculares, nos vamos acercando cada vez más a nosotros mismos.

Daniel Torreblanca
dalto1961@yahoo.es

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