Recuerdan 25 años de matanza de niños que conmocionó Brasil

Río de Janeiro, 23 jul (EFE).- Diversos actos recordaron hoy los 25 años de la llamada "masacre de La Candelaria", ocurrida el 23 de julio de 1993 en la ciudad brasileña de Río de Janeiro, cuando policías armados tirotearon a más de 40 niños que dormían en los alrededores de una céntrica iglesia, de los cuales ocho murieron.
Ha pasado un cuarto de siglo de una matanza que conmocionó a Brasil y al mundo y de los sobrevivientes pocos quedan vivos y los únicos condenados -cuatro policías- hace años están en libertad.
En 1993 la iglesia de La Candelaria acogía a más de 70 personas, entre niños y mendigos que dormían en sus alrededores, la mayoría en la plaza Pío XV, ubicada frente a la que fuera la catedral de Río.
Pero fueron los 43 niños y adolescentes que solían pernoctar en las escalinatas de la iglesia, las víctimas del ataque armado de los policías.
La masacre de La Candelaria fue producto de una venganza por la ruptura de un vidrio de un vehículo de la policía.
El carro fue apedreado por uno de los niños de la calle en represalia por la captura que las autoridades habían hecho, horas antes en una manifestación, de un vendedor de pegamento que solía suministrarles el material con que se dopaban.
En la madrugada de ese viernes 23 de julio un carro llegó a la zona y varios hombres se bajaron y comenzaron a disparar al grupo que dormía frente a la iglesia.
En total, ocho niños murieron: cuatro de manera inmediata en las escalinatas, dos más en el hospital al que fueron remitidos y otros dos tiroteados en otro lugar, a varias cuadras de la iglesia, tras escapar del ataque y ser alcanzados por los atacantes.
"Por lo que había ocurrido (la ruptura del vidrio del vehículo de la policía) yo tenía un mal presentimiento. Hablé con la policía, pero no me pararon bolas", relató a Efe Ivonne Bezerra, una pedagoga que en ese entonces ayudaba a los niños de la calle y que hoy en día lidera el proyecto Uerê, que trabaja para atender niños afectados por la violencia.
"Le di monedas a tres muchachos para que me llamaran de un teléfono público si ocurría algo. Hacia la medianoche recibí la primera llamada y uno de esos niños me dijo: ven rápido porque los policías nos están matando", precisó.
El crimen fue atribuido a policías y tras un proceso que se prolongó por más de cinco años, tres de los seis agentes acusados de la matanza de los ocho "meninos de rua" (niños de la calle) fueron condenados a 30 años de prisión y los otros tres absueltos por falta de pruebas.
Para Marcus Vinicios Borges Emmanuel, quien confesó ser el líder del crimen, el jurado pidió 309 años de prisión y para otro de los involucrados, 206 años, pero el Código Penal brasileño limita en 30 años la pena máxima de prisión en el país.
A pesar de las condenas de 30 años, todos los policías involucrados salieron en libertad mucho antes por buena conducta.
Borges Emmanuel fue el último en salir de la cárcel, en 2012, gracias a un indulto, decisión que fue revocada por la justicia pero que nunca cumplió, desde entonces está prófugo.
Desde la "masacre de La Candelaria" la situación de los 'meninos da rua' no mejoró en estos 25 años, la problemática ha aumentado y actualmente se calcula que unos 2.000 niños viven en las calles de Río, según Bezerra, y buena parte de ellos como efecto de la grave recesión de Brasil en 2015 y 2016, la mayor en décadas.
"Se calcula que hoy hay más de 2.000 niños viviendo en las calles, eso prueba que el país se preocupó por la corrupción pero no por la educación, la prevención y los derechos básicos de niños y de los adolescentes", dijo.
De acuerdo con la pedagoga "en 1993, en la época de La Candelaria, fueron asesinados 4.800 niños y jóvenes entre los 10 y los 18 años en Brasil. El año pasado fueron 11.500. Es un genocidio constante".
A esto, se suma el hecho de que "Brasil no tiene políticas publicas adecuadas" para los niños que viven en las calles y a que los estatutos y proyectos que estaban programados dejaron de implementarse "por falta de presupuesto".
Los más afectados son los menores de raza negra o afrodescendientes que viven en las periferias.
Bezerra, que mantuvo contactos con muchos de los sobrevivientes por años, dijo que la mayoría ya murió.
Uno de esos niños, Sandro Barbosa, secuestró un autobús siete años después de la matanza y murió estrangulado por varios policías, historia que fue inmortalizada en una película (Bus 174) por el director brasileño José Padilha.
Aunque no existe certeza de cuántos han muerto, por lo menos uno de ellos continúa vivo. Se trata de Wagner dos Santos, herido de cuatro balazos, que fue uno de los testigos clave del juicio contra los policías, hecho por el que luego sufrió otro atentado.
Hoy tiene 45 años y vive en Suiza por razones de seguridad.
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EFE

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