A propósito de la visita del Papa Francisco a Chile y Perú.

En el Perú recientes artículos de varios medios informativos, como Caretas y La República, han expresado oposición a la Iglesia y a la próxima visita del Papa Francisco al Perú. La crítica es contra el gobierno y un gasto que sería innecesario, pero veladamente es contra la doctrina de la Iglesia que defiende los derechos humanos, el medio ambiente, la familia natural y la vida en todas sus etapas.

Es innegable así mismo, que contra la Iglesia se esgrime desde la confrontación mediática de individuos y gobiernos hasta ataques físicos y sistemáticamente organizados contra sus catedrales en toda Iberoamérica. Basta poner en Google: “Ataque contra la catedral de…” y obtendrá una lista por países muy grande. La escalada de ataques contra las catedrales se ha agravado, en especial en Argentina, como los que ocurren anualmente en Buenos Aires y Rosario, que son a las que se ataca con más saña y que, de no haber sido defendidas por fieles en primera instancia y luego la policía, estas hubieran sido incendiadas por turbas de centenares de activistas pro aborto y promotores de la ideología de género.

Sucede todos los años y la mayoría de la prensa no informa lo ocurrido o lo que es peor desvirtúa los ataques ya que no es conveniente a su agenda política. Es gracias a YouTube que se puede registrar y observar la magnitud de estos sistemáticos ataques.

La Catedral de Santiago de Chile no tuvo tanta suerte y una turba pro abortistas ingresó a ella gritando slogans para luego profanar su interior con pintas obscenas en el altar, estatuas e imágenes, además de destruir el mobiliario y esparcir basura.

Pero los individuos que perpetraron estos hechos son una minoría de la población que quieren llamar la atención con estos actos, hacer creer que son la mayoría y que la representan. Por más que ataquen intelectual o físicamente a la Iglesia no podrán acallar a la inmensa mayoría de católicos que viven en Latinoamérica.  Ellos saldrán a las calles y plazas por millones cuando el Papa Francisco visite este enero del 2018 a Chile y Perú, saldrán como ya lo hicieron millones también en Brasil, Paraguay, Bolivia, Ecuador, México, Colombia y Cuba cuando Francisco los visitó.

En el Perú la campaña contra la Iglesia está centrada en los gastos que la visita del Papa generará al estado peruano. Sin embargo, no se dice que su viaje y estadía será financiada por fondos generados por Iglesia (jerarquía y fieles). Los 37 millones de soles (10 millones de dólares) que proveerá el estado peruano estarán destinados al Ministerio de Relaciones Exteriores, al Ministerio de Cultura, a los Gobiernos Regionales y Municipalidades de Lima, Puerto Maldonado y Trujillo durante los cuatro días de la visita y serán para el reforzamiento de la seguridad del Papa Francisco, ya que además de líder de la Iglesia es también jefe de estado del Vaticano. Los 37 millones de soles quedarán en el Perú.

Imaginemos que el Perú es visitado por un jefe de estado de Europa, China o Norteamérica por cuatro días y el estado peruano no le brindara seguridad. Pero a diferencia de cualquier jefe de estado se espera que la visita del Papa Francisco genere 500 millones de soles (175 millones de dólares) para beneficio de las economías locales, ya que se movilizarán millones de turistas nacionales y extranjeros para ir a escuchar su mensaje. Esos 500 millones de soles son una suma abismalmente superior comparada a la que se invertirá en seguridad. Claro que esto no lo mencionan quienes escribieron los artículos en Caretas, en La Republica, ni las demás personas y medios informativos que critican la visita del Pontífice al Perú.

El Papa vendrá a Chile y al Perú a defender la justicia social, el medio ambiente, la familia natural y la vida, vendrá a defender estas ideas y la fe de decenas de millones de católicos en ambos países.
Pablo D. Perleche
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