Perú ganó algo mas que un trozo de mar

Para los grupos empresariales, alguna clase política y los lobistas de siempre, el diferendo marítimo entre Perú y Chile debió siempre llevarse con mucho cuidado, con bastante diplomacia y sin mellar nunca las relaciones bilaterales, resaltaron como nunca la buena disposición que existe ahora en los negocios peruano-chilenos, de que somos países hermanos, que vemos en el horizonte una nueva historia y que siempre seremos vecinos. Claro, siempre y cuando los negocios no se vean afectados, que los índices de crecimiento y los niveles de exportación o inversión vayan en aumento.
Así todo bien, aquí no pasó nada, de nuevo y a acomodarse; pero, qué dijeron entonces, los pobladores de la última ciudad al sur de Perú, Tacna, que es fronteriza con Chile ?, qué dijeron las señoras y los viejos residentes del pueblo que aguantó 50 años para que su territorio sea devuelto (1929), o mas bien liberado de la ocupación chilena, obedeciendo a un tratado firmado después de la guerra? Para ellos no fue tan fácil y aunque los tiempos no están para guerras, resentimientos o miopías, todavía viven a flor de piel la presión enemiga, la discreta intolerancia vecina y la desconcertante e irracional política de “buena vecindad”.
Y mientras se afinan las estrategias de cómo será el “post- Haya” y se promueven las cuerdas separadas para no mezclar las pasiones y las cifras en el camino que se viene, todavía hay pescadores peruanos arrestados en la frontera chilena, el cuidado para caminar por esos terrenos, pues una mina podría volarte todo o el permanente discurso, agresivo, brutal e insensato de algunos.
Los chilenos siempre alterarán la cordura, por que son únicos aquí en Sudamérica, desde su modo particular de hablar, sus ademanes poco ortodoxos, la rudeza de su carácter fundido en tierras desiertas y arrinconadas, su permanente ansia por salir de su encierro, se les nota casi como desarraigados de este planeta. Alguna vez hablamos con ellos, de lejos nomás, siempre desconfiando, por la razón o la fuerza, muchos años de oprobio y mezquindad. Pero la historia es auténtica, ellos no fingen, así son, así se hicieron, y esto vale de aquí hasta Atacama, o de Arequipa a Antofagasta; nuestros abuelos ya nos lo contaron, de lo implacable de la guerra y del enemigo, del pase de remate al herido, de la furia de la batalla y de territorios parcelados.
Ahora que sabemos el resultado de la “Corte de la Haya”, ya podemos respirar un poco más tranquilos, no fue todo lo que quisimos pero alcanza para, como dijo el presidente Humala, “conquistar la Paz”. Kilómetros más o menos de mar, pero la dignidad sobre todo, no solo era importante reclamar ese territorio marítimo, sino realmente merecerlo, debemos estar a la altura de las circunstancias, ese mar es Grau y de todos los peruanos, a conquistarlo, a no depredarlo, a defenderlo de las transnacionales.
Mas allá de cualquier resultado o de cualquier victoria, se pudo ver que ante un organismo internacional imparcial, el Perú tuvo en gran parte razón, pues se desbarataron argumentos como, que estaban fijados los límites y que no había nada que modificar, y eso fue lo primero que el Presidente de esta Corte Internacional dijo, “los tratados o convenios de 1947 y 1952 no significan en absoluto delimitación de las fronteras marítimas”. Entonces, decíamos, que más allá de argumentar o querer demostrar para quién era esa porción de mar, era decir la verdad, y no querer engañar o confundir a los pueblos, a cualquiera de ellos.
Se ha escrito una nueva página en la historia del sur de América, no se ha derramado sangre, aunque sabemos que las venas están hirviendo, son otros tiempos, tiempo para la cordura, grandeza y templanza en la victoria o en la lucha, los años, los siglos y las arenas, las rocas y los mares del sur pacífico nos enseñan, que solo eso somos, polvo en el viento o unas gotas en el océano.
Daniel Torreblanca
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