Perú: Expresidente Humala y su esposa, con prisión preventiva

Lamentablemente, por cierto, en algunos casos la realidad de la vida diaria supera la ficción. Lo que en estos momentos está viviendo en Perú no podría haberse imaginado ni en el más descabellado de los sueños. Dos presidentes presos, otro con orden de captura internacional y un cuarto, cuya gestión es ampliamente cuestionada al punto que varios funcionarios de su gobierno están en la cárcel. Es una muestra clara de que algo no anda bien en la otrora tierra de los incas.

Curiosamente, dos de los cuestionados ex presidentes, enarbolaban la bandera de la anticorrupción como estandarte de batalla, además de contar con el apoyo del inefable escritor Vargas Llosa. Por supuesto, a estas alturas el “representante de la cultura moral peruana” no dice ni pío sobre sus ahijados. Bien reza el dicho, “Dios los cría y ellos se juntan”.

Hace poco más de 17 años, Ollanta Humala hizo su aparición en la vida pública peruana como un joven militar rebelde que se alzó en armas durante los últimos días del gobierno de Alberto Fujimori. Luego de haber perdido las elecciones del 2006, se dedicó de lleno, en compañía de su joven esposa, a promover su candidatura para las elecciones del 2011. Las cuales las ganó con el apoyo de los anti fujimoristas y los votos de la izquierda. Además, la juventud de su esposa, ataviada con jeans y camiseta roja enviaba un mensaje de frescura y renovación a los electores peruanos, que se tragaron el cuento con una facilidad rayana en la inocencia y lo eligieron presidente.

Una vez acomodado en el poder, Humala comenzó a desdecirse de sus promesas electorales iniciales, desmarcándose rápidamente de la gente que lo había apoyado y tomando una dirección contrariamente opuesta a la que había ofrecido con su lema “la gran transformación”. Por otro lado, su esposa empezó a dar muestras de protagonismo político raras veces visto en la esposa de un presidente y, como se dice popularmente, comenzó a “romper el ropero”, es decir, a vestir modelos exclusivos, de precios exorbitantes que, de aquella imagen de la joven activista que inicialmente parecía ser, solo quedó el recuerdo. Pronto, ya no se hablaba del presidente, sino de la pareja presidencial. La señora Heredia se daba el gusto de decir muy suelta de huesos, “mis ministros” y algunos de ellos muy alegremente, comentaban entusiasmados “Nadine me dio luz verde”, antes de iniciar algún proyecto. Se empezaba a notar claramente quien era la que en realidad llevaba las riendas del gobierno. El trabajo del presidente electo se reducía a llevar “saludos de su esposa” a todos los pueblos que visitaba. Un triste espectáculo raras veces visto en la política latinoamericana.

La esposa del presidente peruano, 14 años menor que él, y con una ambición a prueba de balas, se convirtió en el poder detrás del trono. Lo apoyó y dio fuerzas cuando lo veía débil y vacilante. Así fue desde el comienzo de la carrera política de Humala; ella misma se encargó de hacerlo público en una entrevista. A todo esto, es bueno mencionar que el presidente era producto de un hogar en el que la política era tema de todos los días, pero que no fue tomada en cuenta para nada, ni antes ni después de su triunfo electoral. Fue la familia de su esposa, el hermano de ella y su madre los que han estado a su entorno y los que también están metidos en el embrollo de corrupción que lo ha llevado a la cárcel junto a su consorte y que, en cualquier momento pueden hacerle compañía en la cárcel.

La historia de corrupción de la “pareja presidencial” se inicia en la campaña presidencial del 2006. Para ello, contaron con el apoyo monetario de la Venezuela de Chávez. Dinero que disfrazaron de diferentes formas para utilizarlo, haciendo aparecer a la Sra. Heredia como “consultora” de proyectos y compañías inexistentes. Ahora se sabe que no todo se utilizó en la campaña. Sin embargo, son las elecciones del 2011 las que se han encargado de mostrar la verdadera faz de este par de aventureros de la política peruana. Gigantes empresas constructoras brasileñas fueron las encargadas de proveer millones de dólares, como apoyo para la campaña electoral y “por deferencia a los amigos del Partido de los Trabajadores del ex presidente brasileño Lula”. Esto ha sido corroborado por altos funcionarios de las empresas brasileñas envueltas en este caso de corrupción.

Por otro lado, y esto es incomprensible para muchos analistas políticos, “la pareja presidencial” se enfrascó, desde su llegada al poder, en atacar furibunda y hasta personalmente, tanto a fujimoristas y a los apristas, en la persona de su máximo líder, Alan García. Igualmente, como se mencionó al inicio de esta nota, se sacudió rápidamente de sus aliados izquierdistas, a los que atacó y maltrató de la peor forma en la persona de uno de sus líderes históricos, Javier Diez Canseco. Haciéndose de esa forma, de enemigos que, tarde o temprano, se iban a dedicar a hurgar en su pasado. Nuevas revelaciones de abuso contra los derechos humanos, cometidos por Humala durante su vida militar, empiezan a salir con nuevas evidencias de amenazas y compras de testigos.

Una de las características de la Sra. Humala es su peculiar forma de llevar sus cuentas personales, este hábito se ha convertido en un serio dolor de cabeza para ella, su esposo, madre, hermano y algunas otras personas cercanas a ella. Obra en poder de la justicia peruana cuatro libretas en las cuales están detalladas al centavo, las millonarias sumas de dinero que se manejaban y que provenían de fuentes no muy limpias. Dinero que, a la luz de la acusación fiscal y a las pruebas que van apareciendo, en su mayor parte a tenido destino muy diferente a las que, supuestamente fueron destinadas.

Faltan algunos capítulos más para que termine esta telenovela protagonizada por un presidente sin carácter y por la ambición desmedida de una mujer sin escrúpulos. Letal fórmula que ha terminado con los dos en la cárcel. Triste final para quien, en algún momento, hizo creer a buena parte de los peruanos en “la gran transformación”
Armando Zarazú
azarazu@aol.com
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